miércoles, 29 de julio de 2020

Respondiendo a críticas sobre José de San Martín (1)




Las críticas en cuestión que se responden están tomadas de un texto que he visto en internet, y que sintetiza las objeciones comunes a la persona del Libertador que suelen presentar los hispanistas en contra de los nacionalistas. Sin más, el texto susodicho es este:

Los llamados "sanmartinianos católicos" argentinos, muy astutamente, para salvar a San Martín del fuego, dan una visión sesgada y parcializada sobre la vida del "prócer". Aprovechan algunos documentos, mientras ignoran otros; toman algunas cartas, y otras las desechan. Hay que alejar al "Libertador" de todo vínculo con los liberales, con los masones, con los ingleses. De eso se trata: buscan tomar únicamente "el lado católico" del personaje, soslayando todo lo demás. Y a cualquiera que busque denunciar la otra parte de la vida de San Martín, lo difaman afirmando que "repite el mito liberal" o “que es un españolista”. De esta manera, dirán que San Martín era anti-inglés porque "le donó su sable a Rosas por haber luchado contra el invasor anglosajón", pero no dirán que durante toda su campaña militar don José recibió ayuda de los ingleses, tanto naval, como económica y militar, y que su flota del Pacífico estaba compuesta prácticamente en su totalidad por oficiales británicos y norteamericanos; dirán que era anti-masón porque "se peleó con los masones Alvear y Rivadavia", pero nunca te hablarán de sus amigos masones, como Lord McDuff, el V Conde de Fife, alto masón escocés amigo de la familia real británica e interesado en la secesión de los Reinos de Indias, quien le brindó facilidades para salir de Cádiz hacia Londres (y en 1824 lo recibió en su burgo de Banff para nombrarlo ciudadano honorífico), o sus sospechosos vínculos con masones belgas como el liberal Van Halen durante la independencia de este país en 1830; dirán que era anti-liberal porque apoyó a Rosas que era conservador, pero nunca hablarán de su biblioteca repleta de autores liberales como Rousseau, Voltaire, Paine, etc., ni de las frases pro liberales que lo delatan, como "Los liberales del mundo son hermanos en todas partes" (al virrey La Serna), o "con la Revolución de Riego España finalmente conoció el siglo de las luces" (hacia 1820), o de cómo reivindicó a la figura del gran liberal que fue Robespierre; dirán que era tradicionalista católico, porque "el código del Ejército de los Andes castigaba severamente los insultos contra los curas", porque "en la Constitución de Perú solo los católicos podían tener cargos" y porque "le otorgó su bastón de mando a la Virgen en Mendoza", pero no hablarán de cómo expulsó a cuanto obispo se opusiera a sus designios, como el pobre Las Heras en Perú, ni de los cargos que otorgó a prominentes anglosajones y herejes, como Miller o Paroissien, o de sus cartas a Tomás Guido cargadas de anti-clericalismo y de críticas al Papado; dirán que era hispanista, porque "en Punchauca quiso pactar con La Serna para traer un infante español a reinar en Perú y sellar una alianza con España", pero no dirán que (como refirieron algunos testigos de la época) muy probablemente se trató de una artimaña para ganar tiempo y, en todo caso, jamás de los jamases hablarán de su misión diplomática enviada desde Perú a cargo del anglo-franco-hugonote Paroissien para firmar acuerdos comerciales con Gran Bretaña, solicitar un empréstito al capitalista inglés Thomas Kinder y traer a este lado del Atlántico príncipes de la familia real británica para reinar en Sudamérica (el duque de Sussex o el de Sajonia-Coburgo, alemán este último, pero naturalizado inglés y casado con una princesa británica); dirán asimismo (no todos, pero lo he escuchado más de una vez) que San Martín era enemigo de Bolívar (necesitan desvincularlo a como dé lugar del irrefutablemente ultra-anglófilo venezolano), pero omitirán que, durante su estadía en Londres en 1824, San Martín proyectó una nueva campaña a Sudamérica en socorro del otro "Libertador" cuando se enteró de la caída de Lima en manos realistas y de las dificultades que este atravesaba en el virreinato (todo financiado con el empréstito inglés de un millón doscientas mil libras esterlinas, por supuesto); y, por último, y como cereza del postre, como coronando una gloriosa e intachable actuación, dirán que "quiso unir a Hispanoamérica en contra de los intereses ingleses y liberales". ¿En serio les parece que San Martín quiso unir lo que, en realidad, ya estaba unido? Como dijera Sejean, apoyó la independencia de Chile, siendo que el gobierno de Buenos Aires le había dado órdenes de enviar un diputado al congreso del Río de la Plata para proyectar una unidad. Más bien, los "Libertadores" fueron los que provocaron la división y balcanización del continente unificado por Cortés y Pizarro. No logro entender cómo afirman que combatió los intereses ingleses cuando al pedir su ayuda naval no hizo más que propiciar el dominio británico del Pacífico, abriéndole los puertos de Chile y Perú al libre comercio, e incluso permitiendo el saqueo de las riquezas virreinales, como cuando Cochrane se apropió del tesoro de Lima resguardado en su flota. ¡Cuántas mentiras profieren los "sanmartinianos católicos", y luego se atreven a llamarnos a nosotros mentirosos, o a decir que repetimos "el mito liberal"! ¿En serio alguien cree que lo expuesto líneas más arriba es un "mito liberal", cuando se trata de hechos contrastados y perfectamente documentados? Nadie en su sano juicio y pleno uso de sus facultades mentales podrá responder con un "sí" a este interrogante.

Autor: Nicolás Duré (profesor de Historia argentino)


Visto el texto completo, paso, por tanto, a responder punto por punto.

Se dice: “Los llamados “sanmartinianos católicos” argentinos, muy astutamente, para salvar a San Martín (…) Aprovechan algunos documentos, mientras ignoran otros; toman algunas cartas, y otras las desechan.”



- De hecho, parece ser al revés, porque Díaz Araujo en “Don José y los chatarreros” responde directamente a la mayoría de los argumentos presentados en el texto.



Se dice: “pero no dirán que durante toda su campaña militar don José recibió ayuda de los ingleses, tanto naval, como económica y militar, y que su flota del Pacífico estaba compuesta prácticamente en su totalidad por oficiales británicos y norteamericanos”.



-Bueno, Araujo, citando a Héctor Juan Piccinali, dice:

Con respecto a los ingleses, por su diagnóstico basado en experiencia directa, no tuvo hesitación alguna al escribir: «Y a está decidido el problema de la Inglaterra: nada hay que esperar de ella». Creo que nadie hizo nunca en la época un juicio tan contundente sobre la mentira de que Inglaterra prestó ayuda al proceso emancipador; lo que hizo fue pingües negocios en nuestro perjuicio, desde 1809, inundando la plaza rioplantense de mercaderías que antes se fabricaban aquí con lo que se destruyó nuestra industria, se llevó nuestro oro y arruinó el comercio. San Martín le sabía muy bien porque intentó obtener la colaboración británica con resultado negativo y le constaba que en el puerto de Buenos Aires sólo podía comprarse algunas armas a los ingleses, en cantidades mínimas, en forma subrepticia, con altos precios usurarios. pagados en oro contante y sonante, como lo he ejemplificado en mi libro «Vida de San Martín en Buenos Aires», página 238."

Por eso sigue Díaz Araujo:

Parecidas conclusiones se pueden hallar en un autor que los «chatarreros» creían poder usar, y se equivocaron. Rodolfo H. Terragno, expositor del proyecto inglés de Thomas Maitland, ya indicó en su libro que San Martín «no fue un «agente inglés», sino un estratega que se supo aprovechar de las alianzas transitorias según su conveniencia.”

Entonces eso no es “ayuda inglesa”, sino aprovechar los medios a su alcance para su conveniencia. De hecho, Díaz Araujo muestra cómo a San Martín le llegaba información de que los ingleses podían ayudar a los realistas de Lima. Escribe:


“Por otro lado el General sabe cómo son los juegos del comercio
británico de Buenos Aires. Su agente personal, el comerciante John Thwaites, le ha escrito, el 16 de marzo de 1819:

«Hasta que se ponga en Lima en un estado de bloqueo formal no está usted seguro de que no reciban los españoles auxilios en los buques ingleses y americanos (del Norte). Yo veo que los comerciantes (ingleses, de Buenos Aires), que se llaman honrados, venderán con gusto sus armas, etc. a los limeños (realistas),

cuando puedan introducirlas … Yo creo que las casas inglesas aquí casi sin excepción remitirán armas a Lima...; lo que de ningún modo extraño, pues hace tiempo tengo formada mi opinión del mundo mercantil».”

De hecho, San Martín busca perjudicar a los comerciantes ingleses instando a Pueyrredón, Director Supremo, a que imponga un empréstito forzoso al comercio inglés para financiar la expedición al Perú. Ingleses que, por cierto, tampoco querían que se llegara a Lima, donde también comerciaban. Por eso Araujo dice: “De enorme audacia. Les hizo pagar a los comerciantes ingleses de Buenos Aires, los buques comprados en Inglaterra, que, tripulados por los marinos ingleses de Cochrane, destruirían el comercio inglés con Lima.



Por lo que alegar la “ayuda inglesa” no demuestra nada. Y más aún, hasta conocía las artimañas inglesas y trató de tenerlos bien amarrados; él busco servirse de los ingleses y no servirlo él a ellos. La entrega de su sable a Rosas solo corona su pensamiento.



Se dice: “[dirán que era anti-masón] pero nunca te hablarán de sus amigos masones, como Lord McDuff, el V Conde de Fife, alto masón escocés (...) o sus sospechosos vínculos con masones belgas como el liberal Van Halen durante la independencia de este país en 1830”.



-Yo no he visto que dijeran que era “anti-masón”, solo que no era masón. Por lo que tenemos una falacia del hombre de paja. 



Se dice: dirán que era anti-liberal porque apoyó a Rosas que era conservador, pero nunca hablarán de su biblioteca repleta de autores liberales como Rousseau, Voltaire, Paine, etc.,”

Otra vez, Díaz Araujo:

Es un argumento muy pobre y especioso.

Cualquiera puede tener diversos tipos de libros, sin compartir necesariamente su contenido. O, hasta sin haberlos leído. En este caso, se trataba de un bibliófilo desordenado, sin rigor académico. Excepto en cuestiones militares, los demás autores de la biblioteca de San Martín no indican ninguna línea intelectual definida. (...)

Además, antes de aseverar (una autora a quien se responde) la «influencia del pensamiento jacobino» sobre San Martín, debió haber averiguado la tendencia del autor que cita en su apoyo: el abate Barruel, con sus cinco tomos de «Memoires pour servir al 'histoire du jacobinisme» (Hamburgo, Fauche, 1803), que la señorita Martínez da por projacobino. Lo cierto es que el libro del Abate Agustín Barruel (17 41- 1820) fue el más caracterizado en su época, no sólo contra el jacobinismo sino contra todo el pensamiento masónico- revolucionario. Análogamente, otro de los libros que integraban esa biblioteca, el de Juan de Torquemada, Monarquía lndiana (1615), no podría incluirlo en ese registro liberal.

De esos datos, nosotros no extraeremos una consecuencia contraria a la de la señorita Martínez, sosteniendo, vgr., que el General era un contrarrevolucionario (...) Simplemente, señalamos la labilidad del argumento bibliotecológico” (Enrique Díaz Araujo, Don José y los chatarreros, pág. 218-219).



Además:
En relación con este tema, no está de más recordar la pregunta (en realidad una recomendación) planteada por François López: “¿Cuándo dejaremos, nosotros intelectuales, de conceder una influencia casi mágica a ciertos libros, a ciertas ideas, desconociendo los contextos sociales de épocas muy lejanas de la nuestra?”

Este “afán intelectualista” ha lastrado durante mucho tiempo el estudio de la emancipación de América, pues no son pocos los historiadores que han recurrido a identificar filiaciones político-doctrinales de “precursores” o de próceres americanos con base en, por ejemplo, los volúmenes contenidos en sus bibliotecas. Se trata de una muestra más de esa manía por adjudicar a las ideas un papel que, por lo general, es bastante menos descifrable, y bastante menos “decisivo” en última instancia, de lo que dichas identificaciones suponen. La cadena que va de los textos a las lecturas, de las lecturas a los pensamientos, de los pensamientos a los compromisos y de aquí a los actos es, como sugiere Chartier, demasiado compleja como para establecer causalidades” (El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824 : una revisión historiográfica del liberalismo hispánico. Pag. 56-57).


Y por otro lado, convengamos que se están confundiendo las acepciones de "liberalismo". Existió un liberalismo católico enarbolado incluso por clérigos. Ahí Juan Ignacio Gorriti, Camilo Henríquez, Dean Funes, Servando Teresa de Mier, Fray Francisco Paula de Castañeda, Cayetano Rodríguez. Completamente compatile con la doctrina católica.

Porque como nos dice el P. Hillaire en su obra "La Religión Demostrada":

La palabra liberalismo tiene diversos significados:

1º Se llama liberalismo, en oposición al conservadorismo, a las partidos políticos y a los sistemas económicos que propician la libertad comercial, industrial o civil.

Se llama también liberalismo, con relación al absolutismo, a los sistemas de gobierno en que el poder soberano está limitado por una: Constitución.

Nos es imposible hacer una nómina completa de lo que, con razón o sin ella, se titula liberalismo. Lo que nos importa conocer es el liberalismo condenado por la Iglesia.

El liberalismo es una doctrina moral que consiste en excluir del gobierno civil toda influencia religiosa particularmente la de la verdadera religión, de las Iglesia Católica.

Es la independencia absoluta del Estado con relación a la Iglesia en el sentido de la opresión de la segunda por el primero.

Es la separación de la Iglesia y del Estado. El principio liberal puede expresarse también de esta manera: El hombre, en todo lo que es legislación y administración civil, debe prescindir por completo de la Iglesia y de Jesucristo.


San Martín era liberal en el segundo sentido, y un poco también en el primer sentido. Pero no en el tercero, que es el despreciable y el que rechazan los revisionistas que reivindican a San Martín.

Si quienes atacan a San Martín están en contra de la esclavitud, la servidumbre, la tortura, no les agrada la concentración de poder y sostienen el Estado de Derecho, pues felicidades: son liberales también. Ese es el sentido del "liberalismo" en aquel tiempo. Por eso el mismo José María Morelos declara ser liberal en "Sentimientos e la Nación":

11º. Que los Estados mudan costumbres y, por consiguiente, la Patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, substituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra nuestra Patria.

Y sin embargo, antes establece principios que no son liberales en la tercera acepción del término:

2º. Que la religión católica sea la única sin tolerancia de otra.

4º. Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los obispos y los curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó.


Eso mismo dirá San Martín: "Nuestra lucha no era una guerta de conquista y gloria, sino enteramente de opinión, guerra de principios modernos y liberales contra los prejuicios, el fanatismo y la tiranía".


Esas son las ideas que defendía Paine. Y Paine solo era relevante porque con su obra "Sentido Común" defendía la necesidad de hacer de las Trece Colonias Estados libres e independientes. Entonces era una obviedad de que si San Martín pretendía lo mismo en la América del Sur necesitaba conocer los fundamentos que tuvieron los norteamericanos.


Se dice: “... ni de las frases pro liberales que lo delatan, como "Los liberales del mundo son hermanos en todas partes" (al virrey La Serna), o "con la Revolución de Riego España finalmente conoció el siglo de las luces" (hacia 1820), o de cómo reivindicó a la figura del gran liberal que fue Robespierre”.


- Bueno, que San Martín se opusiera a Alvear y Rivadavia no es poca cosa. Como dice Araujo:

dos tendencias polarizadas en torno de San Martín y de Alvear. Derivadas luego en facciones, se enfrentan con sus programas y finalidades en el seno de la Asamblea

(...)
Por otra parte, él
(San Martín) no podía compartir la posición de los morenistas porteños que acaudillaba Bernardo de Monteagudo, que ansiaban una revolución liberal ideológica, al modo de los girondinos franceses o de los constitucionalistas de Cádiz, sin preocuparse lo más mínimo de la Independencia. Ellos, con otros similares, formaban la mayoría alvearista de la diputación a la Asamblea del año XIII.

(…)

La facción alvearista, en el Ministerio y en la Asamblea, estaba integrada, principalmente por (...) Todos o casi todos, del sector masónico de la Logia Lautaro.

Los cinco diputados que seguían a San Martín (Ramón Eduardo Anchoris, Agustín Donado, Toribio Luzuriaga, Francisco Ugarteche y Vicente López y Planes) cuyo vocero era López y Planes, votaron en contra de los despachos de esa mayoría alvearista y liberal.”



O sea: A Alvear y su facción la interesa hacer la revolución, la “modernización” (libertad de vientres, abolición de la inquisición y la tortura, bautismo con “agua temperada”, eliminar títulos de nobleza, y boberías varias), aunque en ello renunciaban o postergaban la independencia. San Martín, en cambio, prioriza la libertad política: “Ellos (San Martín y su facción) reclamaban, a un tiempo, la Declaración de la Independencia y la sanción de una constitución que asegurara el Orden (…) El buscó la independencia política de su patria amenazada; mas sin comprometer, en la demanda, el viejo orden establecido por la ley y la costumbre virreinal.”

Por otro lado, San Martín no era “liberal”. Apoyaba un gobierno vigoroso y le interesaban muy poco las teorías extravagantes. Era práctico. Por eso Díaz Araujo dice (pp. 205-206):


Aquello del «gobierno vigoroso» era lo positivo para San Martín. Lo negativo, en cambio, en el campo político eran las «teorías ilusorias» («las demagogos con sus locas teorías»: a Tomás Guido, 6. 4. 1829). Esas «teorías» él las «despreciaba» (carta a Manuel Ignacio Molina, 15.8.1816).

¿Cuáles eran las «locas teorías» que detestaba...?

¿Qué abarcaba con esa expresión...?

A nuestro entender, tres cosas:

a).- el liberalismo, que otorga la primacía práctica a los derechos individuales por sobre el bien común social;

b).- la democracia moderna, que en lugar de tener a Dios por fuente de todo poder, erige el mito de la soberanía popular infalible, fundado, a su vez, en la fábula de la bondad natural del hombre que, en lugar de su real naturaleza social, tendría una naturaleza pre-social, inventora de lo social gracias al artilugio de un contrato jurídico;

c).- el socialismo, que con el pretexto de poner los bienes en común, con su igualitarismo destruye todo el entramado jerárquico de lo social, comenzando por la religión, la propiedad y las instituciones.

Esas tres formas políticas confluyen en una cuarta: el «Progresismo», o creencia dogmática en el Progreso Indefinido de la Humanidad.


Tomemos algunas cartas de San Martín para verlo.

A Tomás Guido, carta del 28.1.1816:

Hablemos claro, mi amigo. Yo creo que estamos en una verdadera Anarquía o por lo menos en una cosa muy parecida. ¡Carajo con nuestros paisanitos! Toma liberalidad y con ella nos vamos al sepulcro (…) Un susto me da cada vez que veo estas teorías de libertad, seguridad individual, idem de propiedad, libertad de imprenta, etc., etc... Estas bellezas sólo están reservadas para los pueblos que tienen cimientos sólidos.


A Lord Macduff, conde Fife, 9.12.1817:

"Los resultados de una revolución estéril y de una guerra ruinosa han calmado las pasiones propias de los cambios políticos, y la opinión de los hombres, ya más serena, aspira únicamente a la emancipación de España, y la instauración de alguna forma estable de gobierno, cualquiera que sea.

En una palabra, amigo mío, las nociones democráticas han perdido el noventa por ciento del apoyo de los hombres dirigentes, tanto en este Estado (Chile) como en las Provincias Unidas.”



Al Director Supremo General José Rondeau, 27.8.1819:

Los enemigos que nos van a atacar no se contienen con libertad de imprenta, seguridad individual, idem de propiedad, Estatutos, Reglamentos y Constituciones. Las bayonetas y los sables son los que tienen que rechazarlos y asegurar aquellos dones para mejor época”



Decreto al asumir el Protectorado en Lima, 3.8.1821:

La experiencia de diez años de revolución en Venezuela, Cundinamarca, Chile y Provincias Unidas del Río de la Plata me han hecho conocer los males que ha ocasionado la convocación

intempestiva de Congresos”


Oficio al Director Supremo de Chile, 6.8.1821:

Destruir para siempre el dominio español en el Perú, y poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos, es el objeto esencial de la expedición libertadora. Mas, es necesario purgar esta tierra de tiranías y ocupar sus hijos en salvar la patria, antes que se consagren en bellas teorías”


Tomás Guido a San Martín, 20.12.1833:

el general Balcarce, seducido por las teorías del liberalismo, se apartó sin advertirlo de los principios prácticos que debía consultar para no hacer ilusoria y aun odiosa la marcha constitucional que afectaba querer sostener. Vio dividirse el partido federal y apoyó la fracción que invocando la libertad...”

Respuesta de San Martín a Tomás Guido, 1.2.1834:

Sin duda, Señor Don Tomás, ésta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no está signado a la más o menos liberalidad de sus principios, pero sí a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen. Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos. ¿Qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad, si por el contrario se me oprime? ¡Libertad! Désela U d. a un niño de dos años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y Ud. me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor sea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan, y si existen se hagan

ilusorias... ¡Libertad! Maldita sea tal libertad, no será el hijo de mi madre el que venga a gozar de los beneficios que ella proporciona. Hasta que no vea establecido un gobierno - que los demagogos llamen tirano-, y me proteja contra los males que brinda la actual libertad...”


A Tomás Guido, 17.12.1835:

Hace cerca de dos años escribí a Ud. que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra que el establecimiento de un gobierno fuerte; o más claro, Absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer. Yo estoy convencido que cuando los hombres no quieren obedecer la ley, no hay otro arbitrio que el de la fuerza.”


A Tomás Guido, 26.10.1836:

Veo con placer la marcha que sigue nuestra patria. Desengañémonos, nuestros países no pueden (a lo menos por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos, más claro, despóticos. Si Santa Cruz en lugar de andar con paños calientes de Congresos, soberanías del Pueblo, etc., etc., hubiese dicho francamente sus intenciones...”


A Francisco Antonio Pinto, 26.9.1846:

el mejor gobierno no es el más liberal en sus principios, sino aquel que hace la felicidad de los que obedecen”


A Ramón Castilla, 13.4.1849:

El inminente peligro que amenazaba a la Francia (en lo más vital de sus intereses) por los desorganizadores partidos de terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al solo objeto de despreciar, no sólo el orden y la civilización, sino también la propiedad, religión y familia, han contribuido muy eficazmente a causar una reacción formidable en favor del orden...”


Es decir, San Martín no sería un liberal demócrata progresista, sino todo un facho con facha hecho y derecho. Que con ideas como esas apenas se diferencia de un carlista. Por eso San Martín podía escribir al Arzobispo Las Heras de Lima cuáles eran sus ideas e intenciones de querer ver “consolidado un gobierno que garantizase el orden y la prosperidad sobre principios diametralmente opuestos a las ideas exaltadas que desgraciadamente se han difundido en el mundo desde la célebre revolución (francesa) del año 92”.



Y después, sobre las palabras de San Martín al virrey de La Serna, podrían darse varias explicaciones.

1. San Martín no habla de sí mismo, sino que describe a los liberales.

2. Su intención es sembrar discordia entre los enemigos, haciéndolos dividir entre constitucionalistas y absolutistas.

3. Busca halagar a de La Serna (hasta ofreciéndole protección de asilo) aunque sin comprometerse él, tal como hizo con los ingleses Bowles y Staples.


Además de que, como se vio, no es el pensamiento genuino de San Martín. Por eso dice Díaz Araujo:


Ante esto, resulta muy oportuna esta consideración que apunta Samuel W. Medrano:

«Demasiado conocía él (San Martín) a los liberales en las Cortes: eran los mismos que en Cádiz le habían asqueado tanto como los serviles de Fernando... La constitución de Cádiz, el nuevo régimen de la revolución española, nada valían para el jefe del Ejército Libertador»

Entonces: ¿a santo de qué querer darle importancia a las ocasionales frases de cortesía de un discurso habilidoso...? Por modo alguno se sentía San Martín «hermano» de los liberales hispanos. Podría haber él hecho suyo el concepto de Manuel Belgrano vertido a Tomás de Iriarte: «Desengáñese usted amigo Iriarte, los liberales (hispanos) son tan enemigos nuestros o más que los mismos serviles(absolutistas)». Porque esa era la realidad. Quienes habían abierto el fuego contra las juntas autónomas de Buenos Aires y Caracas, creando el «casus belli» de la contienda civil que siguió hasta 1824, fueron los constitucionalistas liberales y no los absolutistas.”


Por eso concluye:

Aquellos que se aferran al discurso ante La Serna (por falta de otras pruebas), olvidan también un dato significativo, que ha sido subrayado por Otto Carlos Stoetzer, a saber que:

«En el Perú, el pueblo abrió las puertas de Lima a San Martín (6 de agosto de 1821) debido principalmente a la influencia que la Iglesia (en su mayoría franciscanos) ejerció en favor de la ruptura con la España liberal. Los miembros de las órdenes mendicantes temían, según noticias que circulaban, que el gobierno español confiscara la mayoría de sus monasterios. Al respecto, hay que tomar en consideración que San Martín, como Bolívar, lturbide y otros jefes patriotas, capitalizó sobre la persecución de la Iglesia por los liberales españoles durante el período 1820-1823, con el objeto de conseguir el apoyo de los profundamente religiosos españoles americanos. Los ejércitos españoles liberales (Canterac y La Serna) fueron vencidos aun antes de poder encontrarse con el enemigo en el campo de batalla».

Luego, estúpido debiera haber sido San Martín para enajenarse el apoyo de los antiliberales peruanos por amor a sus adversarios liberales hispanos.”




Se dice: dirán que era tradicionalista católico (…) pero no hablarán de cómo expulsó a cuanto obispo se opusiera a sus designios, como el pobre Las Heras en Perú, ni de los cargos que otorgó a prominentes anglosajones y herejes, como Miller o Paroissien, o de sus cartas a Tomás Guido cargadas de anti-clericalismo y de críticas al Papado”



-Carlos III expulsó a los jesuitas y nadie duda de su catolicidad. Del mismo modo Belgrano expulsó al obispo de Salta y no por eso se niega su catolicidad, hasta el punto de ser amortajado con el hábito de Santo Domingo. Entonces como que alegar que “expulsó a cuanto obispo...” no sirve.

Luego, que otorgó cargos a herejes y anglosajones. Pues Luis XVI hizo ministro de finanzas al protestante de Necker, y sin embargo era un rey cristianísimo según el Papa Pío VI. Además, ¿no se aliaron los españoles con los revolucionarios protestantes de las trece colonias contra los ingleses? Por lo que no se entiende el argumento.

Luego, ¿anticlericalismo y críticas al Papado en qué sentido? Porque si es el caso, muchos tradicionalistas de Internet la verdad a veces dicen unas pestes del Papa o de muchos clérigos que hasta parecen más protestantes que católicos.

La acusación de anticlericalismo y crítica al Papado es por la carta a Tomás Guido del 6 de abril de 1830, en la que se queja del restablecimiento de las relaciones con el Papado diciendo:

"¡Negociación con Roma! Dejen de amortizar el papel moneda y remitan un millón de pesos y conseguirán lo que quieran”.

Básicamente, lo único que hace es criticar la inmoralidad y el materialismo imperante entre los clérigos. La mundanización de la Iglesia. Critica que, de suyo, no tiene nada de "anticlerical".


Si es el caso, cualquiera podría ser acusado de "anticlerical" por citas parecidas, incluso clérigos. Por ejemplo, Gildas: “Britania tiene sacerdotes, pero son tontos; numerosos ministros, pero son desvergonzados; clérigos, pero son astutos ladrones" (De Excidio Britanniae, III, 1).


Por tanto, los argumentos que muestran que San Martín era católico siguen en pie, mientras que los contrarios no nos llevan a nada.



Se dice: dirán que era hispanista, porque "en Punchauca quiso pactar con La Serna para traer un infante español a reinar en Perú y sellar una alianza con España", pero no dirán que (como refirieron algunos testigos de la época) muy probablemente se trató de una artimaña para ganar tiempo”.



- Bueno, si es el caso, sobre la idea de traer un infante al Perú decía Bartolomé Mitre: “Su ministro Monteagudo, su inspirador, que de demagogo exaltado había pasado a ser conservador ultra y después monarquista... no veía más claro que San Martín... Los dos estaban ciegos y sordos.

Para el liberal Mitre no era una “artimaña”: San Martín pensaba que eso era una buena idea.

San Martín era monárquico en la práctica, eso lo deja entrever muchas veces. Porque “independencia” no es sinónimo de “republicanismo”. Brasil y México prueba de ello. Y la libertad política no implicaba necesariamente romper de modo absoluto con la Corona: la Commonwealth británica de ejemplo.

Su posición en eso no es diferente a la que siempre se mantuvo en Nueva España, Chile o el Río de la Plata: que la América sea independiente pero tenga a un monarca hispano.

Por eso dice Agustín de la Puente Candamo:

(San Martín) no es monarquista de circunstancia, oportunidad o accidente; muy lejos de esto, es un monárquico convencido de la idea y plenamente informado de la realidad en la cual debe aplicarse ...

De ahí que Díaz Araujo sostiene que no hay tal “artimaña para ganar tiempo”:
“La escuela que podría llamarse favorable a San Martín, actúa
con evidente objetividad... Está integrada por argentinos y peruanos y acepta, en primer término, la honestidad que el Protector mantiene en sus proyectos. Paz Soldán dice: «Sus ideas pudieron ser erróneas, pero fueron sinceras y patrióticas. La anarquía de que era presa Buenos Aires y los horrores de la guerra civil que le siguió, le impresionaron profundamente contra el sistema republicano». Hasta Palma, al cual no se le puede recusar por ideas monárquicas, dice: «En San Martín la monarquía era una convicción honrada y ajena a todo propósito de interés personal...».”

Y menciona más ejemplos más ejemplos de historiadores con la misma opinión:

Villanueva... Francisco Javier Mariátegui... Vicuña Mackenna... no lo niega en principio, en tesis, sino para la realidad y medio americanos ... «El Protector era pues, esencialmente monarquista...» ...Bulnes también acompaña a Vicuña... no tanto como historiador, cuanto como defensor vigilante de los intereses de Chile».

Ese cuadro exacto lo completa Ricardo Piccirilli, con este enunciado sobre la Conferencia de Punchauca:

«Punchauca sin dejar resultados prácticos, constituye en su desarrollo un acto fundamental para penetrar el pensamiento monárquico de San Martín...». Narciso M. Vargas, historiador peruano, afirma: «...su espíritu observador le había hecho percibir que los pueblos no estaban preparados para la república». Rafael Larco Herrera, escribe : «Es muy posible que San Martín no estuviera en error queriendo un rey para los que no habían sido nunca sino vasallos». Pedro Dávila y Lisson anota : «El anhelo monarquizante de San Martín fue sano, desinteresado y de gran conveniencia para los peruanos».”



Y ya en la página 156 en adelante Araujo empieza a mostrar cómo San Martín era desfavorable a la república y favorable de la monarquía. Y desarrolla el tema hasta la página 176, donde ya se centra en Punchauca. Así ya en la página 179 dice: “En el juicio de Manuel Abreu, lo que realmente se buscaba era: «encontrar un medio honroso de transigir las diferencias entre España y América» (carta del 23 de marzo de 1821).

Tales proposiciones, siguiendo a Mitre (y al final de la epístola a W.Miller), habían sido miradas como un expediente decir cunstancias y un ardid para engañar a los realistas. Hoy nadie, o casi nadie, admite ya esa tesis.”



Se dice: ¿En serio les parece que San Martín quiso unir lo que, en realidad, ya estaba unido?”

- Sí.

Se cita el ejemplo de Chile para decir que San Martín no buscaba la unión. Bueno, pero se ignora que alegar eso es contradecir la idea del San Martín liberal. En efecto, como dice Piccinali:


no tenían aquí cabida para nada los tres mitos del liberalismo: la soberanía del pueblo, la infalibilidad de la voluntad general y el gobierno por asambleas...

Por lo visto, San MartÍn ni siquiera aceptó la elección por el Ayuntamiento: él impondría por su sola autoridad de caudillo americano no sólo a O 'Higgins como Director Supremo, sino también la independencia de Chile, sin Congreso ni asamblea alguna. La forma de gobierno impuesta era una dictadura militar unipersonal”.

Porque San Martín, como monárquico, pensaba unir América bajo una monarquía, que incluía también a Chile. De ahí dice Eulogio Rojas Mery:

Su sola ambición era obtener la independencia por medio de la implantación de la monarquía, no sólo en el Perú, sino que también con la inclusión de Chile y Argentina...

...el Protector del Perú, dedicó preferente atención a todo lo que contribuyera a fomentar y desarrollar el espíritu monárquico de los peruanos...

San Martín se propuso no sólo dar ambiente al espíritu monarquista del Perú, sino que hacerlo extensivo a toda América. El Sr.Bulnes, en la pág.376 del Tomo II de su Exp.Lib. («Expedición Libertadora al Perú»), dice a este respecto: «Envió Ministros Diplomáticos a diversas secciones de América hispana, encargados de fomentar el sentimiento anti-republicano y de familiarizar a los Gobiernos con la idea de creación de un trono en Lima... ...él creía de buena fe, que la mejor manera de obtener la independencia en Sud América era constituyendo un Gobierno monárquico, tal como había ocurrido en Brasil y en México”.


Por eso podía decir al ministro chileno Joaquín Echeverría el 1 de abril de 1819: “«Mi país es toda la América y mi interés es igual por las Provincias Unidas y Chile”.

Y a Tomás Guido el 20 de octubre de 1845: “Ud. sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano”.


De ahí que estableciera en el Estatuto Provisional que: “Son ciudadanos del Perú los que hayan nacido o nacieren en cualquiera de los Estados de América que hayan jurado la independencia de España”.



Se dice: “Más bien, los "Libertadores" fueron los que provocaron la división y balcanización del continente unificado por Cortés y Pizarro.”

- Cortés y Pizarro no unieron el continente en un Estado-Nación único e indivisible. San Martín y Bolívar siempre buscaron la gran unión americana. Si hasta este último instauró el Congreso de Angostura y la Gran Colombia, por lo que no se entiende que luego digan que “balcanizó”. Cuando es al revés: el alejamiento de los ideales de Bolívar y San Martín es lo que trajo de la balcanización.



Se dice: “No logro entender cómo afirman que combatió los intereses ingleses”

- Por lo mencionado arriba.

Se dice: cuando al pedir su ayuda naval no hizo más que propiciar el dominio británico del Pacífico, abriéndole los puertos de Chile y Perú al libre comercio”

- El libre comercio ya lo había establecido España en el tratado de 1809. Es una completa idiotez quejarse porque lo hiciera San Martín cuando ya existía con España. No solo eso, sino que el mismo Virrey De La Pezuela se valía de otorgar licencias a buques extranjeros para financiar al Ejército, y habría liberalizado el comercio con los ingleses, tal como autorizó la corona en 1818, si no se hubiese opuesto el Consulado de Comercio de Lima en enero de 1819.

Además de que, según las propias ideas económicas del momento y que luego se expresó en la teoría ricardiana, el libre comercio beneficiaba a ambas partes, no solo a una.


Se dice: e incluso permitiendo el saqueo de las riquezas virreinales, como cuando Cochrane se apropió del tesoro de Lima resguardado en su flota.”

- Es fácil contar una media verdad, ignorando que Cochrane se APROPIÓ del tesoro.

¿En serio alguien cree que lo expuesto líneas más arriba es un "mito liberal"?”

-Sí.

Y estoy en mi sano juicio y pleno uso de mis facultades mentales.


viernes, 22 de mayo de 2020

¿Es injusta la redistribución de la riqueza? Una respuesta a Juan Ramón Rallo


  En una ponencia suya organizada por Students For Liberty Alicante, en colaboración con la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Alicante, el economista Juan Ramón Rallo defenderá que la redistribución del ingreso es en sí misma injusta.



Lo central que sostiene Rallo básicamente se reduce a esto:

El Estado no tiene autoridad política: no está legitimado para actuar de manera distinta a como estamos capacitados los individuos para actuar.
Y los individuos deben actuar siguiendo los principios del liberalismo: favorecer la libertad, mantener la propiedad y basarse en la autonomía contractual.

Así, en cuanto a la distribución de los bienes en la sociedad, el liberalismo adopta la visión procedimentalista de la justicia social: si todo el procedimiento o cadena de transacciones que ha llevado a la distribución es justa, la distribución también lo es.

De eso se deduce que redistribuir a través de coacción es injusto.
Aunque es buena la redistribución voluntaria porque es bueno ayudar al otro.
Pero dice que no todo lo bueno tiene que ser obligatorio ni todo lo malo tiene que ser prohibido.
Y que incluso, no todos concordamos en qué es lo bueno y qué es lo malo (incluso en moral), cada cual puede decidir siguiendo sus propios intereses para realizar los propios fines que considere conveniente.

Eso es, pues, lo que sostiene.

Ahora, toda ésta visión está completamente errada. Porque el análisis parte presuponiendo el liberalismo, que muy acertadamente condena León XIII en Libertas praestantissimum.
(Y sí, yo presupongo el catolicismo. Pero por lo menos mi presupuesto es la Verdad misma).

Parte de una pésima antropología: el hombre es un ser enteramente libre que puede hacer lo que quiera, tanto lo bueno como lo malo siempre y cuando "no dañe a otros" (Principio de no agresión). Es libre, y por tanto no es lícito que le prohíban hacer lo que quiera, aunque eso que quiera sea inmoral.

Una visión errada porque el hombre tiene una ley natural a la que debe seguir y de la que no es lícito apartarse. En eso, el hombre no tiene derecho a hacer el mal (ej: drogarse, que menciona J.R. Rallo), porque no tiene derecho a autodegradarse.

Después: tiene una idea puramente material del hombre; los intereses de los hombres son variados y se reducen a esta vida.

Falso también. Porque el hombre tiene un fin último, la felicidad/la bienaventuranza, a la que está llamada. Por lo que sus fines contingentes han de someterse a su fin trascendente.

A esto se suma que los tres principios no son del todo correctos.
Sobre la propiedad, dice que es un derecho absoluto. Pero no es así, el único que tiene derecho absoluto de la propiedad es Dios, quien lo da a los hombres para que lo administren y gocen de la propiedad.
Y en esto que lo dio a la humanidad entera, para que todo gocen de ella.
Pero desde su concepción liberal, no reconoce una obligación moral en conciencia del socorrer al prójimo en sus necesidades. Sí, menciona que el derecho a la vida está por el de propiedad y en eso un necesitado puede hurtar para no morir de hambre. Pero también dice que el necesitado igualmente tiene que indemnizar de algún modo, por lo que implícitamente no está reconociendo ningún deber moral para con el prójimo.
Es decir, el hambriento puede hurtar para vivir pero aun así está obligado a indemnizar; el que más bienes tiene no tiene ninguna obligación moral de asistir al necesitado, por lo que cualquier perjuro a su propiedad debe ser indemnizado.

Como parte de esas tres cosas erradas (ignorar el fin trascendente del hombre; pensar que tiene derecho a hacer lo que quiera, incluso lo inmoral; los derechos principios absolutos del liberalismo), tiene en consecuencia una visión errada del fin de la ley y de la sociedad civil.

Sostiene: La ley no debe prohibir lo que es malo ni debe mandar lo que es bueno, porque de todas formas no todos coincidimos sobre lo que es bueno o malo, no hay que pretender tener la verdad absoluta.

Primero: eso es autocontradictorio. Porque para empezar, el mismo liberalismo sostiene una moral sobre lo que es bueno y malo, simplemente que de forma minimalista considera lo malo como la violación a los 3 derechos naturales, y todos los demás actos los deja neutrales; no los considera malos.
Pero ahí ya hay un tipo de moral que se quiere imponer, y que se pretenda que sea la moral reguladora de la sociedad.
Entonces, todos tenemos una moral, y necesariamente hay una moral verdadera. Y como lo hay, puede ser conocida.
Y ésta moral es la moral cristiana.

Segundo: porque como parte de esa mala moral ignorando la verdadera moral cristiana, su concepción no se sigue. Porque supone que la ley solo está para resguardar esos tres derechos naturales para que los miembros de la sociedad puedan cumplir sus intereses para fines hedonistas.
Como bien nos dice Santo Tomás de Aquino, la ley (sea cual sea) es la norma de la razón que le dice cómo actuar para llegar a un determinado fin.
En eso que el hombre tiene una ley moral-natural que debe cumplir para llegar a su fin último: la bienaventuranza. Por lo que toda ley busca hacer buenos a los hombres, y se hacen éstos buenos sometiéndose a la ley, que regia la razón.

Y toda ley positiva se deriva de la ley natural.
Por lo que la sociedad política, constituida para el bien de los hombres, también debe tender no solo al bien material sino también al espiritual.
Y en esto que la ley positiva busca hacer buenos a los hombres prescribiendo los actos virtuosos y prohibiendo los viciosos.
Así que es falso lo que dice el señor Rallo. La ley sí puede mandar lo que es bueno y sí puede prohibir lo que es malo.
Porque de hecho, la penalización de actos que violan los tres derechos naturales se basa en que son actos malos, viciosos; y por tanto, dignos de reprensión.
Simplemente que lo "malo" no se limita al principio de no agresión, sino que va más allá. Emborracharse, drogarse, mutilarse, sodomizar, etc, son actos malos que la ley puede penalizar.

Con ese establecido, es claro que la ley SÍ puede prescribir actos virtuosos, como establecer contribuciones para que recursos vayan de los sectores más estables y ricos a los menos estables y más desfavorecidos. Y la ley sí puede hacer eso porque existe una obligación moral ineludible de que los que más tienen asistan a los que menos tienen; y la ley puede hacer cumplir eso por la redistribución.
Y eso no es injusticia, sino precisamente cumplimiento de la justicia. Injusticia sería que el que tiene bienes no asista con ellos a los que necesita (Ejemplo de eso, la parábola del pobre Lázaro y el rico epulón).
Podrá objetarse: "Pero no se puede hacer bueno a alguien mediante la coerción. Mejor inducirlo voluntariamente".
Y eso ya lo responde Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, Parte I-II, c. 95, a. 1, r. 1).
La ley sirve como disciplina, que a veces es necesaria para alcanzar la virtud. Por otro lado, el problema no son los que tienen más aptitud para la virtud, sino los predispuestos para el vicio. Y éstos solo por la coerción pueden ser movidos a la virtud.
Si todo se solucionara voluntariamente, simplemente no habría pobreza, ni indigencia ni necesitados.

miércoles, 29 de abril de 2020

Respuesta, a blog monárquico, sobre las islas Malvinas



“The first people to land on the islands were British sailors in 1690”

Falso.
En principio, vemos cómo ya se va cambiando el argumento en defensa de la soberanía británica. Antes era “los ingleses fueron los primeros en descubrir las islas, John Davis las descubrió en 1592”.
Ahora, dado lo falso de ese argumento (porque ya aparece en mapas portugueses y españoles desde antes de 1592) se ha ignorado y se apela a que los ingleses fueron los primeros en desembarcar en la isla.
Si hablamos de desembarco, en las islas ya habían desembarcado españoles de la nave “Incógnita”, parte de la Armada del obispo de Plasencia, en 1540.

Además, si queremos decir que los ingleses tenían derecho sobre las islas porque establecieron una colonia y la reclamaron para Gran Bretaña en 1765 (el “llegaron primero”), igual tampoco sirve ese argumento, porque fue una ocupación tardía: ya se habían establecido los franceses. Por lo que los franceses “llegaron primero”.
Por tanto, bajo ese argumento, la soberanía habría sido francesa, no inglesa. Y Francia luego otorgó la soberanía a España.
Por lo que la ocupación británica fue ilícita, clandestina y tardía.

Se dice: “The problem, or at least one of them, is that the very status of the United Provinces was unclear at the time as is the connection it holds to the country of Argentina today.”

Eso es falso.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata es la misma Argentina actual: mismo territorio, mismos símbolos patrios (bandera, escudo, himno)...
Así como Inglaterra es la misma por más de hacerse hereje con Enrique VIII y republicana con Cromwell, y unirse con Escocia en 1707, no deja de haber una clara continuación entre aquel país del sur que declaró su independencia en 1816 y el actual, por más que cambiara de gobierno y constitución (tal como Inglaterra).
Cuando los ingleses usurparon las islas en 1833, las mismas estaban bajo jurisdicción de la Confederación Argentina. ¿Diferencia entre la Confederación Argentina y la República Argentina actual? Solo una constitución de 1853 que reorganiza de forma distinta el país.
No tiene nada que ver que Bolivia y Paraguay se separaran de las Provincias Unidas. Primero, porque Bolivia se separó por voto de las provincias de su propio territorio y con acuerdo del gobierno argentino; es decir, Bolivia se separó de las Provincias Unidas/Argentina; no Argentina de Bolivia. Segundo, porque ocurre lo mismo con Paraguay, e incluso el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en la Confederación Argentina, seguía considerando a Paraguay como parte de la Confederación, simplemente que esperaba la reintegración voluntaria.
Por lo que fueron Bolivia y Paraguay los que se separaron de algo llamado “Provincias Unidas”, que era conocido como “Argentina”, y que posteriormente cambió su nombre como tal.

Incluso con la descentralización en 1820, no dejó de considerarse como Un solo país, y el paso de las “Provincias Unidas” a la “Confederación Argentina” solo es un cambio de constitución: de organización del país y de atribución de poderes. Así como Inglaterra no dejaba de ser tal por pasar de tener un rey a tener un consejo de Estado o Lord protector, Argentina no deja de se tal por pasar de tener un Director Supremo a un Gobernador provincial encargado de las relaciones exteriores de la República.


Se dice: “The United Provinces were formed, usurping authority from the Spanish Viceroy, in 1810”

Falso.
No se “usurpó” el poder a ningún Virrey porque su autoridad ya había caducado de derecho (ejem ejem silogismo de Chuquisaca ejem). Y en consecuencia, el Cabildo abierto que convocó el mismo Virrey votó su deposición y la conformación de una junta de gobierno. No hay usurpación.

Después, que Gran Bretaña reconociera su independencia en 1823, solo nos muestra una apuñalada por la espalda: Por un lado reconoce la independencia y por el otro luego le usurpa un territorio (1823, cuando las Malvinas ya habían sido ocupadas por los argentinos).
Además en un acto de tremenda cobardía: sin ninguna declaración de guerra, sin ninguna queja por la anterior ocupación argentina, sin ningún aviso.
En serio, ¿por qué quieren defender la ocupación británica? Solo porque los británicos tienen monarquía. Olvidando que Reino Unido es una nación hereje y Argentina una nación católica.

Y no tiene nada que ver que España no hubiese reconocido la independencia argentina hasta 1857. No fue España quien fue a invadir las Malvinas. Fueron los propios británicos, que sí habían reconocido la independencia y que no se quejaron en ningún momento de la ocupación argentina.



Ahora, comparar la ocupación argentina con la inglesa es una falacia de falsa analogía, porque claramente NO son lo mismo. Y reducir lo que argumenta la Argentina a “poner una bandera y ocuparla” es un hombre de paja, porque se basa en mucho más que eso:
1. Los ingleses ya habían intentado asentarse en las islas en 1745 bajo el argumento de que las habían descubierto, y España les respondió que ellos primero las habían avistado y además que estaban bajo área de influencia española. Y eso fue suficiente para paralizar el intento de expedición inglesa. Por lo que tácitamente aceptaron los argumentos españoles.
2. Los primeros ocupantes fueron los franceses, que trasladaron la soberanía a España porque reconocieron que le pertenecía.
3. Los ingleses llegaron cuando ya habían sido ocupadas por los franceses y trasladada la soberanía a España. Por lo que llegaron a tierra ya ocupada y reclamada. Y no sirve alegar que no conocían la presencia francesa, porque igualmente estaban al tanto del reclamo español; y además porque su desconocimiento no niega la realidad del asentamiento francés y el reconocimiento francés de la soberanía española.
4. Permanecieron un brevísimo período de tiempo hasta que se fueron, y después no hubo ninguna disputa con España sobre la soberanía de las islas. En vistas de eso, la soberanía quedó efectivamente en manos de España.

5. Las islas estuvieron bajo jurisdicción de la Intendencia de Buenos Aires, y si pertenecen a la Argentina es por el principio uti possidetis iuris; es decir, por la conservación de las fronteras ya existentes antes de la independencia.
6. El mismo Reino Unido reconoció la independencia Argentina, cuando la misma ya ocupaba las islas, y no hizo ningún reclamo.

Por tanto, en nada se puede comparar la ocupación británica a la argentina, porque los británicos no ocuparon terra nullius, sino una tierra ya ocupada y perteneciente a una nación a la cual reconocieron. Argentina no ocupó el territorio de un país que reconoció, sino que aplicó el principio uti possidetis iuris y ocupó una tierra que le pertenecía.
Y encima hasta sería distinta la ocupación argentina a la inglesa. Los argentinos por lo menos estaban en guerra contra España. ¿Los ingleses? Atacaron por la espalda, en tiempos de paz.
Por lo que la ocupación británica es ilícita (y por tanto, distinta a la ocupación argentina).

Además es bien absurdo querer decir que Argentina era un país rebelde que usurpó por la fuerza territorio español. Decir eso simplemente quiere implicar alguna de éstas dos cosas:
A) Justificar la actuación inglesa de usurpación, apelando a que los argentinos hicieron lo mismo (y por tanto, decir que los argentinos caen en una falacia taxi cab).
B) Des-legitimar el reclamo argentino, y por tanto legitimar la ocupación inglesa.

Y cualquiera de esos dos alegatos son absurdos por lo ya visto.
Argentina no nació como país “rebelde” (es decir, ilegítimo). Al virrey se lo depuso en un Cabildo Abierto, y se aplicó la teoría de la retroversión a los pueblos de la soberanía (silogismo de Chuquisaca) a falta de monarca. Hay tanta “usurpación de tierra por la fuerza” por parte del gobierno argentino como lo había por parte de los españoles que conquistaban tierras a los franceses, y a los cuales los ingleses apoyaban. Es decir, que se conquistaba la tierra en manos de autoridades ilegítimas, que habían caducado de derecho.
Además, qué comparación tan falaz: una cosa es conquistar territorio en medio de una guerra, donde ahí está precisamente la gracia (son dos bandos peleando entre sí buscando ganar terreno); y otra es conquistar el territorio de otra nación en tiempos de paz y sin ningún aviso, aprovechándose de la debilidad.
Y falaz también porque el mismo Reino Unido reconoció la independencia de “esos rebeldes” que habían declarado su independencia. Por lo que la acción de los ingleses fue tan arbitraria como que el Reino de Francia, después de reconocer la independencia estadounidense en 1778, les conquistara todo Georgia al sur del río Altamaha en 1783.



domingo, 5 de enero de 2020

Yo soy el Alfa y el Omega, dice el Señor.



Los testigos de Jehová, queriendo hacer una distinción de naturaleza entre Dios y el Hijo, dicen que Dios es Todopoderoso, mientras que a Jesús en ningún momento en la Escritura se le llama así.
Pero ésto obviamente es falso, y puede demostrarse por lo que dice Apocalipsis.


Dice el Apocalipsis que Dios, que está sentado en su trono, es el Alfa y el Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
Ésto es aceptado por los testigos de Jehová, y ellos interpretan estas palabras así:
“¿En qué sentido? Él era el Todopoderoso en el pasado infinito y seguirá siéndolo para siempre. Él es el único que existe “de tiempo indefinido a tiempo indefinido” (Salmo 90:2).”


Por tanto, que a Dios se lo llame Alfa y Omega, Primero y Último, Principio y Fin, se debe a uno de sus atributos de la Naturaleza Divina: la eternidad.

Ahora bien. “Alfa y Omega” se le llama a Dios en Apocalipsis 1,8:
“YO SOY el Alfa y la Omega: principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
En ese mismo versículo se deja ver algo más: que el que es Alfa y Omega, Principio y Fin es Todopoderoso.

Por lo que eternidad y omnipotencia van de la mano, y el que es Alfa y Omega, Primero y Último, Principio y Fin, es de Naturaleza Divina: es Dios.


Dos versículos aplican los conceptos “Alfa y Omega” o “Primero y Último” a Jesús, y los mismos son:
Apocalipsis 1,17-18: “No temas. Yo soy el primero y el último y el que vive. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos.
Apocalipsis 22,13: “Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último, el principio y el fin”.

¿Qué tienen los testigos de Jehová para ir contra ésto?
Sobre la primera cita, que “primero y último” se aplica en dos situaciones distintas, que no es lo mismo cuando se aplica a Jesús que cuando se aplica a Dios. Cuando se aplica a Dios se refiere a la eternidad, pero cuando se aplica a Jesús se refiere a que él fue el primer resucitado glorioso y el último resucitado directamente por Dios.
Sobre la segunda cita, dicen que el texto es ambiguo y en ningún momento se aclara a quién se está refiriendo. Y que, por tanto, ha de aplicarse a quien ya se ha dicho que es el “Alfa y Omega”, o sea, solo a Jehová, el que está sentado en el trono.

Sobre ésto último, recordemos que Apocalipsis dice que el que esta sentado en el Trono es Dios, y con Él está el Cordero.

Vamos a desgranar un poco las cosas.
Si “Alfa y Omega” y “Primero y Último” se refieren a la eternidad, no puede excluirse de ello al Hijo, porque el Hijo TAMBIÉN es eterno.
¿Y cómo se demuestra ésto? Por lo que dice Hebreos 7,3, comparando a Melquisedec con Cristo:
"Aparece sin padre, sin madre, sin genealogía; no hay comienzo ni final en su existencia. En esto se parece al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre" Hebreos 7,3.
Alguno podrá objetar: “Pero Melquisedec se parece al Hijo de Dios en tanto y en cuanto permanece sacerdote para siempre como el Hijo, no porque ambos sean sin comienzo ni final en la existencia”.
A ésto se responde que ni siquiera se comprendió el versículo. Si Melquisedec permanece sacerdote para siempre es precisamente por lo que se dijo antes: “no hay comienzo ni final en su existencia”. Debido a ello es sacerdote para siempre.

¿Aún así no basta? Pues vayamos a Hebreos 1,10-12, en donde el autor menciona aquellas partes del Antiguo Testamento en donde se habla del Hijo:
“Y también (se dice del Hijo): Tú, Señor, en los comienzos cimentaste la tierra, y los cielos son obras de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; todos envejecerán como ropa, los enrollarás como manto, serán como ropa que se muda, pero tú eres siempre el mismo, y tus años no se acabarán”.

Ahora, ¿a quién se está refiriendo esta cita del Antiguo Testamento? ¡A Dios mismo! Es el Salmo 102.
Y es claro que se refiere a la inmutabilidad y eternidad de Dios. Todo perece y Dios permanece, porque Dios es eterno e inmutable.
Cuando presenté ésto a un testigo de Jehová, preguntándole además si lo que se dice de Dios puede ser aplicado a Jesús, me salió con que no hay ningún problema en el texto porque efectivamente el Hijo es eterno, pero eterno en el futuro. Una objeción absurda, porque cuando se habla de tal manera sobre Dios (todos envejecerán, pero tú eres siempre el mismo, tus años no se acabarán, tu permaneces, tú en los comienzos cimentaste la tierra, etc) lo mismo no puede ser aplicado a las criaturas, porque se está diciendo algo que solamente se aplica a Dios.

Se refiere a la eternidad e inmutabilidad, no solo a ser “eterno en el futuro” (es decir, no ser corruptible), porque si es el caso eso también es atributo de los espíritus (ángeles y demonios), que una vez que son creados existen para siempre (“siempre” en el “futuro”, porque no son eternos, comenzaron a existir) y por tanto no aventajarían en nada a Dios.
Pero no, lo que hace el Salmo 102 es resaltar la eternidad y la inmutabilidad que solo son atributos de Dios y que no puede aplicarse a ninguna criatura.

Los años de Dios no terminan porque Él es eterno, y eso lo que dice el Salmo y que San Pablo en Hebreos retoma.
Eso se puede ver por la cita anterior que hace el autor de Hebreos, citando el Salmo 45, diciendo:
“Y en cambio, respecto del Hijo: Tu trono, Oh Dios, subsiste para siempre”.
Este “pare siempre” no es solo en el futuro, sino en la eternidad.
Porque si es el caso de que no se refiere a la eternidad, entonces los testigos de Jehová tendrían que explicar si Dios es eterno o no, ya que ellos traducen en vez de “Oh Dios”, como “El Dios”, quedando entonces que el Trono del Hijo, El Dios, subsiste para siempre.

Entonces, “El Dios”, que es trono del Hijo, ¿subsiste o no para siempre?
Si la respuesta es sí, se sigue entonces que la cita siguiente de Hebreos al Salmo 102 TAMBIÉN se refiere a la eternidad del hijo, porque aplica el mismo concepto: “pero Tú eres siempre el mismo, y tus años no se acabarán”.
Y por tanto, deberán aceptar que el Hijo es eterno.

Si dicen que “El Dios” no es eterno, entonces niegan lo más básico de la fe.
Y más gracioso aún, tienen que aceptar la primera interpretación y por tanto aceptar que el Hijo es eterno; porque si interpretaran como nosotros el texto y que se traduce “Tu trono, Oh Dios” (refiriéndose con “Oh Dios” al Hijo) entonces tendrían que aceptar que al Hijo se le llama Dios igual que al Padre.

Hebreos 1,10-12 y Hebreos 7,3; dos citas que demuestran que el Hijo es eterno e inmutable.
Y si todavía queda alguna duda, Hebreos 13,8 entonces: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”.

¿No basta todavía? Entonces que hable el profeta Isaías: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, que lleva al hombro el principado y es su nombre: Consejero-Portentoso, Héroe-Divino, Padre-Sempiterno, Príncipe de paz” (Isaías 9,6).

Al Hijo se le llama “Padre Sempiterno”, y no porque sea la misma persona que el Padre, sino porque está en su naturaleza la eternidad.



Por tanto, se demostró que Jesús tiene el atributo de la eternidad y por tanto NO puede quedar excluido del ser “Alfa y Omega”.

Alguien recibe y obra conforme a su naturaleza, y conforme a su naturaleza se le aplican títulos o nombres.
Así, repasemos, entonces, qué es lo que Dios recibe y cómo se le trata:
“Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder. Porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4,11).

Ahora, ¿qué recibe el Cordero degollado, el Hijo?:
“Digno es el Cordero que fue degollado de recibir el poder y la riqueza y la sabiduría y la fortaleza y el honor y la gloria y la bendición” (Apocalipsis 5,12).

Podrá objetarse: “Bueno, pero no es lo mismo el grado en que se da el honor, la gloria y el poder al Hijo que el que se lo dá a Dios. Porque incluso San Pablo dice que hay que dar honor y gloria a todo el que hace lo bueno”.

Lástima que ésta objeción se caiga por lo que a continuación dice Apocalipsis:
“Y todos los seres creados que están en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y todo cuando en éstos hay, oí que decían:
Al que está sentado en el trono y al Cordero, la bendición y el honor y la gloria y la fortaleza por los siglos de los siglos.
Y los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los ancianos se postraron y adoraron” (Apocalipsis 5,13-14).

Y este “se postraron y adoraron” no hace distinción entre uno y otro. Cuando se va a adorar a Dios se postran y mencionan básicamente las mismas palabras en otro sitio, en Apocalipsis 7,11-12:
“Y todos los ángeles.... se postraron ante el trono y adoraron a Dios, diciendo: Amén, la bendición y la gloria, la sabiduría y la acción de gracias, y el honor y el poder y la fortaleza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos”.

El Hijo no recibe en modo inferior a Dios, sino que recibe igual que Él.
Jesús, ¿tiene todo el poder? Sí, lo dice Él mismo: “Se me ha conferido todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28,18).
Jesús, ¿tiene toda la sabiduría? Sí, lo dice el Apóstol: “En quien se encuentran, escondidos, todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2,3).
Reúne éstos dos atributos luego el Apóstol al aplicarlos a Jesús: “Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1,24).

Ahora, ¿de verdad puede recibir el Hijo menos que el Padre, cuando él mismo dice que hay que honrarlo a él IGUAL al Padre?
“A fin de que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Juan 5,23).

Así que el Hijo tiene todo el poder, toda la sabiduría y toda la honra, y a su vez es eterno e inmutable. ¿Por qué? Porque es igual a Dios por naturaleza
“Porque Él, existiendo en la forma de Dios, no tomó su igualdad con Dios como cosa a la que aferrarse” (Filipenses 2,6).

Y el Hijo, como es igual al Padre, se sienta a su diestra con su misma gloria:
“Padre, glorifíciamente a tu lado con la gloria que tenía desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17,5).

Por lo que recibe el mismo poder, sabiduría, honra, gloria y adoración que el Padre.

Así, pues, son los testigos de Jehová los que tendrían que explicar porqué no se puede aplicar “Alfa y Omega” al Hijo.


Ahora, no solo el Padre está sentado en el Trono, desde donde sale la voz que dice “Yo soy el Alfa y el Omega...”, sino también EL HIJO.

Lo dice explícitamente el Apocalipsis, cuando el Hijo dice:
“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (Apocalipsis 3,21).

Una objeción que se podría presentar es: “Pero el Hijo se sienta en el trono del Padre como nosotros nos sentamos en el trono del Hijo, y no por eso somos Dios. Se sigue, por tanto, que el hecho de que el Hijo se siente en el trono del Padre no le hace igual a Él”.
Pero tal objeción es falaz.
Porque Cristo tiene dos naturaleza: Humana y Divina. En su naturaleza divina, es igual al Padre y por ello se dice que está sentado en su trono. En cuanto a su naturaleza humana, la misma fue glorificada (“Por lo cual a su vez Dios lo exaltó, y le concedió el nombre que está sobre todo nombre”), y por eso se dice que tiene “su trono” y que en él nos sentaremos nosotros si vencemos, porque nuestra naturaleza humana también será glorificada.


Cristo se sienta en su trono CON SU PADRE. Y es así que en el último capítulo del libro se habla indistintamente del Trono de Dios y del Cordero:
“Ya no habrá condenación contra nadie, y estará en ella el trono de Dios y del Cordero” (Apocalipsis 22,3).
Es ahí que luego el texto menciona que Dios envió a su ángel, ante el cual San Juan cae para adorar y es reprendido por el ángel diciéndole que adore solo a Dios (curioso que no pasó lo mismo cuando el cielo y la tierra se postraban y adoraban indistintamente a Dios y al Cordero), y viene luego el mensaje del ÁngeL “Mirad: vengo en seguida; y traigo aquí el salario conmigo, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y el omega, el Primero y el último, el Principio y el Fin” (Apocalipsis 22,12-13).
Luego, al final, dice: “Yo, Jesús, envié mi ángel para atestiguar éstas cosas ante las iglesias” (Apocalipsis 22,16).

El texto no es ambiguo, como pretenden los testigos de Jehová. Eso solo porque quieren hacer a priori una distinción de naturaleza entre el Padre y el Hijo.
Por lo visto anteriormente, el que está sentado en el Trono es Dios y el Cordero. En otros versículos aparece que el Cordero está en medio del trono. En el resto del Nuevo Testamento se dice que el Hijo se sentó a la diestra del Padre.
La idea es una y la misma: la consubstancialidad del Padre y el Hijo.

Así que el Alfa y el Omega es tanto el Hijo como el Padre, porque el Hijo ES igual al Padre, y de Él recibió la Naturaleza.
Como el Hijo recibió la Naturaleza del Padre, se sigue que Él es Todopoderoso.


Y por eso, se puede ver que al Hijo se le da TODO EL PODER, y por tanto, es TODOPODEROSO, como ya se vio:
“Digno es el Cordero que fue degollado de recibir el poder y la riqueza y la sabiduría y la fortaleza y el honor y la gloria y la bendición” (Apocalipsis 5,12).

“Y todos los seres creados que están en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y todo cuando en éstos hay, oí que decían:
Al que está sentado en el trono y al Cordero, la bendición y el honor y la gloria y la fortaleza por los siglos de los siglos.
Y los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los ancianos se postraron y adoraron” (Apocalipsis 5,13-14).

“Se me ha conferido todo poder en el cielo y en la tierra (Mateo 28,18).

Todo lo que tiene el Padre lo tiene el Hijo. Si el Padre tiene TODO EL PODER, se sigue que el Hijo TAMBIÉN lo tiene, porque el Hijo OBRA IGUAL QUE EL PADRE. Y si es así, se sigue que es con el mismo poder, pues si así no fuese sería falso que obrara igual que Él.

“Nada puede hacer el Hijo por sí mismo, como ve hacer al Padre; porque lo que hace éste, también lo hace el Hijo de modo semejante. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace" (Juan 5,19-20).

Y como seguramente alguien interpretará por aquello de “nada puede hacer el Hijo por sí mismo” como si no fuera Todopoderoso porque hace como ve hacer al Padre, desde ya no entiende lo que dice el Señor.
Porque el Hijo precisamente es Todopoderoso porque hace lo que ve hacer al Padre, porque del Padre recibió el Hijo su naturaleza al ser engendrado por Él.

Y ya como última objeción de los testigos de Jehová: ¿Por qué nunca se llama a Jesús explícitamente “Todopoderoso”?
Respuesta: Por el simple hecho de que NO es necesario. Porque toman un término arbitrario ignorando todo lo demás. Que el Hijo sea Todopoderoso se puede ver si necesidad de que se le aplique el adjetivo de modo explícito, porque el mismo ya aparece reflejado de otras maneras, como cuando dice que se le dio toda potestad en el cielo y en la tierra, o cuando dice que hace como ve hacer al Padre.

sábado, 4 de enero de 2020

Santo Tomás de Aquino refuta a Arrio y a sus hijos testigos de Jehová


En base a lo que escribe Santo Tomás de Aquino en los capítulos 6, 7 y 8 del libro IV de la Suma contra los Gentiles.


Argumentos que demuestran que el Hijo es Dios:


1. Pues cuando la Divina Escritura llama Hijo de Dios a Cristo e hijos de Dios a los ángeles, es por distinta razón. Por lo cual dice el Apóstol: “Pues ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy?” Cosa que afirma fue dicha a Cristo. Ahora bien, según la opinión aludida, por la misma razón se llamarían hijos los ángeles y Cristo, ya que a ambos competiría el título de filiación conforme a la sublimidad de naturaleza en que fueron creados por Dios.

Y no hay inconveniente en que Cristo sea de una naturaleza superior a la de todos los ángeles, porque entre los ángeles también hay diversos órdenes, como consta por lo dicho (l. 3, c. 80); y, sin embargo, a todos compete la misma razón de filiación. Luego Cristo no se llama Hijo de Dios con arreglo a lo que afirma dicha opinión.

2. Asimismo, como por razón de creación convenga el título de la filiación divina a muchos, o sea, a todos los ángeles y santos, si Cristo se llama también Hijo por la misma razón, no sería “Unigénito”, aunque por la excelencia de su naturaleza podría llamarse “Primogénito” entre los demás. Pero la Escritura afirma que Él es Unigénito: “Y le vimos como Unigénito del Padre”. Luego no se llama Hijo de Dios por razón de la creación.

3. Además, el título de filiación responde propia y verdaderamente a la generación de los vivientes, en los cuales el engendrado procede de la substancia del generante. Por otra parte, cuando llamamos hijos a los discípulos o a quienes están a nuestro cuidado, el título de filiación no responde a la realidad, sino más bien a cierta razón de semejanza. Luego si Cristo se llamase Hijo únicamente por razón de creación, como lo que es creado por Dios no procede de su divina substancia, Cristo no podría llamarse en verdad Hijo de Dios. Ahora bien, Cristo es llamado verdadero Hijo: “Para que estemos -dice San Juan- en su verdadero Hijo, Jesucristo”. Luego no es llamado Hijo de Dios como creado por Dios en la más excelente naturaleza, sino como engendrado de la substancia de Dios.

Además, si Cristo se llamase Hijo por razón de creación, no sería verdadero Dios, ya que nada creado puede llamarse Dios si no es por cierta semejanza con Él. Pero el mismo Jesucristo es verdadero Dios, porque cuando Juan dijo: “Para que estemos en su verdadero Hijo”, añadió: “Él es el verdadero Dios y la vida eterna”. Luego Cristo no se llama Hijo de Dios por razón de creación.

4. Además, dice el Apóstol: “De quienes procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos, amén”; y también: “Con la bienaventurada esperanza en la venida gloriosa del gran Dios y de nuestro Salvador, Cristo Jesús”. Y además se dice: “Yo suscitaré a David un Vástago de justicia”; y luego se añade: “Y el nombre con que le llamarán será éste: Yavé, nuestra justicia”; poniendo en hebreo la palabra “tetragrámaton”, la cual es indudable que se dice sólo de Dios. Por lo cual se ve que el Hijo de Dios es verdadero Dios.

5. Además, si Cristo es verdadero Hijo, síguese necesariamente que es verdadero Dios. Porque no puede llamarse en verdad Hijo lo que procede de otro, aunque nazca de la substancia del generante, si no es semejante específicamente al generante; pues es preciso que el hijo del hombre sea hombre. Luego si Cristo es verdadero Hijo de Dios, es necesario que sea verdadero Dios. Por lo tanto, no es algo creado.

6. Asimismo, ninguna criatura recibe toda da plenitud de la bondad divina; porque, como consta por lo dicho (c. 1), las perfecciones divinas van de Dios a las criaturas, como descendiendo. Mas Cristo tiene en sí toda la plenitud de la divina bondad, porque dice el Apóstol: “En Cristo habita toda la plenitud de la divinidad”. Luego Cristo no es criatura.

7. Aún más. Por más que el entendimiento del ángel tenga un conocimiento más perfecto que el entendimiento del hombre, sin embargo es muy inferior al entendimiento divino. En cambio, el entendimiento de Cristo no es al conocer inferior al entendimiento divino. Pues se dice que “en Cristo se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”. Luego Cristo, Hijo de Dios, no es una criatura.

8. Además, todo cuanto Dios posee en Sí mismo es su esencia, como se explicó en el libro 1 (c. 21 s.). Ahora bien, todo cuanto tiene el Padre es del Hijo, puesto que el mismo Hijo dice: “Todo cuanto tiene el Padre es mío”; y, hablando con el Padre, dice: “Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo, mío”. Luego son idénticas la esencia y naturaleza del Padre y la del Hijo. Por lo tanto, el Hijo no es una criatura.

9. Además, el Apóstol dice que antes de que se anonadase a sí mismo tomando la forma de siervo, existía “en la forma de Dios”. Mas por forma de Dios no se entiende otra cosa que la naturaleza divina, así como por forma de siervo no se entiende más que la naturaleza humana. Luego es Hijo en la naturaleza divina. No es, pues, criatura.

10. Asimismo, nada creado puede ser igual a Dios; mas el Hijo es igual al Padre. Pues se dice: “Los judíos buscaban con más ahínco matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios”. Pues bien, la narración del evangelista, “cuyo testimonio es verdadero”, es que Cristo se llamaba Hijo de Dios e igual al Padre, por lo cual los judíos le perseguían. Ningún cristiano duda de que lo que Cristo dijo de sí es verdadero, al decir el Apóstol: “No tuvo por usurpación el ser igual al Padre”. Luego el Hijo es igual al Padre. Por lo tanto, no es una criatura.

11. Además, se lee en el Salmo que nadie, ni aun entre los ángeles, que son llamados hijos de Dios, tiene ninguna semejanza con Dios. Dice: “¿Quién semejante a Yahvé entre los hijos de los dioses?” Y en otra parte: “¡Oh Dios!, ¿quién será semejante a ti?” Lo cual hay que entenderlo de una semejanza perfecta, según se ve por lo dicho en el libro 1 (c. 29). Pero Cristo demostró su perfecta semejanza con el Padre incluso en el vivir; pues se dice: “Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, así dio también al Hijo tener vida en sí mismo”. Luego Cristo no se ha de incluir entre los hijos creados de Dios.

12. Aún más: ninguna substancia creada representa a Dios en cuanto a substancia; ya que todo cuanto se ve de la perfección de cualquier criatura es menos que lo que es Dios. Luego por ninguna se puede conocer o saber la esencia de Dios. Mas el Hijo representa al Padre, puesto que de Él dice el Apóstol que “es la imagen de Dios invisible”. Y para que no se crea que es una imagen deficiente, que no representa la esencia de Dios, y por la que no se pueda conocer “qué es” Dios, igual como el hombre se dice “imagen de Dios”, se hace ver que es una imagen perfecta, que representa la misma substancia de Dios, cuando dice el Apóstol que “es el esplendor de su gloria y la imagen de su substancia”. Luego el Hijo no es una criatura.

13. Además, lo que pertenece a un género no puede ser causa universal de cuanto está comprendido en él; por ejemplo, el hombre no puede ser causa universal de los hombres, porque nada es causa de sí mismo. El sol, sin embargo, como no pertenece al género humano, es causa universal de la generación humana; como lo es Dios, en último término. Pero el Hijo es causa universal de las criaturas, porque se dice: “Todas las cosas fueron hechas por Él”; igualmente dice la Sabiduría engendrada: “Estaba yo con Él como arquitecto”. Y el Apóstol dice: “En Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra”. Luego El no pertenece al género de las criaturas.

14. Igualmente, es evidente, por lo demostrado en el libro 2 (c. 98), que las substancias incorpóreas, que llamamos ángeles, no pueden ser hechas más que por creación. También se demostró (c. 21) que ninguna substancia puede crear, sino solamente Dios. Ahora bien, el Hijo de Dios, Jesucristo, es causa de los ángeles al darles el ser, porque dice el Apóstol: “Los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades, todo fue creado por Él y para Él”. Luego el Hijo no es una criatura.

15. Además, como la acción de cualquier cosa sigue a la naturaleza de la misma, a quien no le pertenezca tal naturaleza tampoco le pertenecerá su propia acción; por ejemplo, quien no pertenece a la especie humana carece de acción humana. Mas las acciones propias de Dios convienen al Hijo, como el crear (conforme ya se demostró), el mantener y conservar todas las cosas en el ser; también el borrar los pecados, lo cual es propio de Dios, como consta por lo dicho (l. 3, cc. 65, 157). Puesto que se dice del Hijo: “Todo subsiste en Él”; y también se dice que con su poderosa palabra sustenta todas las cosas, después de hacer la purificación de los pecados”. Luego el Hijo de Dios es de naturaleza divina y no una criatura.

Mas como Arrio podría decir que el Hijo hace todo esto no como agente principal, sino como instrumento del agente principal, que no obra en virtud propia, sino sólo en virtud del agente principal, el Señor rechaza esta dificultad diciendo: “Lo que hace el Padre lo hace igualmente el Hijo”. Luego, así como el Padre obra por sí mismo y en virtud propia, así también el Hijo.

De este texto se deduce, además, que son idénticos la fuerza y poder del Hijo y del Padre. Ya que no sólo dice que el Hijo obra igualmente que el Padre, sino que “lo mismo e igualmente”. Ahora bien, dos agentes no pueden hacer una misma cosa del mismo modo; porque o la hacen de modo desigual, como cuando el agente principal y el instrumento hacen la misma cosa, o, de hacerla de un modo igual, es preciso que convengan en un solo poder. Y este poder unas veces es el resultado de diversas fuerzas en diversos agentes, como se ve en muchos que arrastran una nave; porque todos la arrastran igualmente; mas, como el poder de cada uno es imperfecto e insuficiente para el efecto, con la reunión de todos se hace un poder común que basta para arrastrar la nave. Pero esto no puede decirse del Padre y del Hijo. Pues el poder del Padre no es imperfecto, sino infinito, como se demostró en el libro 1 (c. 43). Luego es preciso que sea el mismo numéricamente el poder del Padre y el del Hijo. Y como el poder sigue a la naturaleza de la cosa, es preciso que sea una misma numéricamente la naturaleza y la esencia del Padre y la del Hijo. Esto también se puede deducir por lo anterior, puesto que, si en el Hijo hay naturaleza divina, como se demostró de muchas maneras, al no poderse, multiplicar la naturaleza divina, según se demostró en el libro I (c. 42), síguese necesariamente que en el Padre y en el Hijo sean una misma en número la naturaleza y la esencia.

16. Además, nuestra última felicidad está sólo en Dios, en quien únicamente hay que poner la esperanza del hombre y a quien solamente hay que prestar culto de latría, como se demostró en el libro 3 (cc. 37, 52, 120). Ahora bien, nuestra felicidad está en el Hijo de Dios, ya que se dice: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti esto es, al Padre y a tu enviado, Jesucristo”. Y también se dice del Hijo de Dios que es “verdadero Dios y vida eterna”. Y es cierto que en la Sagrada Escritura el nombre de “vida eterna” significa la última felicidad. También dice Isaías sobre el Hijo, según lo cita el Apóstol, que “aparecerá la raíz de Jesé, y el que se levanta para mandar a las naciones; en Él esperarán las naciones”. Se dice, además, en el Salmo: “Postraránse ante El todos los reyes y le servirán todos los pueblos”. Y se dice también que “todos honren al Hijo como honran al Padre”; y, además, en el Salterio: “Se postren ante El todos los ángeles”. Y todo esto refiérelo el Apóstol al Hijo. Luego es claro que el Hijo de Dios es verdadero Dios.

Para demostrar esto sirven también las razones que hemos aducido antes contra Fotino (c. 4), al demostrar que Cristo no fue hecho Dios, sino que lo es en realidad.




Objeciones arrianas y respuesta:



1. Porque dice el Hijo, hablando a su Padre: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero”. Luego solamente el Padre es verdadero Dios. Por tanto, como el Hijo no es el Padre, el Hijo no puede ser verdadero Dios.

Respondo: Luego, cuando el Señor, hablando con el Padre, dice: “Para que te conozcan a ti, sólo Dios verdadero”, no hay que entenderlo de modo que sólo el Padre fuese verdadero Dios y el Hijo no lo fuera, como se prueba claramente con el testimonio de la Escritura; sino que aquella deidad que es única y verdadera conviene al Padre, pero sin excluir de ella al Hijo. Por eso no dijo expresamente el Señor: “Para que conozcan al solo Dios verdadero”, como si sólo Él fuese Dios, sino esto: “Para que te conozcan a ti”; y añadió: “Sólo Dios verdadero”, para demostrar que el Padre, del cual Él se proclama Hijo, es Dios, en quien se encuentra aquella deidad que es única y verdadera. Y como es preciso que un hijo verdadero sea de la misma naturaleza que el padre, síguese que más convendrá al Hijo tener dicha divinidad única y verdadera que ser excluido de ella. Por lo cual, también Juan, al final de su primera canónica, como glosando estas palabras del Señor, atribuye al verdadero Hijo las dos cosas que aquí dice el Señor del Padre, esto es, que es verdadero Dios y que en Él está la vida eterna, diciendo: “Para que conozcamos al que es verdadero Dios y estemos en su verdadero Hijo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna”. Mas si el Hijo hubiese declarado que únicamente el Padre es verdadero Dios, no por eso hay que excluir al Hijo de la verdadera divinidad, porque como el Padre y el Hilo son un solo Dios, según se demostró (c. prec.), todo cuanto se dice del Padre en razón de su divinidad es igual que si se dijese del Hijo, y viceversa. Pues, aunque dijese el Señor: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo”, no se ha de entender que el Padre o el Hijo no se conocen a sí mismos.

2. Además, dice el Apóstol: “Que te conserves sin tacha, sin culpa en el mandato hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, a quien hará aparecer a su tiempo al bienaventurado y solo Monarca, Rey de reyes y Señor de los señores, el único inmortal que habita una luz inaccesible”. En cuyas palabras se ve la distinción entre Dios Padre, que da a conocer, y el Hijo conocido. Por lo tanto, solamente Dios Padre, que da a conocer, es el poderoso Rey de los reyes y el Señor de los que dominan; sólo Él tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible. Luego sólo el Padre es verdadero Dios y no el Hijo.

Respondo: Y por esto (la respuesta a la anterior objeción) es evidente también que la verdadera divinidad del Hijo no queda excluida en estas palabras de Apóstol: “A quien hará aparecer a su tiempo el bienaventurado y solo Monarca, Rey de reyes y Señor de los señores”. Porque en estas palabras no se nombra al Padre, sino a lo que es común al Padre y al Hijo. Pues en el Apocalipsis se expresa claramente que el Hijo es Rey de reyes y Señor de los que dominan, cuando se dice: “Vestía un manto empapado de sangre y tenía por nombre Verbo de Dios”; y se añade después: “Y tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de reyes y Señor de los que dominan”. Y por lo que sigue: “El único inmortal”, no se excluye al Hijo, porque también concede la inmortalidad a los que creen en Él; por eso se dice: “Todo el que cree en mí no morirá para siempre”. Y lo que sigue: “A quien ningún hombre vio ni puede ver”, ciertamente conviene al Hijo, porque ha dicho el Señor: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre”. Y esto no impide que apareciese visiblemente, porque se apareció según la carne. Sin embargo, según la deidad, es invisible como el Padre. Por donde dice el Apóstol en la misma epístola: “Sin duda que es grande el misterio de la piedad que se ha manifestado en la carne”. Ni ello obliga a que entendamos estas cosas como dichas sólo del Padre, porque se dicen como si conviniese que uno fuera el que manifiesta y otro el manifestado. Puesto que el Hijo también se manifestó de por sí, pues dice Él: “Quien me ama será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él”. Por eso también le decimos: “Muéstranos tu rostro y seremos salvos”.

3. Además, dice el Señor: “El Padre es mayor que yo”; y el Apóstol dice también que el Hijo está sometido al Padre: “Cuando le fueren sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se someterá a quien -esto es, al Padre- todo se lo sometió”. Ahora bien, si el Padre y el Hijo tuviesen una misma naturaleza, también tendrían una misma grandeza y majestad, porque el Hijo no sería menor que el Padre ni le estaría sometido. Luego, según la Escritura, el Hijo no es -según ellos creían- de la misma naturaleza que el Padre.

Respondo: Y cómo haya que entender estas palabras del Señor: “El Padre es mayor que yo”, nos lo enseña el Apóstol. Como el “más” y el “menos” están relacionados, hay que entenderlo como dicho del Hijo en cuanto que se empequeñeció. El Apóstol demuestra que Él se empequeñeció al tomar forma de siervo, permaneciendo, sin embargo, igual al Padre según la forma divina, pues dice: “Quien existiendo en la forma de Dios no reputó como una usurpación el mantenerse igual al Padre, antes se anonadó tornando la forma de siervo”. Ni es de admirar si por esto el Padre se dice mayor que Él, al llamarle también el Apóstol menor que los ángeles: “Pero sí vemos –dice- al que Dios hizo poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte”. -Y esto demuestra también que por esta misma razón se dice que el Hijo está “sometido al Padre”, esto es, en cuanto a la naturaleza humana, como puede verse por el contexto; pues el Apóstol había dicho antes: “Por un hombre vino la muerte… y por un hombre vino la resurrección de los muertos”. Y después añadía: “Cada uno resucitará a su tiempo: primero Cristo, luego los de Cristo”; y luego: “Después será el fin, cuando entregue a Dios Padre el reino”. Y, demostrado en qué consiste tal reino, a saber, en el dominio universal, añade con razón: “Cuando le queden sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se sujetará a quien a El todo se lo sometió”. Luego el mismo contexto de la cita demuestra que esto debe entenderse de Cristo en cuanto hombre, porque, siéndolo, murió y resucitó. Porque, según la divinidad, “al hacer todo lo que hace el Padre”, como se demostró (c. 7), también Él sometió a sí todas las cosas. Por esto dice el Apóstol: “Esperamos al Salvador y Señor Jesucristo, que reformará el cuerpo de nuestra vileza, conforme a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas”.

4. Aún más: la naturaleza del Padre no sufre indigencia. Pero en el Hijo hay indigencia. Porque se ve por las Escrituras que el Hijo recibe del Padre, y el recibir es de indigentes. Así se dice: “Todo me ha sido entregado por mi Padre”; y también: “El Padre ama al Hijo y ha puesto en su mano todas las cosas”. Luego parece que el Hijo no es de la misma naturaleza que el Padre.

Respondo: Y porque en las Escrituras se diga que el Padre da al Hijo, siguiéndose que Él “recibe”, no se puede declarar que hay en El alguna indigencia, antes bien, exígelo la razón de Hijo, porque no podía llamarse Hijo si no fuera engendrado por el Padre; ahora bien, todo engendrado recibe la naturaleza del generante. Luego, al decir que el Padre da al Hijo, no hay que entender más que la generación del Hijo, según la cual el Padre dio al Hijo su naturaleza. -Y puede entenderse así, considerando lo que se da. Porque dice el Señor: “Lo que mi Padre me dio es mayor que todo”. Pero lo que es mayor que todo es la divina naturaleza, en la cual el Hijo es igual al Padre, como lo demuestran las mismas palabras del Señor. Pues antes dijo: “Sus ovejas nadie podrá arrebatarlas de su mano”. Y para probarlo aduce las palabras citadas, esto es: “Lo que el Padre le dio es mayor que todo”, porque “nadie podrá arrebatarlo -como dice a continuación- de la mano de mi Padre”. Siguiéndose de esto que tampoco de la mano del Hijo. Mas no se seguiría, si no fuese igual al Padre, por lo que recibió de Él. De donde para explicarlo más claramente añadió: “Yo y el Padre somos uno”. E igualmente dice el Apóstol: “Y le dio un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos”. El nombre más sublime de todo, que venera toda criatura, no es otro que el nombre de la divinidad. Luego por esta donación se entiende la misma generación por la que el Padre dio al Hijo verdadera divinidad. Esto mismo se demuestra también al decir que “todas las cosas le fueron entregadas por el Padre”. Y no le serían entregadas todas las cosas si toda la plenitud de la divinidad que está en el Padre no estuviese en el Hijo.


5. Además, ser instruido y ayudado es de indigentes. Mas el Hijo es instruido y ayudado por el Padre. Porque se dice: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”. Y después: “El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace”; y dice el Hijo a sus discípulos: “Todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer”. Luego no parece que sean de la misma naturaleza el Hijo y el Padre.

Respondo: Ni se opone a lo dicho el que se lea en las Escrituras que el Padre diese poder en el transcurso del tiempo a su Hijo, según el dicho del Señor a sus discípulos después de la resurrección: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”; y el Apóstol dice: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, porque fue obediente hasta la muerte”, como si no hubiera tenido este nombre desde la eternidad. Porque es un modo acostumbrado en la Escritura decir que algunas cosas existen o han sido hechas cuando se conocen. Ahora bien, que el Hijo recibiese desde la eternidad un poder universal y un nombre divino, se dio a conocer al mundo después de la resurrección, por la predicación de los apóstoles. Demuéstranlo también las palabras del Señor, pues dice: “Padre, glorifícame cerca de ti mismo con la gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo existiese”. Por lo tanto, pide que la gloria que como Dios recibió del Padre desde la eternidad se manifieste en El hecho ya hombre.

Y por esto se ve cómo el Hijo no siendo ignorante, es enseñado. Porque se demostró en el libro 1 (c. 25) que en Dios es lo mismo el entender y el ser. Por eso la comunicación de la naturaleza divina es también una comunicación de la inteligencia. Ahora bien, la comunicación de la inteligencia puede llamarse “demostración”, o “locución”, o “enseñanza”. Luego, por el hecho de que el Hijo recibiese del Padre en su nacimiento la naturaleza divina, se dice que el Hijo aprendió del Padre o que el Padre “le mostró”, y otras cosas parecidas que se leen en las Escrituras; y no quieren decir que el Hijo fuese antes ignorante o nesciente y que el Padre le enseñó después. Porque el Apóstol declara que Cristo es llamado “poder y sabiduría de Dios”, y no es posible que la sabiduría sea ignorante ni que el poder se debilite.

Así también la frase “no puede el Hijo hacer nada por sí mismo”, no demuestra que haya en Él debilidad alguna para obrar, sino que como para Dios el obrar no es otra cosa que el ser, y su acción no es otra cosa que su esencia, como ya se probó (l. 1, c. 45), así se dice que el Hijo no puede obrar por sí solo, sino que obra por el Padre; como no puede existir por sí solo, sino sólo por el Padre; pues, si existe por sí solo, ya no sería Hijo. Luego, no pudiendo dejar de ser Hijo, tampoco podrá obrar por sí solo. Pero, como el Hijo recibe la misma naturaleza que el Padre y, en consecuencia, el mismo poder, aunque no exista por sí solo ni por sí solo obre, sin embargo existe “de por sí” y “de por sí” obra; porque así como existe por su propia naturaleza, que recibió del Padre, también obra por la propia naturaleza recibida del Padre. Por eso, después que el Señor dijo: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo”, con el fin de manifestar que, aunque el Hijo no obra por sí solo, sin embargo obra de por sí, añadió: “Lo que éste -a saber, el Padre- hace, lo hace igualmente el Hijo”.

6. Es más: recibir un mandato, obedecer, orar y ser enviado parece propio de un inferior. Ahora bien, todo esto se lee del Hijo. Así dice el Hijo: “Según el mandato que me dio el Padre así hago”. Y también: “Hecho obediente al Padre hasta la muerte”. E igualmente: “Yo rogaré al Padre y os daré otro abogado”. Y el Apóstol dice también: “Mas al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo”. Luego el Hijo es menor que el Padre y está sometido a Él.


Respondo: Por lo dicho también se ve cómo “el Padre manda al Hijo”, y “el Hijo obedece al Padre”, o “ruega al Padre”, o “es enviado por el Padre”, ya que todo esto conviene al Hijo en cuanto está sujeto al Padre; lo cual no tiene lugar sino según la humanidad asumida, como se demostró. Por lo tanto, el Padre manda al Hijo en tanto le está sujeto según la naturaleza humana. Y esto manifiesta también las palabras del Señor. Puesto que cuando el Señor dice “Conviene que el mundo conozca que yo amo al Padre, y que, según el mandato que me dio el Padre, así hago”, se demuestra cuál es este mandato por lo que sigue: “Levantaos, vámonos de aquí”; pues dijo esto acercándose a la Pasión; ahora bien, el mandato de padecer es evidente que no compete al Hijo sino en cuanto a su naturaleza humana. Igualmente, cuando dice: “Si guardareis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardé los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor”, es evidente que estos preceptos pertenecen al Hijo en cuanto es amado por el Padre, como hombre, así como Él amaba a los discípulos como hombres. Y que los mandatos del Padre al Hijo hay que tomarlos según la naturaleza humana asumida por el Hijo, lo demuestra el Apóstol, diciendo que el Hijo fue obediente al Padre en lo que pertenece a la naturaleza humana; pues dice: “Fue hecho obediente hasta la muerte”. También demuestra el Apóstol que el rogar conviene al Hijo según la naturaleza humana. Porque dice que, “habiendo ofrecido en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso para salvarle, fue escuchado por su reverencial temor”. Y también que, en cierto modo, se dice que fue enviado por el Padre, lo demuestra el Apóstol cuando dice: “Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer”. Por lo tanto, es llamado enviado porque fue hecho de mujer; cosa que ciertamente le conviene por haber asumido la carne. Luego está claro que con todo esto sólo se puede demostrar que el Hijo está sometido al Padre según la naturaleza humana. Pero hay que advertir que también se dice que el Hijo es enviado por el Padre invisiblemente en cuanto Dios, sin perjuicio de la igualdad que tiene con el Padre, como después se demostrará (c. 23), al tratar de la misión del Espíritu Santo.

7. Igualmente, el Hijo es glorificado por el Padre, como El mismo dice: “Padre, glorifica tu nombre”; y sigue: “Llegó entonces una voz del cielo: Le glorifiqué y de nuevo le glorificaré”; y también dice el Apóstol que “Dios resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos”. Además, dice Pedro que fue “exaltado a la diestra de Dios”. Por lo cual parece que el Hijo sea inferior al Padre.

Respondo: Del mismo modo es evidente también que, porque el Hijo sea “glorificado por el Padre” o es “resucitado” o “levantado”, no se puede demostrar que el Hijo sea menor que el Padre sino según la naturaleza humana. Pues el Hijo no necesita de glorificación, como si la recibiese de nuevo, habiendo declarado El que la tuvo “antes que el mundo existiese”; sin embargo, convenía que su gloria, que estaba latente bajo la flaqueza de la carne, se manifestase por la glorificación de la carne y por la realización de los milagros, para seguridad de los pueblos creyentes. Y a propósito de esta ocultación se dice: “En verdad oculto está, su rostro. Por eso no le estimamos”. Igualmente, Cristo fue resucitado en cuanto que padeció y murió, esto es, según la carne. Porque se dice: “Puesto que Cristo padeció en la carne, armaos también del mismo pensamiento”. También fue conveniente que fuera exaltado en cuanto que fue humillado. Pues también dice el Apóstol: “Se humilló, hecho obediente hasta la muerte, por lo cual Dios le exaltó”.

Así, pues, porque el Padre glorifique al Hijo, le resucite y le exalte, el Hijo no aparece menor que el Padre sino en cuanto a la naturaleza humana. Porque, según la naturaleza divina, en la cual es igual al Padre, la misma operación tienen el Padre y el Hijo. Por eso, el mismo Hijo se eleva con su propio poder, según aquello del Salmo: “Ensálzate, Yavé, en tu fortaleza”. El mismo se resucita, porque dice de sí mismo: “Tengo poder para dar mi alma y poder para volver a tomarla”. Y no sólo se glorifica a sí mismo, sino también al Padre, porque dice: “Padre, glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique”. No porque el Padre esté oculto por el velo de la carne asumida, sino por la invisibilidad de su naturaleza. De este modo también el Hijo está oculto, según la naturaleza divina; porque es común al Padre y al Hijo lo que se dice: “En verdad tú eres un Dios escondido, Santo de Israel, Salvador”. Pues bien, el Hijo glorifica al Padre, no dándole gloria, sino manifestándole al mundo, pues en el mismo lugar dice: “He manifestado tu nombre a los hombres”.

8. Además, en la naturaleza del Padre no puede haber defecto alguno. Mas en el Hijo halla falta de poder, pues se dice: “Sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a mí otorgarlo; es para aquellos para quienes está dispuesto por mi Padre”; y también falta de ciencia, porque El mismo dice: “Cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre”. También se encuentra en Él falta de una afección tranquila, al decir la Escritura que en Él tuvo lugar la tristeza, la ira y otras pasiones semejantes. Luego parece que el Hijo no es de le misma naturaleza que el Padre.

Respondo: Y no hay que pensar que en Dios Hijo haya alguna falta de poder, porque dice Él: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Por eso, lo que Él dice: “Sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a mí otorgarlo; es para aquellos para quienes está dispuesto por mi Padre”, no prueba que el Hijo no tenga poder sobre los tronos celestes que se han de distribuir, puesto que por dicha sesión se entiende una participación de la vida eterna, cuya entrega demuestra que le pertenece al decir: “Mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna”. También se dice que “el Padre ha entregado al Hijo todo poder de juzgar”. Ahora bien, pertenece al juicio el que algunos sean colocados por sus méritos en la gloria eterna; de donde también se dice: “Pondrá las ovejas a su diestra y los cabritos a su izquierda”. Luego pertenece al poder del Hijo el colocar a uno a la derecha o a la izquierda, bien se refieran ambas cosas a la diferente participación de la gloria o bien una a la gloria y otra al castigo. Conviene, por tanto, tomar el sentido del texto de las palabras que le anteceden. Y antes se dice que la madre de los hijos del Zebedeo se acercó a Jesús pidiéndole que uno de sus hijos se sentara a su derecha y el otro a su izquierda; y para pedir esto parecía movida por cierta confianza en el parentesco carnal que tenía con Cristo hombre. El Señor, en este caso, no dijo en su respuesta que no pertenecía a su poder dar lo que pedían, sino que no le pertenecía a Él darlo a aquellos para quienes se pedía. Por eso no dijo: “Sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a mí”, sino que más bien demostró que le tocaba darlo a “aquellos para quienes está dispuesto por mi Padre”. Ya que no le pertenecía el dar esto en cuanto hijo de la Virgen, sino en cuanto Hilo de Dios. Y, por lo tanto, no le pertenecía darlo a quienes eran sus allegados en cuanto que era hijo de la Virgen, esto es, según el parentesco carnal; sino a quienes le pertenecían en cuanto que era hijo de Dios, para quienes estaba preparado por el Padre en la predestinación eterna. Y que esta preparación pertenece también al poder del Hijo, lo declara el mismo Señor al decir: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo diría, porque voy a prepararos el lugar”. Ahora bien, las múltiples moradas son los diversos grados de bienaventuranza a participar, las cuales han sido desde la eternidad preparadas por Dios en la predestinación. Por eso, cuando el Señor dice: “Si no fuera así”, esto es, si faltasen para los hombres que han de ser introducidos en la bienaventuranza moradas preparadas; y añade: “Os lo diría, porque voy a preparar el lugar”, demuestra que tal preparación pertenece a su poder.

Tampoco se puede pensar que el Hijo ignorase la hora de su venida, “estando escondidos en El todos los tesoros de sabiduría y de ciencia”, como dice el Apóstol, y conociendo perfectamente lo más grande, es decir, al Padre. Mas el sentido es éste: porque el Hijo, constituido hombre entre los hombres, se porté como ignorante mientras no se lo reveló a los discípulos. Porque es un modo de hablar acostumbrado en las Escrituras el que se diga que Dios conoce una cosa cuando la da a conocer. Por ejemplo: “Ahora he conocido que en verdad temes a Dios”, esto es, “ahora hice conocer”. E igualmente se dice, a la inversa, que el Hijo ignora lo que no nos hace conocer.

La tristeza y el temor y otras cosas semejantes, es evidente que pertenecen a Cristo en cuanto hombre. Pero esto no puede aminorar en modo alguno la divinidad del Hijo.

9. Otra prueba: expresamente se halla en la Escritura que el Hijo de Dios es criatura. Así dice: “El creador de todas las cosas me ordenó, mi Hacedor fijó el lugar de mi habitación”; y también: “Desde el principio y antes de los siglos me creó”. Luego el Hijo es criatura.

Respondo: Y al decir que la sabiduría “e creada”, se puede entender, en primer lugar, no de la sabiduría que es el Hijo de Dios, sino de la sabiduría que Dios insertó en las criaturas. Porque se dice: “Es el Señor quien la creó -es decir, a la sabiduría- y la derramó sobre todas sus obras”. -También se puede referir a la naturaleza creada asumida por el Hijo, de modo que el sentido sea “desde el principio y antes de los siglos me creó”; esto es, “se previó que me uniría a Gas criaturas”. -O, por eso de que la sabiduría es llamada “creada” y engendrada, se nos insinúa el modo de la generación divina, ya que en la generación lo que se engendra recibe la naturaleza del engendrante, lo cual es una perfección; sin embargo, en la generación que se da en nosotros, el engendrante se cambia, lo cual es una imperfección. Ahora bien, en la creación el creador no se inmuta, pero lo creado tampoco recibe la naturaleza del creador. Por eso, el Hijo es llamado a la vez “creado” y “engendrado”, para que por creación se entienda la inmutabilidad del Padre y por generación la unidad de naturaleza entre el Padre y el Hijo. Y así expuso un sínodo este sentido de la Escritura, como consta por San Hilario.

10. Además, el Hijo se cuenta entre las criaturas. Porque se dice en persona de la Sabiduría: “Yo salí de la boca del Altísimo como primogénita antes que toda criatura”. Y el Apóstol dice del Hijo que es “primogénito de toda criatura”. Luego parece que el Hijo entra en el orden de las criaturas, como ocupando el primer lugar entre las mismas.

Respondo: Y si el Hijo es llamado “primogénito de toda criatura”, no es porque el Hijo está en el orden de las criaturas, sino porque el Hijo procede del Padre y recibe del Padre, de quien proceden y reciben las criaturas. Pero el Hijo recibe del Padre la misma naturaleza; las criaturas no. Por lo cual el Hijo no sólo es llamado “primogénito”, sino también “unigénito”, debido al modo peculiar de recibir.

11. Además, dice el Hijo, orando al Padre por los discípulos: “Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno”. Así, pues, el Padre y el Hijo son uno, como quería que fuesen sus discípulos. Ahora bien, no quería que los discípulos fuesen uno por esencia. Luego tampoco son uno por esencia el Padre y el Hijo. Síguese, pues, que es una criatura sometida al Padre.

Respondo: Por eso, lo que el Señor dice al Padre respecto de sus discípulos: “A fin de que sean uno, como nosotros somos uno”, demuestra por cierto que el Padre y el Hijo son uno, de igual modo que conviene que los discípulos sean uno, a saber, por el amor; mas este modo de unión no excluye la unidad de esencia; al contrario, la corrobora. Porque se dice: “El Padre ama a su Hijo y ha puesto en su mano todas las cosas”; por lo que se demuestra que en el Hijo está la plenitud de la divinidad, como se dijo (v. sup.).