1680.
Boussuet: Cinquieme Avertissements aux protestants, cap. L.
Empecemos por la relación de amo y sirviente. Si el ministro lo hubiera pensado un poco, habría considerado que el origen de la servidumbre proviene de las leyes de la guerra justa, donde el vencedor, teniendo todo el derecho sobre el vencido, incluso al punto de poder quitarle la vida, la preserva: lo que, como sabemos, dio origen a la palabra * servi* , que, habiéndose vuelto odiosa posteriormente, fue en su origen un término de beneficencia y clemencia, descendiente de la palabra *servare *, preservar. Esperar que un esclavo en este estado haga un pacto con su conquistador, quien es su amo, es ir directamente contra la noción de servidumbre. Pues uno, quien es el amo, dicta la ley a su antojo; y el otro, quien es el esclavo, la recibe tal como se le da: lo cual es lo más opuesto a la naturaleza de un pacto, donde ambas partes son libres y dictan la ley mutuamente.
Todas las demás servidumbres, ya sea por venta, nacimiento o de otro tipo, se constituyen y definen sobre esta. En general, y para comprender la servidumbre en su origen, el esclavo no puede hacer nada contra nadie excepto lo que le plazca a su amo: las leyes establecen que no tiene estatus, ni cabeza, * caput non habet* , es decir, no es una persona en el Estado; no se le puede atribuir propiedad ni derecho. No tiene voz en los tribunales, ni acción, ni poder, excepto en la medida en que su amo lo permita; con mayor razón, no tiene ninguno contra su amo. Condenar este estado sería adoptar los sentimientos que el propio Sr. Jurieu llama extremos, es decir, los sentimientos de quienes consideran injusta toda guerra; esto no solo condenaría el derecho de gentes, donde se admite la servidumbre, como se desprende de todas las leyes, sino que también condenaría al Espíritu Santo, que ordena a los esclavos por boca de San Pablo (1) permanecer en su estado y no obliga a sus amos a liberarlos.
(1) Cor. , VII, 24; Efes ., VI, 7, etc.
Pág. 421ss (o 466 del pdf):
https://books.googleusercontent.com/books/content?req=AKW5QadwEjyRozNFCFFHb3riNXmh3VkujuKr18mWiFdOxVX56-J6f3qDklZYUBiXi6_0Ogp2_HtjwdZPeXwg6COD1-EDeKPW4z40LawW4ciIy4qZ2mzsNtlAw1N5vlG1G38Eo9NMVL-Ry4IhG93qR09T65CaUujN6I4qjQEXBZBh8Wu3YlF4V1CojwNLmCJy4zyIb9hBGHzgUkL47im_FK100MzDXMU1GuNs1_F3S_U6PnLjwRy9FizFNRkTYN3vMqsDw9FmuRjZmR4H8GfvT6TwRHVuGlhOuqIlydD0rU6E-Gy_dOoB2Xg
c. 1700-1716
Jacques Savary des Brûlons.
Dictionnaire Universel De Commerce, vol II.
NEGROS. Pueblos de África, cuyo territorio se extiende a ambas orillas del río Níger. Esta extensa región que habitan, con más de ochocientas leguas de costa y más de quinientas leguas tierra adentro, se llama Nigritia. No se sabe con certeza si este pueblo dio su nombre al país, así como al gran río que lo atraviesa.
Durante siglos, los europeos han comerciado con estos desafortunados esclavos, a quienes traen de Guinea y otras costas de África, para apoyar las colonias que han establecido en varios lugares de América y las Antillas.
Es difícil justificar plenamente la trata de negros; sin embargo, es cierto que estos miserables esclavos suelen encontrar su salvación en la pérdida de su libertad, y la razón de la instrucción cristiana que reciben, sumada a la necesidad indispensable que tienen del cultivo de azúcar, tabaco, índigo, etc., suaviza lo que parece inhumano en un comercio donde los hombres se convierten en comerciantes de otros hombres y los compran como si compraran ganado para cultivar sus tierras.
La trata de esclavos la llevan a cabo todas las naciones asentadas en las Indias Occidentales, en particular los franceses, ingleses, portugueses, holandeses, suecos y daneses.
En cuanto a los españoles, aunque son los mejor establecidos en esta vasta región del mundo que fueron los primeros en descubrir y de la que también fueron los primeros conquistadores, apenas poseen población negra directamente. Son otras naciones las que firman tratados con ellos para abastecerlos, como lo hicieron durante mucho tiempo la Compañía de los Grilles, establecida en Génova, la Compañía de Affiento en Francia y, posteriormente, la Compañía del Sur en Inglaterra, desde la Paz de Utrech en 1713, que puso fin a la guerra de sucesión española.
Parece casi seguro que los franceses fueron los primeros en comerciar con Cabo Verde y la costa de Guinea, donde actualmente se lleva a cabo el mayor comercio de esclavos negros.
Los nombres de Bayeux de Francia, París y Dieppe, que aún se conservan en varios lugares de esta parte de África, hacen esta opinión más que plausible. Incluso hay autores que, hablando de forma más afirmativa, afirman que los habitantes de Dieppe, habiendo emprendido el viaje ya en 1364, se habían establecido allí y tenían viviendas más de cincuenta años antes de que los portugueses se enteraran de su existencia.
Pero incluso si esta opinión fuera completamente cierta, al menos debe admitirse que entonces no se trataba de comercio con personas negras, y que al principio, e incluso hasta 1604, cuando los ingleses y los holandeses importaban a los pocos franceses que habían venido a reconstruir las ruinas de las viviendas de sus antepasados, comerciaban únicamente con polvo de oro, bórax, pieles, gomas, plumas de avestruz, ámbar gris, algalia, malagueta y otros productos similares.
Solo bastante tiempo después del establecimiento de las colonias francesas en las Antillas, se avistaron barcos franceses en las costas de Guinea para comerciar con africanos esclavizados. Este comercio comenzó a generalizarse con la fundación de la Compañía de las Indias Occidentales en 1664, y al incluirse en su concesión las costas de África desde Cabo Verde hasta el Cabo de Buena Esperanza.
La Compañía del Senegal la sucedió en este comercio. Unos años después de la concesión de esta última, considerada demasiado extensa, se dividió, y lo que se le arrebató se entregó a la Compañía de Guinea, que posteriormente adoptó el nombre de Compañía de la Asistencia.
De estas dos compañías francesas, la del Senegal aún existe; pero la de la Asistencia dejó de existir tras el Tratado de Utrech, y la libertad de comercio en todos los lugares que le fueron cedidos, ya fuera para personas negras o para otros bienes, se restableció en el primer año del reinado de Luis XV. Véase COMPAÑÍAS. a
Los mejores negros provienen de Cabo Verde, Angola, Senegal, el Reino de los Joloffs, el de Galland, Damel, el río Gambia, Majudar, Bar, etc. Un negro de la India (como se les llama), de 17 a 18 años y hasta 30, antiguamente costaba solo treinta o treinta y dos libras en bienes propios del país, como aguardiente, hierro, tela, papel, masas o barriles de todos los colores, calderos y palanganas de cobre, y otros artículos similares que estos pueblos aprecian mucho. Pero como los europeos, por decirlo suavemente, han pujado más que los demás, estos bárbaros supieron explotar su envidia, y es raro encontrar negros de calidad que todavía se vendan por sesenta libras; la Compañía de la Asistencia los ha comprado hasta por cien libras cada uno.
Estos esclavos son esclavizados de diversas maneras; algunos, para evitar morir de hambre, se venden a sí mismos, a sus hijos y a sus esposas a reyes o a los más poderosos que tienen los medios para alimentarlos; pues, aunque viven en estrechos espacios, la esterilidad es a veces tan extrema en ciertas partes de África, especialmente cuando ha pasado una plaga de langostas —una plaga bastante común—, que no se puede recolectar la cosecha de mijo, arroz u otras verduras, de las que suelen subsistir.
Los demás son prisioneros de guerra y durante las incursiones que estos reyezuelos realizan en las tierras de sus vecinos, a menudo con el único propósito de crear esclavos, que se llevan a jóvenes y viejos, mujeres, niñas e incluso bebés de pecho.
Hay negros que se sorprenden unos a otros mientras los barcos europeos están fondeados, trayendo consigo a los que han capturado para venderlos y embarcarlos contra su voluntad. No es nuevo ver a hijos que venden a sus desafortunados padres desde esta fortaleza, padres que venden a sus propios hijos, y aún más a menudo a aquellos sin parentesco consanguíneo, que se ofrecen mutuamente su libertad a cambio de unas cuantas botellas de brandy o una barra de hierro.
Quienes se dedican a este negocio, además de provisiones para la tripulación, llevan avena, guisantes grises y blancos, frijoles, vinagre y brandy para alimentar a la población negra que esperan obtener de su comercio.
Una vez finalizado el negocio, no hay tiempo que perder para zarpar; la experiencia ha demostrado que mientras estos desdichados aún tienen a la vista su tierra natal, la tristeza o la desesperación se apoderan de ellos; una de las cuales les causa enfermedades que causan la muerte de muchos durante la travesía; la otra los lleva a suicidarse, ya sea rechazando la comida, o ahogando la respiración de tal manera que les permite doblar y sortear la lengua que repentinamente los ahoga, o finalmente golpeándose la cabeza contra el barco, o arrojándose al mar si encuentran la oportunidad. Este amor excesivo por su patria parece disminuir a medida que se alejan de ella; incluso la alegría se apodera de ellos, y es un secreto casi infalible inspirar y conservar esta alegría hasta que llegan a su destino para tocarles instrumentos musicales, ya sea una zanfona o un salmonete.
Al llegar a las islas, cada cabeza de negro se vende por entre trescientas y quinientas libras, dependiendo de su juventud, vigor y salud; no suele ser en efectivo, sino en moneda local. Véase ASISTENTE. Estos negros constituyen la principal riqueza de los habitantes de las islas; quien posea una docena de ellos puede considerarse rico. Como se multiplican enormemente en países cálidos, sus amos, siempre que los traten con amabilidad, ven crecer insidiosamente a esta familia de negros y, al mismo tiempo, aumentan el número de sus esclavos, ya que la esclavitud es hereditaria entre estas personas.
Es cierto que a veces es peligroso ser demasiado indulgente con ellos, ya que son por naturaleza duros, intratables e incapaces de ser conquistados por la amabilidad; Pero hay que evitar ambos extremos. El castigo moderado los hace flexibles y los motiva a trabajar, y, por el contrario, la severidad excesiva los repele, y en su desesperación se lanzan entre los negros cimarrones o salvajes, que se mantienen en lugares inaccesibles de las islas, donde llevan una vida miserable, pero más a su gusto, porque es libre.
NEGRES. Peuples d'Afrique , dontle Pays a ſon étenduë des deux côtez du fleuve Niger. L'on ap- pelleNigritie cette grandeRegion qu'ils habitent , qui aplus de huit cens lieuës de côtes , &qui s'é- tend plus de cinq cens lieuës dans les terres. Il eſt incertain fi ces peuples ont communiqué leur nom au Pays , auſſi-bien qu'augrand fleuve qui l'ar- rofe.
Les Européens font depuis quelques fiécles commercedeces malheureux Eſclaves , qu'ils ti- rent de Guinée &des autres Côtes de l'Afrique , pour ſoûtenir les Colonies qu'ils ont établies dans pluſieurs endroits de l'Amerique &dans les Ifles Antilles.
Il eſt difficile de juſtifier tout-à-fait lecommerce des Negres ; cependant il eſt vrayque comme ces miferables Eſclaves trouvent ordinairement leur ſalut dans la perte de leur liberté , & la raiſon de l'inſtructionChrétienne qu'onleurdonne jointe au beſoin indiſpenſable qu'on ad'eux pour les cultures des ſucres ,des tabacs ,des indigos , &c. adou- ciſſent cequi paroît d'inhumaindans unnégoce où deshommesfontles Marchandsd'autres hommes , &les achetentde même que desbeftiaux pour cultiver leurs terres.
Le commerce des Negres eft fait par toutes les Nations qui ont des établiſſemens dans les Indes Occidentales , & particulièrement par les François , les Anglois , les Portugais , les Hollandois, les Suedois &les Danois .
A l'égard des Eſpagnols , quoiqu'ils ſoient les mieux établis dans cette vaſte partie du monde qu'ils ont découverte les premiers , &dont ils ont été auſſi les premiers Conquerans , ils n'ont gué- res les Negres de la premiere main , &ce ſontles autres Nations qui font des traittez avec eux pour leur enfournir, commeont fait long-tems la Com. pagnie des Grilles établie à Genes , celle de l'Af- fiente en France , & àpreſent la Compagnie du Sud en Angleterre , depuis la Paix d'Utreck en 1713 , qui a terminé la guerre pour la ſucceſſion d'Eſpagne.
Il paroît preſque indubitable que ce ſont les François qui ont fait les premiers le commercedu Cap verd & des Côtes de Guinée , où ſe faitpre- ſentement le plus grand négoce d'Eſclaves Negres.
Les noms de Bayes de France , de Paris & de perit Diepe que pluſieurs lieux de cette partie de l'Affrique confervent encore , rendent cette opi nion plus que vrai- ſemblable ; & il y a même des Auteurs qui parlantplus affirmativement avan- cent que les Diepois en ayant entrepris le voyage dès l'an 1364 , s'y étoient établis &y avoient des habitations plus decinquante ans avant que les Portugais eneuffent euconnoiffance.
Mais quandcetteopinion feroit toutà- fait cer- taine , il faut du moins convenir qu'il ne s'agiſſoit pointalors du commerce des Negres , &que dans les commencemens , & même juſques en 1604 que les Anglois & les Hollandois en chafférent le peude François qui étoient venus y relever les ruines des habitations de leurs ancêtres , ils n'y trafiquoient que de poudre d'or , de morfil , de cuirs , de gommes , deplumes d'autruches d'am- bre gris , de civette , de malaguette & d'autres telles marchandiſes.
Ce n'eſt même qu'aſſez long-tems après l'éta- bliſſement des Colonies Françoiſes dans les Ifles Antilles qu'ona vû des vaiſſeaux François ſur les Côtes de Guinée pour y faire le trafic des Noirs qui commença à devenir un peu commun lorſque la Compagnie des Indes Occidentales eut été éta- blie en 1664 , & que les Côtes d'Affrique depuis leCap-Verd juſques au Cap de Bonne Efperance eurent étécompriſes dans ſa conceſſion.
La Compagnie du Senegal lui fucceda pour ce commerce; quelques années après la conceſſion de cette derniere, comme trop étenduë,fut parta- gée, & ce qu'on lui en ôta fut donné à la Com- pagniede Guinée qui prit enſuite lenom de Com- pagnie de l'Aſſiente.
De ces deux CompagniesFrançoiſes celle duSe- negal ſubſiſte toûjours ; mais celle de l'Aſſiente a fini aprés leTraitté d'Utreck , & la liberté ducom- merce dans tous les lieux qui lui avoient été cédez ſoit pour les Negres , ſoit pour les autres mar- chandiſes , été rétablie dans la premiere année du regnede Louis XV. Voyez COMPAGNIES. a
Les meilleurs Negres ſe tirent du Cap -Verd , d'Angole , du Senegal , du Royaume des Jolof- fes , de celui de Galland, de Damel , de la ri- viere de Gambie , de Majugard , de Bar , &c . UnNegre piece d'Inde (comme on les nomme) depuis 17 à 18 ans juſqu'à 30 ans , ne revenoit autrefois qu'à trente ou32 livres en marchandiſes propres au Pays , qui ſont des eaux de vie , du fer, de la toile , du papier , des maſſes ou raſſades detoutes couleurs , des chaudieres & baſſins de cuivre , & autres ſemblables que ces Peuples eſti- ment beaucoup. Mais depuis que les Européens ont pour ainfi-dire encheri les uns ſur les autres; ces Barbares ont ſçû profiter de leur jaloufie , & il eſt rare qu'on traite encore de beaux Negres pour 60 livres , la Compagnie de l'Aſſiente en ayant acheté juſqu'à 100 livres la piece.
Ces eſclaves ſe font de pluſieurs manieres ; les uns pour éviter la faim ſe vendent eux-mêmes , leurs enfans & leurs femmes aux Rois ou aux plus puiſſans d'entr'eux qui ont de quoi les nourrir ; carquoiqu'ils ſepaſſent depeu , la ſtérilité eſt quel quefois fi extraordinaire dans certains endroits de l'Affrique , ſurtout quand il y a paſſé quelque nua- gede ſauterelles , quieſt une playe aſſez ordinaire, qu'on n'y peut faire aucune recolte ni de mil ni de ris , ou d'autres légumes dont ils ont coûtume de ſubſiſter .
Les autres ſont des Priſonniers faits enguerre & dans les incurſions que ces petits Roitelets font ſur les terres de leurs voiſins , ſouvent ſans d'autres raiſons que de faire des eſclaves , leſquels em- menent jeunes , vieux , femmes , filles , juſqu'aux enfans à la mamelle.
Il y a des Negres qui ſe ſurprennent les uns les autres , pendant que les vaiſſeaux d'Europe ſont àl'ancre , y amenant ceux qu'ils ont prispour les yvendre &les y embarquer malgré eux , &il n'eſt point nouveau de voir des fils vendre de cette forte leurs malheureux peres,des peres leurs propres en- fans , &encore plus ſouvent ceux qui ne ſont liez d'aucune parenté , mettre la liberté des uns des autres à prix de quelques bouteilles d'eau de vie ou dequelque barre de fer .
Ceux qui font ce négoce , outre les victuailles pour l'équipage duvaiſſeau ,portentdugruau ,des pois gris &blancs , des féves , du vinaigre &de l'eaude viepour la nourriture des Negres qu'ils ef- pérent avoir de leur traite.
Auſſi -tôt que la traite eſt finie , il nefaut point perdre de tems pour mettre à la voile, l'expérien ceayant fait connoître que tant que ces mifera- bles ſont encore à la vûë de leur patrie , la triſteſſe ou le déſeſpoir les prend , dont l'une leur cauſe des maladies qui enfont mourir une bonnepartie pen- dant la traverſée ; &l'autre les porte às'oter eux- mêmes la vie, ſoit en ſe refuſantlanourriture , foit ens'ôtant la reſpiration par une maniere dont ils ſçavent ſe plier &contourner la langue qui à coup fûr les étouffe , ſoit enfin enſe briſant la têtecon- tre le vaiſſeau , ou en ſe précipitant dans la mer s'ils en trouvent l'occaſion.
Cet excès d'amour pour la patrie ſemble dimi- nuer à meſure qu'ils s'en éloignent , la gayeté même leur prend , &c'eſt un ſecret preſque im- manquable pour la leur inſpirer &pour les con- ſerver juſques au lieu de leur deſtination , que de leur faire entendre des inſtrumens de muſique , ne fuſſent que quelque vielle ou quelque mufette.
A l'arrivée aux Iles chaque tête de Negre ſe vend depuis trois juſqu'à cinq cens livres ſuivant leur jeuneſſe , leur vigueur&leur ſanté , ce n'eſt pas pour l'ordinaire en argent , mais en marchan. diſes du crû du Pays . Voyez ASSIENTE . Ces Negres font la principale richeſſedesHa- bitans des Ifles ; qui en a une douzaine,peut être eſtimériche. Commeils multiplientbeaucoupdans les Pays chauds , leurs Maîtres pour peu qu'ils les traitent avec douceur , voyent croître inſenſiblement cette famillede noirs &augmenter en même tems le nombrede leurs eſclaves, l'eſclavage étant héréditaire parmi ces miferables.
Il eſt vrai qu'il eſt quelquefois dangereux d'a voir trop d'indulgence pour eux , étant d'un natu rel dur , intraitable & incapable de ſe gagner par la douceur ; mais il faut éviter les deux extrémi tez ; un châtiment moderé les rend ſouples &les anime au travail , & au contraire trop de dureté les rebute , &dans leur déſeſpoir ils ſejettentpar- mi les Negres Marons ou Sauvages , qui ſe tien- nent dans des lieux inacceſſibles des Ifles où ils ménent une vie très - miſérable , mais plus à leur gré , parce qu'elle eſt libre.
Pág 858ss (440 del pdf).
https://www.google.com.ar/books/edition/Dictionnaire_Universel_De_Commerce/4eFfAAAAcAAJ?hl=es&gbpv=0
vol III.
NEGROS. Véase este artículo en el Diccionario Universal y añádale el siguiente Edicto llamado Cadenair, dado en Versailes en marzo de 1724. Este Edicto es un Reglamento para la administración de Justicia, Policía, Disciplina y el Comercio de Esclavos Negros en la Provincia de Luisiana.
LUIS, por la gracia de Dios, Rey de Francia y Navarra: Saludos a todos los presentes y futuros. Habiendo informado los Directores de la Compañía de las Indias Orientales que la Provincia y Colonia de Luis María está considerablemente establecida por un gran número de nuestros Súbditos, quienes dependen de esclavos negros para el cultivo de la tierra, hemos considerado que está dentro de nuestra autoridad y justicia, para la preservación de esta Colonia, establecer allí una ley y ciertas reglas, mantener allí la disciplina de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y regular lo concerniente al estatus y la calidad de los esclavos en dichas Islas.
https://www.google.com.ar/books/edition/Dictionnaire_Universel_De_Commerce/--FfAAAAcAAJ?hl=es&gbpv=0
1754.
Jean-François Melon . Essai politique sur le commerce
https://www.google.com.ar/books/edition/Essai_politique_sur_le_commerce/kXT0TAg-sskC?hl=es-419&gbpv=0
1783.
Nicolas Sylvestre Bergier. Diccionario de Teología, vol. II: D-Isi.
Pag. 172ss.
Esclavitud. Esclavo: El averiguar si toda esclavitud es contraria al derecho natural es una cuestión que pertenece directamente á los filósofos moralistas. Pero como los patriarcas tuvieron esclavos y no son vituperados por ello, y como Moisés se limitará dulcificar su triste condición sin extinguir absolutamente la servidumbre, y esta subsistió y aun subsiste en el cristianismo, los políticos incrédulos de nuestro siglo declamaron á porfía contra la religión que permitió ó toleró en todos tiempos esta infracción del derecho natural. Nos vemos, pues, precisados á examinar si sus quejas son fundadas, y si discurren sobre principios sólidos.
1. La primera necesidad del hombre es la vida y la subsistencia. Cuando para procurarla se vé alguno reducido á renunciar su libertad, nos inclinamos à que no comete un crímen. Si un amo no puede, sin perjudicar gravemente á sus intereses, asegurarle la vida, la subsistencia, la proteccion, sino bajo el concepto de servirle para siempre, no vemos qué injusticia puede haber en ecsijirlo, ni en qué ofende al derecho natural este recíproco convenio.
En el estado de las familias errantes y nomadas, cuando aun no se habia establecido la sociedad civil, un sirviente no podia mudar de amo sin espatriarse; un amo no podia despedir sus esclavos sin arruinar su familia. Por lo mismo la esclavitud era una conse-cuencia inevitable de la sociedad doméstica, aunque dulcificada con sus ventajas. Un esclavo podia here-dar á su señor si no tenía hijos. Gen., c. 15, 1. 2. La libertad civil no se hizo un bien hasta que fue protejida por las leyes y se multiplicaron los medios de subsistencía: antes de esta época, la libertad ab-soluta era un mal para todo hombre que carecia de familia, de rebaños, esclavos y pastos. Seria un de-satino empeñarse en sostener que la esclavitud doméstica era por entonces contraria al derecho natu-ral. No vituperaremos, pues, á Abraham ni á los otros patriarcas por haber tenido esclavos; y no po-demos dudar que los hayan tratado con toda la humanidad posible. Job protesta que nunca dejó de ha-cer justicia á sus esclavos y esclavas, cuando se la pidieron, porque siempre temió el juicio de Dios. Job., c. 31, y. 13.
11. Moises dió leyes á los hebreos para reunirlos en sociedad civil y nacional. Sabemos cuál era entonces el derecho de gentes en el estado de guerra, por el cual todo era pasado á sangre y fuego. Si á un prisionero en lugar de quitarle la vida se le privaba de su libertad, ¿era un rasgo inhumano? Si en el dia estuvieramos en guerra con una nacion salvaje que degollara todos los prisioneros, ¿nos creeriamos obligados por derecho natural á restituir á su libertad y patria á los que por nosotros fueran cogidos? Si en lugar de degollarlos por represalia se les redujese á la eslavitud, ¿podrian quejarse? Nosotros nos creeriamos sin duda obligados por las leyes de la humanidad á no hacer su condición insoportable, dulcificando cuanto fuese posible su natural ferocidad. Esto es lo que hizo Moises.
Colocado á la cabeza de una nación que debía con-quistar tierras con espada en mano, rodeada de pueblos que tenían esclavos, en un estado social en que la libertad era nula para los que no tenían propiedades, no podía suprimir absolutamente la esclavitud: hizo entpero leves muy sabias para suavizarla. Exod., c. 21, y. 1, y sig.; Levit., c. 25, . 40, etc. Nosotros sostenemos que la esclavitud era menos dura entre los judíos que en ninguna otra nación conocida: seria fácil hacer la comparación. Y en semejante caso, ¿qué podrían hacer mejor nuestros filósofos defensores de los derechos de la humanidad?
Si se quiere disertar contra la esclavitud, es preci- so no argüir sobre la idea de la libertad segun la conocemos en el dia: de este modo no ecsistió en ninguna parte del mundo antes del nacimiento del cristianismo, y es un absurdo reprobar que Moisés no la hubiese establecido entre los judíos en unos tiempos en que se oponía a ella el estado físico y moral del género humano. ¿Se hallará entre los judíos un solo ejemplo de la barbarie con que los griegos y romanos, estas dos naciones tan ilustradas y tan cultas, trataban á sus esclavos?
En Atenas, aun después de manumitidos, se llamaban ciudadanos bastardos. Los romanos tendrían á la mayor deshonra el comer con un esclavo: para admitirle á su mesa era preciso antes manumitirle.
III. Cuando Jesucristo apareció sobre la tierra, no eran mejor conocidos los derechos de la humanidad que en el siglo de Moisés. Los filósofos, en lugar de ilustrarlos, los habían hecho mas oscuros. Los griegos habían decidido que los hombres unos nacen para la libertad y otros para la esclavitud; que todo era lícito contra los bárbaros; es decir, contra todo hombre que no fuese griego: en sola la ciudad de Atenas había cuatrocientos mil esclavos para veinte mi ciudadanos. En Roma la condición de los esclavos era casi igual á la de las bestias de carga: cualquiera se estremece al leer el modo con que eran tratados estos infelices. Véanse las memorias de la Academia de las Inscripciones, t. 63, en 12.º, p. 102. Tal era el derecho común de todas las naciones en los siglos de la filosofía. Si Jesucristo con sus leyes hubiese atacado de frente este pretendido derecho, habría autorizado la resistencia de los emperadores y demás soberanos al Evangelio: en el día nuestros filósofos le acusarían de haber atentado contra el derecho público de todas las naciones.
El Divino legislador tomó el partido mas ventajoso: con sus máximas de caridad, de dulzura, de fraternidad entre los hombres, preparó los ánimos para convencerse de que la esclavitud, según se usaba entonces, ofendía los derechos de la naturaleza. En la epist. de S. Pablo á Tilem., se vé lo que dicta la moral evangélica sobre este punto esencial y lo elocuente del lenguaje de la humanidad en boca de la caridad cristiana: un esclavo que recibía el bautismo, adquiría el derecho de fraternizar con su señor.
Cada uno, dice S. Pablo, permanezca en el estado en que fue convertido á la fe. ¿Eras esclavo? No te aflijas; pero si puedes hacerte libre, aprovéchate de la ocasión. I corint., c. 7, . 20. Después del bautismo, ya no hay ni judío, ni gentil, ni señor, ni esclaro: todos vosotros sois un solo cuerpo en Jesucristo. Ad galatas, c. 3, . 27. Esclavos obedeced á vuestros señores temporales con temor y simplicidad de corazón, como quien sirve á Dios y no á los hombres... y vosotros, señores, tratad del mismo modo á vuestros esclavos, acordandoos de que tenéis en el cielo un Señor que es amo vuestro y suyo y en quien no hay acepción de personas. Ad ephesios, c. 6, y 5.
Esto no impidió á un filósofo de nuestros días escribir que no hay en el Evangelio una sola palabra que recuerde al género humano la libertad primitiva para la cual ha nacido; que nada se dice en el nuevo Testamento del estado de oprobio y de pena á que estaba condenada la mitad del género humano; que en los escritos de los apóstoles y PP. de la Iglesia no se encuentra una palabra que cambie unas bestias de carga en ciudadanos, como principió á veríficarse entre nosotros en el siglo XIII.
Este filósofo probablemente no habia leído jamas el nuevo Testamento, pues que ignoraba las palabras de S. Pablo, que acabamos de citar, y el nombre de hermano que Jesucristo da á todos los hombres. Es verdad que este divino Maestro no disertó como los filósofos sobre el derecho natural, sino que hace que le experimentemos, haciéndonos á todos hijos de Dios por el bautismo. Ningún efecto produjeron las excelentes máximas de Séneca y de los demás estoicos sobre la humanidad debida á los esclavos: Jesucristo cambio las ideas y costumbres de los señores del mundo, enseñando á los hombres que Dios es Padre de todos. En efecto, hecho cristiano Constantino conoció la necesidad de las manumisiones para repoblar un imperio devastado por guerras continuas, v se convenció al mismo tiempo de que el don de la libertad seria mucho mas precioso consagrado por motivos de religión: autorizó las manumisiones hechas en la iglesia á presencia del obispo; pero este uso ya estaba en práctica entre los cristianos, puesto que se hace mención de él en la carta de S. Ignacio á San Policarpo, núm. 4. (Véase la nota de Coletier sobre este lugar.)
Bien pronto llegó el bautismo á dar á los esclavos, la libertad civil con la libertad espiritual de hijos de Dios. Desde este momento se ocupó la legislación en moderar el poder de los señores sobre los esclavos, y las Iglesias se convirtieron en un asilo para aquellos infelices, que eran injustamente maltratados por sus señores. Hist. de l'Acad. des Inscrip. 1. 19 en 12.°, pág. 212 y 217: Mem., t. 63, pág. 120. Las manumisiones per vindictam ó por la vara del pretor no se hicieron mas en los templos de los idolos, sino en la Iglesia á los pies de los altares, in sacrosanctis eclesis, y entonces los manumitidos y su posteridad estaban bajo la protección de la Iglesia. Diccionaire des Antiquites en la palabra affranchissement.
Recomendando la humanidad á los señores, la Iglesia respetó sus derechos: los antiguos cánones prohiben ordenar á un esclavo, ó que se le admita en un monasterio sin el conocimiento de su señor. Bingham, Orig. Ecles., 1. 4, c. 4, §. 23: 1. 7, с. 3, §. 2.
A pesar de tan sabias disposiciones, nuestros filósofos reprenden la política de Constantino, pero su privilegio eclusivo consiste en no estar nunca de acuerdo consigo mismos. Unas de las mejores obras y mas comunes entre los cristianos fue sacar á sus prójimos de la esclavitud y comprar su libertad. Muchos llevaron el heroísmo de la caridad hasta el extremo de hacerse á sí mismos esclavos por libertar á otros; así lo dice S. Clemente de Roma, Epist. 1.ª ad cor., núm. 7; y es un ejemplo de esta verdad San Paulino de Nola. Los obispos creyeron que no podían hacer un uso mejor de las riquezas de las Iglesias, que consagrarlas al rescate de los esclavos: S. Exuperio de Tolosa vendió hasta los vasos sagrados para llenar este deber de caridad. La historia conserva el recuerdo de las piadosas profusiones que hizo Santa Matilda, reina de Francia regenta del reino, para rescatar á los esclavos y del celo que la animaba para extinguir la esclavitud. Era imposible que unos ejemplos tan brillantes no tuviesen imitadores. Sin embargo, se atreven á escribir en nuestros días que el cristianismo en nada contribuyó á extinguir ni á dulcificar la esclavitud. Los efectos de la caridad cristiana hubieran sido mas prontos y mas sensibles, si la irrupción de los bárbaros no hubiera cambiado de un solo golpe el derecho público y las costumbres de la Europa: pero la especie de servidumbre que introdujeron era mucho mas dulce y soportable que la esclavitud doméstica usada entre los griegos y romanos. Por esta razón inspiró menos compasión, subsistió largo tiempo y aun se conservan algunas restos de ella.
Cuando nuestros filósofos dicen que la esclavitud aun se conserva en Polonia y aun en Francia, que los eclesiásticos y los monasterios tienen esclavos con el nombre de manos muertas juegan con las palabras y con la credulidad de los lectores. ¿Qué se entiende por manos muertas? Es un contrato por el cual un señor cede sus tierras á un colono con las condiciones siguientes: primera, de un censo ó renta anual en granos, dinero, ó trabajo personal: segunda, que el colono no pueda vender ni enagenar estas tierras sin consentimiento del señor, y sin pagarle los derechos de laudemio y de venta: tercera, que si el colono llega á morir sin herederos mancomunados en bienes con él, su sucesión pertenecerá al señor. ¿En dónde está la injusticia y la dureza de este contrato? Es verdad que incomoda la libertad del colono; pero es muy difícil saber si la libertad absoluta es un bien para los que no tienen inteligencia, actividad y conducta: y no son bastante sabios nuestros filósofos para fallarlo sin apelación. Bueno es que sepamos que un colono de manos muertas puede quedar libre cuando quiera; cediendo al señor las tierras que lleva de su mano y el tercio de los muebles, tiene derecho á proveerse ante el juez, y de hacer que se le declare libre súbdito del monarca. Muchos señores de Polonia ofrecieron la libertad á sus siervos y estos la rehusaron. ¿De qué sirven, pues, las diatribas de nuestros filósofos?
Pero la esclavitud, tomada en rigor, subsiste aun en las colonias... No es este lugar á propósito para discutir esta cuestión de moral y de política: podremos examinarla en el artículo NEGROS. Baste haber manifestado lo que en este punto enseña y prescribe el cristianismo. Desde que el comercio enseña á los hombres á no adorar mas Dios que el dinero, y el filosofismo acaba también de reforzar esta disposición, podemos anunciar que la servidumbre no será disminuida ni dulcificada. Bien sabido es que algunos de nuestros filósofos que mas declamaron contra el comercio de negros, aumentaron sus capitales con este tráfico: he aquí la humanidad que inspira la filosofía.
Un autor inglés hizo una reflexión muy sabia sobre este punto. Es asombroso, dice, que un pueblo que habla con tanto calor de la libertad política no tenga ningún escrúpulo en reducir una parte de los habitantes del globo á un estado en que están, no solamente privados de toda propiedad, sino también de toda especie de derecho. Tal vez él acaso no produjo jamas ninguna combinación mas propia para poner en ridículo un sistema grave, noble, generoso, y demostrar lo poco que los hombres se dirigen en su conducta por los principios filosóficos. Observ. sur les comm. de la Societé, par Millar. V. SERVIDUMBRE.
Pág. 172ss (o 177 del pdf):
Diccionario de teología, vol III: J-P
Pág. 466ss (o 473 del pdf)
Negros: Estos pueblos dan lugar á dos cuestio nes que pertenecen á la teologia ; se trata de saber: 1.º, si los negros tienen un origen diferente del de los blancos ; 2. , si las contratas de los negros , y la esclavitud en que se los retiene para el servicio de las colonias de América , es legítima.
(…)
II. La contrata de negros y su esclavitud ¿son legítimas? Esta cuestion ha sido discutida en una disertación impresa en 1764. El autor defiende que la esclavitud en sí misma no es contraria ni á la ley de la naturaleza , puesto que Noe condenó á Canaan á ser esclavo de sus hermanos , y que Abrahan y Ja- cob tuvieron esclavos; ni á la ley ley divina escrita, puesto que Moises , promulgando leyes en favor de los esclavos , no condena la esclavitud ; ni á la ley evangélica, pues que no ha perjudicado al derecho público establecido entre todas las naciones. En efec- to, S. Pedro yS. Pablo mandaron á los esclavos obedecer á sus señores , y á los señores tratar á sus es- clavos con dulzura. El concilio de Gangres pronunció anatema contra los que bajo pretexto de religión enseñasen á los esclavos á abandonar á sus señores y espreciar su autoridad. Otros muchos decretos de | Jos concilios suponen que es lícito tener esclavos, comprarlos y venderlos.
Añade que al transportar negros á América no se les agravaba su desgraciada suerte , puesto que no serian menos esclavos en su país , y que antes bien serian en él mas maltratados ; en lugar de que en las colonias están protegidos por leyes establecidas en favor suyo'; por otra parte tienen en América la facilidad de ser instruidos en la religión cristiana y alcanzar su salvación.
Distingue el autor cuatro clases de esclavos : 1.º los que han sido condenados por crímenes á perder su libertad; 2.º los que fueron hechos prisioneros en la guerra; 3.º los que han nacido esclavos; 4.° los que son vendidos por sus padres y madres ó que se venden ellos mismos. No ve en estos diferentes orígenes de esclavitud ninguna razón que haga ilegítima la contrata de negros.
Conviene en que la esclavitud es con mucha frecuencia causa de varios abusos , pero observa que el abuso de una cosa inocente en sí misma no prueba que sea contraria al derecho natural; se puede re- primir el abuso y dejar subsistir el uso legítimo. El filósofo que compuso un tratado acerca de la Felicidad pública, no condena tampoco absolutamente la esclavitud de los negros, pero no la aprueba positivamente. «Aunque nos es en extremo doloroso, dice, el que la avaricia haya conservado entre los pueblos del occidente lo que la barbarie y la igno- rancia establecieron y conservaron enel oriente, observaremos no obstante: 1.º que la esclavitud no se conoce entre los cristianos mas que en las colonias; 2.º que todos los esclavos son estraidos deuna nacion muy salvaje ymuy estúpida , la cual llega hasta el punto de ofrecerlos ella misma á nuestros comercian- fes; 3.º que si la razón y la filosofia reclaman que se debe tratar al negro lo mismo que al europeo , sin embargo es cierto que la gran desemejanza de estos desagraciados con nosotros nos recuerda menos los sentimientos de humanidad, y sirve para conservar la preocupacion bárbara que los sujeta ála opresion; 4.º que si estos esclavos han sido tratados con una crueldad muy digna de ser reprobada , la esperien- cia ha hecho ver frecuentemente que jamas la dulzu- ra y los beneficios han podido quitar á esta nacion su caracter desidioso , ingrato y cruel. Antes bien parece muy probable que si los esclavos de las colo- nias hubieran sido europeos, se les habria concedido ya el derecho de ciudadanos, asi como los siervos de nuestro gobierno feudal recobraron poco a poco la libertad civil. En fin, el número de esclavos es mucho menos considerable en nuestros dias , pues sobre cien millones de cristianos que ecsisten al presente , no se cuenta de positivo ni un millon de esclavos , en vez deque por cada millon de griegos habia mas de tres millones de estos desgraciados» .
Se ve con facilidad que ninguna de estas razones carece de réplica , y que mas bien se dirigen á escu- sar la esclavitudde los negros que á justificarla; des- pues de haber reflecsionado con madurez, no podemos resolvernos á aprobarlas, y nos parece que se les puede oponer otras mas sólidas.
En el artículo ESCLAVITUD hemos hecho ver: 1.º que bajo la ley natural y en el estado de sociedad puramente doméstica, la esclavitud era inevitable, y que no llevaba consigo entonces los mismos inconvenientes que en el estado de sociedad civil; el ejemplo de los patriarcas nada prueba por consiguiente en la cuestión presente. 2.º Hemos observado que no le fue posible á Moisés suprimirla totalmente; que las leyes que estableció en favor delos esclavos eran mas suaves y humanas que las de todas las demás naciones; luego tampoco se puede sacar ventaja alguna de la ley de Moisés. 3.º Jesucristo y los apóstoles hubieran cometido una imprudencia muy grande en reprobar absolutamente la esclavitud, estando autorizada por el derecho público de todas las naciones, mas las lecciones de caridad universal, de dulzura y fraternidad que dieron á todos los hombres, contribuyeron al menos tan eficazmente á suavizar y suprimir la esclavitud, como si al efecto se hubieran establecido leyes prohibitivas. La irrupción de los bárbaros fue la causa de que se retardase esta feliz revolución; en tanto que el mismo derecho público ha subsistido, los concilios no han podido hacer mas que lo que han hecho. Mas al presente ya no subsiste este derecho abusivo; la esclavitud ha sido suprimida en Europa por todos los soberanos: la cuestión versa sobre si, después de la reforma de este abuso en Europa, ha sido muy laudable pasar á restablecerle en América; si se le puede contemplar bajo el mismo punto de vista que en los siglos X y XII; si el estado de los negros en las colonias no es cien veces mas desgraciado que lo era el de los siervos bajo el gobierno feudal.
El principio establecido por el autor de la disertación, á saber, que de resultas del pecado original ya no es el hombre libre por derecho natural, nos parece sumamente ridículo. Sabemos muy bien que en castigo del pecado de Adán, quedó el hombre sujeto á ser tiranizado, atormentado y asesinado por sus semejantes; pero finalmente, los europeos nacen reos del pecado original lo mismo que los negros: por consiguiente, es necesario que los primeros comiencen por probar que Dios les ha dado la honrosa comisión de hacer expiar este pecado á los habitantes de la Guinea, y que ellos son bajo este concepto los ejecutores de la justicia divina. Cuando los negros, indignados, sacuden el yugo de la esclavitud, y usan de perfidia y crueldad para con sus amos, ó señores, también les hacen sufrir á su vez la pena del pecado de nuestro primer padre. Antes de que el furor por el comercio marítimo, y la voraz envidia hubiesen fascinado los ánimos y pervertido todos los principios, nadie se hubiera atrevido á poner en cuestión si era permitido comprar y vender hombres para hacerlos esclavos.
También es un pretexto ridículo el decir que los negros esclavos serian entre sí mas maltratados que lo son en nuestras colonias. No nos es lícito hacerles daño, para evitar que sus compatriotas no se lo hagan mayor. ¿Se nos querrá hacer creer que es por un motivo de compasión y de humanidad por lo que los traficantes europeos se dedican á la contrata de negros? Hay aquí un hecho que pasa por cierto, á saber, que antes de que se estableciera este comercio , las naciones africanas se hacían la guerra con mucha menor frecuencia que al presente; que la causa mas comund e sus actuales guerras es el deseo e hacer prisioneros , para venderlos á los europeos. Por consiguiente, á estos últimos es á quienes estas naciones desventuradas y estúpidas son deudores de estas plagas que los abruman yde los crímenes que se cometen entre ellos.
Antes de saber si tenemos derecho para comprarlos, es preciso examinar si alguno tiene el derecho natural de venderlos. No se trata de fundarnos en el derecho injusto y tiránico que está establecido entre estos pueblos, sino en las nociones del derecho natural, tal como la religión nos le hace conocer. Si no hubiera quien comprase esclavos, tampoco seria posible que hubiera quien los vendiese, y este tráfico infame caería por sí mismo. Confiamos en que no se tratará hacer la apología de los comerciantes turcos, los cuales van á comprar doncellas jóvenes á Circasia para poblar con ellas los serrallos de Turquia.
Se dice que no es posible cultivar las colonias de azúcar de otro modo que por medio de los negros. A lo cual podríamos responder desde luego, que en este caso valdría mas renunciar á las colonias que abandonar los sentimientos de humanidad; que la justicia, la caridad universal y la dulzura son mas necesarias á todas las naciones que el azúcar y el café. Mas no convienen todos en la pretendida imposibilidad de pasarse sin el trabajo de los negros: muchos testigos dignos de fe aseguran que si los colonos fuesen menos codiciosos, menos duros y ciegos por un sórdido interés, seria muy posible reemplazar ventajosamente á los negros por medio de mejores instrumentos de cultura, y valiéndose del servicio de los animales. Cuando los griegos y los romanos hacían ejecutar á sus esclavos lo que hacen entre nosotros los caballos y los bueyes, se figuraban que no se podía hacer de otro modo.
Se añade que los negros son naturalmente crueles, pérfidos, insensibles á los buenos tratamientos, é incapaces de ser gobernados sino á palos. Si esto fuese cierto, seria un objeto de afrenta para la naturaleza humana, el que sea mas difícil suavizar ó domesticar á los negros que á los animales; en cuyo caso, se debería dejar esta raza abominable en su desventurado suelo donde ha nacido, y no infestar con sus vicios las demás partes del mundo.
¿Mas no se descubre aquí una dosis del orgullo de los griegos y de los romanos? Estos deprimían á los demás pueblos llamándolos bárbaros , para tener derecho á tiranizarlos. Hemos preguntado sobre este punto á viajeros, misioneros y poseedores de colonias, y todos aseguran que en general los amos que tratan á sus esclavos con dulzura, y humanidad, que les dan el suficiente alimento, y no les imponen un trabajo excesivo, se hallan muy contentos con sus esclavos. Por consiguiente , es sensible que los europeos, quienes guardan entre sí tanta dulzura, humanidad y filosofía, parezcan hacerse brutales y bárbaros, desde que han pasado la línea ó atravesado el Océano. Puesto que se conviene en que la esclavitud lleva consigo por necesidad abusos, y que le es muy difícil á un señor ser justo y casto para con sus esclavos, es una gran temeridad por parte de todo particular exponerse a esta tentación, y que para aumentar su fortuna, no titubee en arriesgar la pérdida de sus virtudes.
En cuanto al pretendido celo por la conversión de los negros, existen muchos hechos capaces de hacerlo muy sospechoso. Algunos viajeros han escrito que ciertas naciones europeas, que tienen establecimientos en las costas del África, impiden todo lo posible lós trabajos y progresos de los misioneros, temiendo que si los negros se hacen cristianos, no quieran en lo sucesivo venderse por esclavos. Hay quienes dicen (1) que ciertas otras naciones establecidas en América no ponen ningún cuidado en hacer instruir y bautizar á sus negros, porque escrupulizan tener por esclavos á sus hermanos en Cristo. He aquí un celo que en nada se parece al de los apóstoles.
Sabemos que varios cristianos hechos esclavos por infieles consiguieron en otro tiempo convertir á sus señores y aun á pueblos enteros: pero no vemos ejemplos de cristianos que hayan reducido á infieles á la servidumbre, á fin de convertirlos. No basta que un designio sea laudable, es preciso ademas que los medios sean legítimos. Los capuchinos y otras varias órdenes de religiosos tienen establecidas misiones en la Guinea, en los reinos de Oviero, Benin, Angóla, Congo, Loango, y Monomotapa. He aquí el verdadero celo; mas no es semejante á este el de los traficantes de esclavos. Si los misioneros no reportan el mayor fruto, es porque estos desgraciados pueblos deben estar prevenidos contra la religión de los europeos , á causa de la conducta odiosa de los que la profesan.
Las disertaciones que tienen por objeto justificar la contrata de los negros, son muy parecidas á las diátribas con las que el doctor Sepúlveda quiso probar que los españoles tenían derecho para reducir á los americanos á la servidumbre, hacerlos trabajar en las minas y tratarlos como animales; fue reprobado por la universidad de Salamanca, y merecía serlo. No hacemos mucho aprecio tampoco de las declamaciones de nuestros filósofos, desde que es constante que algunos que afectan el mayor celo por la humanidad, hacían valer su dinero empleándole en el comercio de los negros.
Por estas observaciones, no creemos faltar al respeto para con el gobierno que tolera este comercio; el refutar unas razones tan débiles, no es tratar de decidir absolutamente una cuestión; cuando se nos presenten acerca de este asunto otras mejor fundadas, nos someteremos á ellas con plena voluntad. Los gobiernos mas justos y mas sabios, están con frecuencia obligados á tolerar abusos, cuando estos están universalmente establecidos, como la usura, la prostitución, las estafas de los que exigen contribuciones, la insolencia de los nobles, etc. ¿Cómo es posible luchar contra el torrente de las costumbres, cuando afecta en general á todos los estados de la sociedad?
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