lunes, 5 de julio de 2021

Evidencia cronológica, histórica y arqueológica de los Reyes David y Salomón. Resumen.

 

Resumen de un trabajo de Gérard Gertoux.

El punto de vista bíblico minimalista depende de la creencia de que el Libro de los Reyes fue escrito en el período persa. Por lo tanto, es producto de muchos errores de escritura y diferentes autores, lo que significa que cualquier valor histórico está oculto en capas de confusión.

Afirman también que la monarquía unida y las figuras de David y Salomón son legendarias, no históricas.

 

El punto de vista maximalista, en cambio, afirma que hay suficiente evidencia textual y arqueológica como para hacer de la Biblia una fuente histórica. Aunque eso no implica necesariamente afirmar que cada elemento de la Biblia pueda ser probado.

 

¿Cuál es el problema del punto de vista minimalista?

Que existen demasiadas correlaciones de la narrativa bíblica con otras fuentes del Cercano Oriente.

Por ejemplo:

-La destrucción de Meguido por el faraón Shisak registrado en la Biblia (1 Re 6,26); y la estela de la victoria real que se encuentra en Meguido y en el templo de Karna.

-Listas babilónicas posteriores a los reyes israelitas, que se correlacionan con la narrativa bíblica.

-La descripción del Templo Salomónico en la Biblia es muy parecida al Templo de la Edad MB y al Templo Sirio del siglo VIII en Tell Tainat (que también fue construido por artesanos fenicios), que es muy poco probable que pueda ser ficticio.

-La inscripción de Tel Dan menciona "Beth David" (BYTDWD) o Casa de David como un nombre de lugar; Es una tradición semítica nombrar una ciudad después del fundador.



AUSENCIA DE EVIDENCIA NO ES EVIDENCIA DE AUSENCIA

La monarquía unida duró 120 años (1097-977). Pero como los  los restos arqueológicos del periodo (inscripciones, monumentos, etc) son limitados, los arqueólogos creen que la Monarquía Unida fue insignificante y que el texto bíblico, por tanto, es una exageración y mitificación. Y como tal, el texto bíblico no sirve como fuente.


Pero es deficiente esa manera de razonar. Porque el Historiador construye una verdad histórica al contar con toda la evidencia o testimonio el pasado, y luego reconstruye una cronología precisa de los eventos (+/- 1 años) para vincular las causas con sus consecuencias. Pero los arqueólogos descartan toda evidencia o testimonio escrito del pasado porque siempre contienen errores, y luego reconstruyen una cronología de los restos arqueológicos por medio de datación de 14C para probar sus hipótesis.

Así, ante las Edades Oscuras en que faltan testimonios escritos, el arqueólogo considera que ausencia de evidencia es lo mismo que evidencia de ausencia (falacia ad silentio), y que por tanto luego una persona que vivió después de los hechos trató de llenar las lagunas de la historia.

Lo cual no tiene sentido. Porque el hecho de que nosotros no tengamos textos escritos no significa que en tal período existieran, y menos aún que los historiadores de la antigüedad no tuvieran esos escritos o documentos.

Por eso luego, erradamente, piensan que como no se encuentran documentos escritos del período de David y Salomón, sus relatos no son más que puras historias inventadas posteriormente por judíos que querían construir un relato de su pasado que desconocían.

Lo mismo aplican a la guerra de Troya.

Y ese es precisamente el error minimalista. 

Ausencia de evidencia NO ES evidencia de ausencia. Existían fuentes escritas, y su ausencia en la actualidad no se debe a que nunca existieron, sino a otras causas.

¿Cómo sabemos que existieron documentos?

Sabemos que por Tiglat-pileser I (1115-1076) las cancillerías asirias adoptaron el arameo como segunda lengua diplomática al lado del babilonio. Ahora, cuando los escribas asirios están representados (figura opuesta), siempre se muestran por dos: uno con una tableta y un lápiz y el otro con un pergamino y una pluma. A pesa de ello, no se ha encontrado pergamino en ningún archivo asirio.

¿Por qué faltan?

Muchos documentos faltan porque se escribían con materiales perecederos. De hecho, en la edad oscura griega del 1200-750 es oscura solo por falta de testimonios escritos, pero e otras cosas como cerámica hay gran cantidad. Porque la cerámica dura, el pergamino no. 

Porque a pesar de que el establecimiento de la realiza en Israel llevaría un aumento de documentos en palohebreo, sin embargo también coincide con un período de decadencia de los dos grandes imperios de Egipto y Mesopotamia, un período del cual carecemos de fuentes. 


Además, a pesar de lo que digan los arqueólogos, podemos saber que existieron esos documentos precisamente por los testimonios escritos que narran los hechos del pasado. Aquí una lista de los hechos históricos del período Helenístico:



Para poder señalar todos estos hechos es necesario tener archivos que permitan formar esa cronología. Y por Tucídides se puee inferir que tales archivos existían (



Ahora, ¿por qué falta evidencia de la época de David y Salomón?

Los documentos relacionados con los primeros reyes de Judea (David y Salomón) son pocos porque sus reinados tuvieron lugar durante un período de decadencia de los dos grandes imperios de Egipto y Mesopotamia. 

¿De qué magnitud tal decadencia? Pues para darse una idea, de 113 reyes del Levante enumerados durante el período 1000-600 (incluidos los de la Biblia), solo 16 se mencionan en inscripciones. Y a pesar de la extensión de sus imperios, sabemos muy poco acerca de las actividades de los reyes egipcios y babilónicos del periodo (excepto sus nombres y duración de reinado).

Además, también la Biblia informa que la única interacción relevante con los israelitas era el reino egipcio. Pero no se tuvo conflictos con Egipto. Tampoco con Asiria o Babilonia. De ahí la falta de documentos de tales regiones que hablan de Israel. En cambio, sí huo relaciones con Fenicia, Siria, Amón, Moab, Edo y Filistea. Pero todos estos reinos desaparecieron después e Nabucodonosor II (605-562). Y por tanto, sus registros y documentos desaparecieron arrasados con sus reinos.

Por otro lado, tampoco podemos obtener restos arqueológicos como el del templo de Salomón porque éste fue destruido por los babilonios. Y cuando el Rey Herodes restauró el segundo templo, eliminó los últimos vestigios salomónicos e hizo una reconstrucción completa (Antigüedades judías XV: 354, 380, 421).


Pero aún así,  la Biblia contiene miles de nombres y registros de tiempo, lo que le permite a uno verificar fácilmente su precisión histórica y cronológica.

Vayamos, entonces, a verificarlo con las pruebas.


La evidencia de la existencia de la Monarquía Unida.

Para empezar, los otrascones en paleoHebreo son pocos. Pero a la vez hay que considerar que hay una brecha de varios siglos en el momento en que se escribe una obra y se difunde en el público. Ejemplo: las obras de Homero se escribieron en el 850-800 a.C. (Heródoro, Las Historias II: 53). Pero los primeros fragmentos de papiro de sus obras datan de más de 500 años después (c. 285-250).


Ahora, en el caso e la Biblia, se identificaron ostracones del periodo de David que tienen versículos bíblicos.

En específico, las excavaciones en Tell Qeiyafa (1 Sm 17,20), identificado como la ciudad que estuvo habitada hasta el reino de David (1 Cr 4,31; 1 Sm 17,52) destruida en -1010 +/- 40, han dado una inscripción en paleohebreo que dice:

 


                                                  [... ¿tu vecino?]

1) no explotar, y servir D[ios]. Despreciado por (Lv 19:13)

2) el juez y la viuda lloraron, él tenía el poder

3) sobre el residente extranjero y el niño, los reprimió juntos.

4) Los hombres y los jefes han establecido un rey (1Sa 8:10)

5) Dedicar <sesenta> servidores entre las generaciones.

 

 La primera línea (legible) se refiere implícitamente a un pasaje bien conocido de la Ley de Moisés [17]: no explotes tu vecino (Lv 19:13). 

Por otro lado, en mayo de 2012 se descubrieron 3 habitaciones grandes que probablemente se utilizaron como santuarios de culto. ¿Y qué tiene que ver? Que los cananeos y los filisteos practicaban sus cultos en templos y santuarios separados, no tenían habitaciones separadas dentro de los edificios dedicados solo a rituales religiosos. Esto puede sugerir que las habitaciones no pertenecían a estas dos culturas. Según Garfinkel, las decoraciones de las salas de culto carecen de figuras humanas. Sugirió que la población de Khirbet Qeiyafa observó al menos dos prohibiciones bíblicas, en imágenes de cerdo y gravadas, y por lo tanto practicó un culto diferente al de los cananeos o los filisteos. Entonces eran israelitas. 


 Y además, seis sellos de arcilla del siglo X a. C. desenterrados en Khirbet Summeily [20], un sitio temprano de la Edad del Hierro en el sur de Israel, sugieren que había más complejidad política en la región en ese momento de lo que se había pensado anteriormente. La existencia de esos sellos respalda la idea de que Khirbet Summeily era una "instalación gubernamental" en el paisaje de transición de la Edad del Hierro I / IIA (c. 1000 aC).


Entonces, ello hace llevar a descartar la idea de que la complejidad política aparezca con la llegada de los asirios a la región a finales del siglo VIII a. C. (como se arguye para mitificar a David y Salomón y la existencia de la monarquía unida).


Por otro lado, como ya se dijo, Israel tuvo conflictos con Fenicia, Siria, Amón, Moab, Edom y Filistea, y de ellos no se conservan los registros. Sin embargo, dos reyes (de Siria y Moab) erigieron estelas que atestiguan que un reino de Judea era ampliamente conocido en el siglo IX a.C. como Casa de DavidLas estelas de Mesha  y la de Hazael.


La estela de Mesha, del rey de Moab, ofrece su versión "victoriosa" de acontecimientos narrados en la Biblia (2 Re 3,4-27).

Contexto de la Biblia: Después de Salomón el reino se divide en dos: Israel (norte) y Judá (sur). Para el 850 reina Joram en Israel sucediendo a Arab. Moab era tributario de Israel, dando 100.000 corderos y 100.000 carneros. Muerto Acab, el rey de Moab se rebeló. Joram se alió con Israel y Edom para enfrentarlo, y finalmente lo derrotaron.

Pues bien, la estela habla del "Rey de Israel" (línea 5), habla de "Yehowah" (l. 18) y "las ovejas de la tierra. Y habitó en Horonen la Casa [de D]avid" (l. 31).



La otra estela es la de Hazael, rey de Siria (885-840), y le atribuye la ejecución de los reyes Joram de Israel y Ahazyahu de la Casa de David (asesinado de hecho por Jehú según el texto bíblico. 2 Re 8,28-9,28).


1[.....................] ....... [................. ..................] y corte [.......................]

2. [.........] mi padre subió [.................... f] luchando contra / contra Ab [.... ]

3. Y mi padre se acostó; él fue a sus [padres]. Y el rey de I [s-]

4. -rael penetró en la tierra de mi padre [. Y] Hadad me hizo rey

5. Y Hadad fue delante de mí [, y] me fui de ......... [.................]

6. de mis reyes. Y maté a dos [poder] ful kin [gs], que aprovecharon dos mil [arena cha-]

7. -riots y dos mil jinetes. [Yo maté a Jo] ram hijo de [Acab]

8. rey de Israel, y maté a [Ahaz] yahu hijo de [Jehoram re]y

9. de la casa de David. Y puse [.............................................. ]

10. su tierra ... [.......................................... ...........................................]

11. otro ... [........................................... ........................ y Jehu ru-]

12.-dado vuelta Is[rael .......................................... .....................................]

13. asedio a [............................................. .........................................]

 

La Casa de David, por lo tanto, era conocida en el siglo IX a. C. El nombre David aparece también entre los topónimos del sur de Palestina, en la lista de Shoshenq I, como [ḥ3] -y-d-b- [i] 3 d-y-w3-ti "[las alturas?] De David[25]". Los arqueólogos que niegan la existencia del reino de David y el uso de anales en ese momento (c. 1000 a. C.) son víctimas de autoengaño o, lo que es peor, de mala fe.




Además de eso, tenemos los hallazgos de Khirbet Qeiyafa, que confirman la existencia de un reino israeila poderoso y centralizado ya en el siglo X a.C.

Estos hallazgos llevan a Hershel Shanks a sostener en un artículo de la Biblical Archaeology Review, que los mismos refutan la afirmación de Israel Finkelstein de que, como máximo, la población hebrea que existía en Jerusalén en esa época era un "jefe tribal".

El artículo no puedo leerlo (hay que pagar y no pienso hacerlo jaja), sin embargo, en el abstract Shanks afirma:

Hace poco más de un año, informamos sobre una nueva excavación (dirigida por Yosef Garfinkel y Saar Ganor de la Universidad Hebrea) de un imponente fuerte israelita en la frontera con Filistea que data de finales del siglo XI y principios del X a. C., la época de David y Salomón.a Estuvo ocupada solo durante este período y luego fue abandonada (hasta el período helenístico), por lo que no hay duda sobre la datación, y las implicaciones son considerables.


El muro de casamatas circular alrededor del fuerte en la cima de la colina requirió más de 200,000 toneladas de cantos rodados. Algunos de los sillares megalíticos de las puertas de cuatro cámaras cuidadosamente diseñadas de la ciudad pesan casi 5 toneladas. Intente levantarlos. Se necesitó una sociedad estatal bien organizada y tecnológicamente competente para construir algo como esto. Este fuerte no fue construido por ningún cacicazgo tribal. Qeiyafa es, por tanto, un poderoso antídoto para eruditos como Israel Finkelstein de la Universidad de Tel Aviv, que afirma que Judá nunca existió como estado en el siglo X y que el "Reino" de David y Salomón era como mucho un cacicazgo tribal. 

https://www.baslibrary.org/biblical-archaeology-review/36/2/9 


Las implicancias de este descubrimiento Finkelstein lo sabe, y por eso busca impugnar  el procedimiento de datación. Pero desafortunadamente para él en 2012 se encontró una inscripción en un frasco, en Queiyafa, que dice: ʾIšbaʿal hijo de Beda. 




La datación radiométrica de la capa relevante ha arrojado una fecha alrededor de 1020 a. C. (+/- 40).

Y esa datación es correcta porque la Dra. Mitka Ratzaby Golub, experta en nombres de la era bíblica en la Universidad Hebrea que estudió la inscripción, explicó que el nombre Ishbaal significaba "hombre de Ba’al", es decir: "hombre del Señor". Y entre los judíos, los nombres personales que evocaban a Ba’al pasaron de moda después del siglo X a. C., pero no así entre sus primos israelitas del norte. Y también en la misma Biblia los nombres con Baal aparecen solo hasta el fin de la Monarquía Unida y luego desaparecen (Ishbaal (1Ch 8:1,33); Baalyada (1Ch 14:7); Baalyah (1Ch 12:5); Jerubbaal (Jg 6:32); Mephibaal (2Sa 4:4)).


Además de ello, podemos decir que el redactor de 1 Reyes era testigo de lo que presenciaba porque da indicios de que lo relatado coincide con el contexto histórico y las relaciones israelitas. Por ejemplo, se dice que los reyes de Tiro y Biblos fueron socios de Salomón y sus obreros ayudaron a construir el Templo (1 Re 5,32). Esa asociación se puee confirmar por la semejanza de los tronos reales de los reyes de Biblos y el de Salomón.

Los reyes de Biblos usaban un trono con forma e esfinge con cuatro patas de león, de clara influencia egipcia. Salomón usaba un trono de marfil cubierto de oro refinado, con seis escalones, respaldo con parte superior redondeada y brazos a cada lado; dos leones a cada lado de los brazos y doce leones en las escaleras, seis a cada lado (1 Reyes 10,18-20).

En este momento los reyes de Biblos eran Ahiram (1020-1000) e Ithobaal (1000-980). Y vale la pena comparar el trono de Ahiram tallado en su sarcófago con el trono de Salomón. Lo que muestra las relaciones entre un rey y otro. 



A esta evidencia se suma el de carácter calendárico, que nos permite identificar el período en que se escribieron algunos textos y, por tanto, situarlos en el tiempo. Así se puede mostrar, además, que los relatos de la monarquía unida no son meros mitos creados siglos después.


A principios del segundo milenio antes de Cristo, solo había dos sistemas principales de datación: 

1) el calendario mesopotámico de origen babilónico basado en un ciclo lunar que comienza en la primera luna creciente con los 12 meses nombrados y;

2) el calendario civil egipcio con 12 meses anónimos de 30 días junto con un calendario lunar que comienza en la luna llena.

En ese tiempo los judíos no tenían templo, entonces usaban los calendarios de las regiones donde habitaban. Por tanto, se puede fechar sus andanzas por los calendarios.

Los judíos estuvieron en Egipto, y para 1400-1300 ya estaban establecidos en el Levante. Para 1500 ya se estaba estableciendo el calendario babilónico en la región, aunque los meses tenían nombres cananeos en vez de babilónicos. Y podemos ver en la Escritura cómo se usan esos nombres cananeos para los meses:



En Fenicia el cananeo se usó hasta el siglo VI a.C. Después de la caída de Babilonia, los judíos usaron el calendario babilónico. Pero su antiguo calendario con meses anóminos lo conservaron y le dieron los nombres babilónicos, y este sistema dio origen al calendario arameo:



Ahora bien, con esta información, señalamos este punto:

El texto bíblico usa las dos palabras yeraḥ y hodeš para designar los meses lunares. 

Hodeš = luna nueva.

Yeraḥ = "mes". Proviene de la palabra "luna" y se puede traducir como "lunación". 

 

A pesar de que ambas implican la luna, sim embargo ambas palabras, hodeš y yeraḥ, usadas en el sentido de "meses" no son sinónimos. 

Por ejemplo, inscripciones cananeas dicen: hodeš yeraḥ ethanim.

La traducción es: nueva lunación de Ethanim (1 Re 8,2).

Si fuesen sinónimos, la traducción sería: ¡mes del mes de Ethanim!

Un absurdo. Esto es importante.

En un calendario que comienza con luna nueva las dos palabras pueden coincidir. Pero en un calendario que comienza con luna llena, la palabra "yerah" (lunación) es la única indicada.


Ahora bien, si colocamos los eses según la cronología, se obtienen los siguientes cambios en los calendarios bíblicos:



Esta secuencia está confirmada por la arqueología, ya que la palabra yerah aparece por última vez en el calendario Gezer, fechado alrededor del 950 a.C., y desde ese momento desaparecen los nombres de los meses cananeos en Palestina.

Por tanto, si el escriba que escribió el libro de los Reyes lo hubiera hecho por tradición oral después el exilio babilónico, habría utilizado los meses babilónicos en lugar de los meses cananeos. Y si el Pentateuco fue escrito alrededor del 900 a.C. en lugar del 1500 a.C., los escribas de la época no habrían usado la palabra yerah.


Por tanto, el dato mata el relato.

  Como los historiadores han dicho durante mucho tiempo: la cronología es la columna vertebral de la historia. El uso de una cronología parcial y relativa, como hacen los arqueólogos, lleva a encontrar una verdad parcial y relativa, pero el uso de una cronología absoluta (+/- 1 año) permite encontrar una verdad absoluta. Aquellos que dicen que "uno no puede encontrar la verdad", al menos han encontrado uno, lo que contradice su verdad.













Como se puede ver en la sección anterior, numerosos eventos bíblicos durante la Monarquía Unida están fechados con precisión, esto está muy lejos de mitos como "alguna vez, hace mucho tiempo". Varios de ellos han despertado evidencia arqueológica que es datable:


Podrían señalarse también los sincronismos entre las cronologías egipcia, hebrea, y de las cronologías e los reyes de Tiro, Damasco, Biblos y Arpad. Obtenemos los siguientes sincronismos (resaltados):


Explicación: Según la Piedra de Mesha, Kemoshyat gobernó Moab durante 30 años (línea 2), en sus días Omri, rey de Israel, oprimió a Moab, los hijos de Omri durante 40 años después (líneas 4-8). Esta cronología puso los 40 años desde el reinado de Omri en 930 a. C. hasta la muerte de Josafat en 890 a. C., aliado de Jehoram. El texto de 2 Reyes 3: 4-7 sitúa la revuelta de Mesha poco después de la muerte de Acab (898 a. C.). Si Mesha gobernó a Moab durante 30 años como su padre, su piedra tuvo que haber sido erigida después de 898 a. C. y antes de 870, al final de su reinado


Podría extenderme explicando los sincronismos, pero eso no importa. Lo que importa es la existencia e los mismos. Y para el caso, más sincronismos:

Y más:


Por lo que, otra vez, todo eso está muy lejos de ser mera mitología creada mucho tiempo después de los sucesos.

viernes, 2 de julio de 2021

Debate sobre la libertad religios de la Dignitatis Humanaea, con un sedevacantista.

No tengo el debate completo, solo tres respuestas mías que guardé en word. Pero me vale, solo yo leo esto.


Primera respuesta:

2. Se afirma que lo novedoso del Vaticano II es decir: “El Estado no puede reprimir la expresión pública de las falsas religiones.”

Pero el mismo Vaticano II dice que el límite de la expresión pública de las falsas religiones es el bien común (por ejemplo, la Dignitatis Humanae  n. 7: “no debe restringirse (la libertad religiosa) sino cuando es necesario y en la medida en que lo sea”. Por eso tampoco sirve apelar –como veo que haces- a cuando el número 3 dice “excede su competencia (el Estado) si pretende dirigir o impedir los actos religiosos”). Entonces, el mismo Vaticano II dice que la autoridad pública sí puede reprimir expresiones públicas de esas religiones. 

Lo mismo dirá Santo Tomás de Aquino:

“No hay, en cambio, razón alguna para tolerar los ritos de los infieles, que no nos aportan ni verdad ni utilidad, a no ser para evitar algún mal, como es el escándalo, o la discordia que ello pudiera originar, o la oposición a la salvación de aquellos que, poco a poco, tolerados de esa manera, se van convirtiendo a la fe.”

Con base a eso justifica la tolerancia a los ritos de los judíos. 

Y básicamente, en eso se basa el Vaticano II para defender la libertad religiosa. El Doctor Angélico dice que se toleran las falsas religiones para que los que son tolerados se vayan convirtiendo a la fe. La Dignitatis Humanae dice que la libertad religiosa es para que el hombre pueda aceptar libremente la fe: “los hombres no pueden satisfacer esta obligación (aceptar la fe) de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica”. O como dice en el número 3: “la verdad debe buscarse de modo apropiado a la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social, es decir, mediante una libre investigación.”

Todo tiene como miras, siempre, el bien común.

Y además de eso, se basa en que no se fuerce a alguien a actuar en contra de su conciencia.

Entonces no hay nada novedoso, porque siempre la represión de las falsas religiones se basó en el bien común, y no porque se obligase con ello a los infieles a profesar la Religión Católica.

Y eso hasta de pura razón. La Iglesia sigue enseñando que la autoridad pública puede reprimir vicios y pecados según atenten contra el bien común. De ahí que el Catecismo enseña que hay que introducir reformas en las instituciones y condiciones de vida cuando éstas indicen al pecado, para así favorecer el bien antes de que se opongan a él (n. 1888). Por eso católicos que adhieren al Vaticano II se oponen a cosas como la pornografía, la prostitución y la legalización de las drogas.


3. Dices que un texto magisterial no puede tener ni siquiera una herejía o error doctrinal. Como el texto lo tiene se sigue que no es inspirado por el Espíritu Santo.

Bueno, yo podría decir que el método que sigues es ilegítimo y debería ser al revés: Precisamente porque la Iglesia es infalible es que el texto no es herético. 

Más adelante, en el punto 5, dices: “Ya expliqué en el punto 3 que es deshonesto legitimar las herejías con parches de ortodoxia”

Yo no estoy defendiendo los errores del documento aludiendo a las verdades que contiene. Tú mismo dijiste en qué consistía la libertad de conciencia en sentido liberal masónico, y a eso respondí con las citas sobre el deber de buscar la verdad.


4. “No importa la interpretación que tú hagas con la mejor voluntad del mundo si el propio Ratzinger (…).”

Bueno, no basta lo que diga Ratzinger porque el Catecismo, que nos dice qué hemos de creer, enseña explícitamente, luego de afirmar la libertad religiosa, que la misma no es derecho o permisión moral para adherirse al error y que la misma tiene justos límites (2108); que no es ilimitado y tiene como límite el bien común (2109). Además de que el mismo Dignitatis Humanae dice que se puede limitar la libertad religiosa, como se dijo.

Después, falta el contexto de las palabras de Ratzinger para decir que el Vaticano II es la contra-Syllabus. 


 

5. Usted concede que el hombre no puede ser obligado a abrazar la verdad, pero rechaza la idea de que no se pueda impedir la libre propagación y práctica pública de las falsas religiones.

Pero como digo, tal propagación y práctica pública no son ilimitados sino que tienen como límite el bien común, como señalaban el mismo Tomás de Aquino y el Catecismo de la Iglesia.

 Sobre la cita de Pío IX, Syllabus, 78, que dice: "Por esto es de alabar la legislación promulgada en algunas naciones católicas, en virtud de la cual los extranjeros que a ellas emigran pueden ejercer lícitamente el ejercicio público de su propio culto". – Condenado.

Pío IX condena el indiferentismo religioso y condena la libertad religiosa porque atentaba contra el bien común, al romper la unidad religiosa que es fundamento de la sociedad. El Vaticano II en ningún momento contradice eso porque la libertad religiosa tiene como límite el bien común.


Después, la cita de León XIII no viene al caso, porque el Vaticano II no defiende el Estado ateo ni defiende el igual respeto a todas las religiones.

Explícitamente la Dignitatis Humanae dice que deja intácta la doctrina tradicional del deber en sociedad para con la verdadera religión y dice que “la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos”. Lo mismo dirá el Catecismo (n. 2105).

Después, con la segunda parte de la cita (“Hay derecho de propagar en la sociedad…”), nadie niega que hay derecho de propagar lo verdadero y honesto y que las opiniones falsas y los vicios corruptores deben y pueden ser reprimidos. De nuevo, el Catecismo n. 1888; y el número 1895 dice que se debe favorecer el ejercicio de las virtudes. Y también implícitamente lo dice cuando la libertad religiosa no es derecho para adherir al error: no hay derecho al error. Esa es la base de la penalización de actos inmorales, que acepta la misma Iglesia. Y con propagar lo verdadero y honesto, la misma Dignitatis Humanae dice que la autoridad civil tiene el deber de “reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos”.

Pero como se dijo: todo se fundamenta en el bien común. La autoridad a veces permite males y otras veces los reprime.

Lo que dice León XIII en Libertad, de que el Estado no solo puede sino que debe limitar la libertad religiosa de las otras religiones, es más de lo mismo. Se fundamenta todo en el bien común, como tú mismo dices: “de manera que las almas no se escandalicen o sean seducidas por ellas”. 

Querer interpretar que el Vaticano II prohíbe toda limitación a la libertad religiosa es contrario a la misma interpretación del Catecismo número 2109 que dice que tal libertad no es ilimitada.


Por otro lado, conozco todas las objeciones que puedas hacer al Vaticano II. Ya sé que las citas que pones las sacas de Vaticanocatolico.com y yo mismo ya estuve metido en eso.

No tiene sentido quejarse porque se afirme que se afirme que hay mártires y santos que están fuera de la Iglesia. Para rechazarlo no sirven tampoco las citas de Pelagio II y el Concilio de Florencia. 

Por el simple hecho de que, como enseña Ludwig Ott en su “Manual de Teología Dogmática” (Parte II, capítulo 5), aunque los herejes materiales no pertenecen al cuerpo de la Iglesia, no se excluye que por el votum Ecclesiae “pertenezcan espiritualmente a ella y consigan por este medio la justificación y la salud sobrenatural.”


Después, con Mortalium Animos y Ia Unitatis redintegratio solo veo una falacia del equívoco con respecto a la palabra “igualdad”.

Hay una falacia del equívoco porque lo que Pío XI está condenando ahí es que se considere una unión teniendo como base al Papa como una especie de “Primus inter pares”, y que en ello tenga una igualdad jurídica la Iglesia Católica con respecto a las demás Iglesias, siendo éstas también partes de una única Iglesia.

Por lo que no tiene nada que ver con lo que dice la Unitatis Redintegratio, que solo expresa que en reuniones para tratar cuestiones teológicas hay que tratarse de igual a igual: o sea, una condición mínima de respeto para tratar cualquier asunto con aquel con quien se discrepa, y en cualquier campo, no solo en cuestión religiosa.

Nada tiene que ver una cosa con la otra, y la única relación es que en ambas citas se menciona la frase “de igual a igual”, ignorándose qué es lo que se expresa.


Segunda respuesta:

Usted dice que el hecho de que se reconozca que la libertad religiosa no es absoluta sino que puede ser limitada, es “un argumento tan malo, que es indignante”.

Bueno, pero no sirve apelar simplemente a que “es malo”. No sirve tampoco poner el “pasaje citado arriba”. Acá no importa la interpretación que tú hagas del pasaje, acá importa la interpretación de la Iglesia, y la misma dice que la libertad religiosa tiene como limites el bien común. Catecismo, n. 2109. Y el mismo documento de la Dignitatis Humanae dice que se puede limitar cuando sea necesario. Ergo, el mismo Vaticano II acepta que se puede limitar la libertad religiosa.

Acá no importa a qué se refiere con “dentro de los límites debidos” (ni siquiera dice cuáles son). Acá importa que se reconoce que la libertad religiosa no es un derecho ilimitado. El mismo Catecismo dice que la libertad religiosa “ni [puede ser] limitado solamente por un “orden público” concebido de manera positivista o naturalista”. Y lo dice referenciando la Quanta Cura.

Que tú interpretes que los límites debidos son, por ejemplo, no bloquear el tráfico en hora pico, ok. Eso es tu interpretación. Yo aparte de eso interpreto que se permite prohibir el proselitismo de sectas o que se pueden prohibir cultos como el satanismo o los sacrificios humanos.

Así que seguimos en la misma. Todo se basa en el bien común, que es el conjunto de condiciones para lograr la perfección de los que integran la sociedad.

Y la cita que dice “con tal que se guarde el justo orden público” es lo mismo. Para mí el satanismo atenta contra el orden público de la sociedad.

3. No, no se ha mostrado que es herética. Lo único que se ha mostrado es que dice que la libertad religiosa tiene como límite el bien común. Lo mismo que ha enseñado siempre la Iglesia.

Ahora bien, ¿por qué Clemente IV se queja de que desde las mezquitas los musulmanes estén “invocando cada día a ciertas horas en voz alta…”? Por el bien común: “acarrea un gran descrédito para nuestra fe y causa gran escándalo a los fieles”.

Por tanto, estamos en la misma. Y no, según el Vaticano II la enseñanza del Concilio de Vienne no estaría errada. ¿No dijiste tú mismo que “Los justos límites” son, por ejemplo, no estar celebrando culto en medio de una carretera en hora pico? Porque causa escándalo y molesta a los demás.

Además, Clemente IV dice: “estas prácticas no pueden ser toleradas sin disgustar a la majestad divina”.

Como también disgusta a la majestad divina la tolerancia de la prostitución y la usura, extendidas en la Edad Media y que sin embargo eran justificadas en pos del bien común.


4. Sí, yo parto de que el Vaticano II es un concilio ecuménico porque es lo más evidente a primera vista. Como dice Ludwig Ott al hablar de las verdades católicas, entre ellas se encuentran los HECHOS DOGMÁTICOS, facta dogmatica, los hechos históricos no revelados pero que se hallan en conexión íntima con una verdad revelada. Así: la LEGITIMIDAD DE UN PAPA O DE UN CONCILIO UNIVERSAL, o el episcopado romano de San Pedro.

Y también se refiere a determinar, por la Iglesia, si un texto concuerda o no con la doctrina católica. Y al hacerlo se determina SI EL TEXTO –y no la intención subjetiva del autor-.

Yo tengo de mi lado el hecho de que el concilio fue convocado por un Papa, sucesor de un Papa, elegido y aceptado por la Iglesia Universal.

Por tanto, que yo parta del hecho de que el Vaticano II es un concilio Ecuménico válido es la postura más natural, no la más antinatural.

Usted, en cambio, primero tiene que demostrar que dice herejías –cosa que, a mi parecer, no se ha mostrado-. Luego, tiene que demostrar porqué tal concilio no válido si fue convocado por la legítima autoridad y aceptado por la Iglesia; por lo que tendría que demostrar que no había legítima autoridad.

En definitiva, su punto presupone el sedevacantismo. El mío solo presupone un hecho dogmático.

Yo no estoy hablando en ningún momento de “redefinir indefinidamente la Iglesia”. Yo digo que no hay “redefinición” porque, en definitiva, se enseña lo mismo.

Sobre los argumentos para mostrar que la Iglesia ha sido “infiltrada”:

a)Ha habido más de 40 antipapas.

R: Hay una falacia de falsa analogía. Porque siempre que hubo anti-papa hubo a su vez un papa válido, y la cuestión siempre pudo resolverse. En cambio, lo que plantean los sedevacantistas es ahora una situación nueva nunca antes vista, donde nunca podría volver a haber Papa válido porque nunca podrá haber electores, que son los cardenales. Y de hecho, algunos llegan a negar la validez del nuevo rito del orden sagrado. Así que la comparación es claramente falaz.

b)Hubo varias docenas de conciliábulos.

R: Y ninguno aceptado por la suprema autoridad de la Iglesia ni aceptados universalmente por la Iglesia. Entonces la comparación no aplica.

c)Se trató la cuestión, entre teólogos, de la deposición ipso facto de un Papa hereje.

R: Y la Iglesia nunca ha determinado que un Papa hereje pierde ipso facto el pontificado. De hecho, según el Código de Derecho Canónico de 1917, eso no pasaría.

Además, los mismos teólogos y Doctores católicos aceptan que los herejes ocultos siguen formando parte de la Iglesia. Y un hereje oculto no es solo aquél que profesa herejías en privado o en lo íntimo, sino aquel que también manifiesta sus herejías en público pero pertenece visiblemente a la Iglesia, dice ser católico y cuando le interrogas no niega ser católico. De hecho, un hereje oculto ni siquiera pierde ipso facto su cargo o jurisdicción.

¿No recuerdas cómo Santo Tomás de Aquino dice que la herejía no anula la autoridad civil, y por eso los paganos aún así tenían autoridad? Bueno, Suárez dirá lo mismo con respecto a la autoridad eclesiástica, y dirá que la falta de fe no es necesaria para ocupar cargo en la Iglesia:

“Finalmente, la fe no es absolutamente necesaria para que un hombre sea capaz de jurisdicción espiritual y eclesiástica y sea capaz de ejercer verdaderos actos de jurisdicción”

Luego dices que “es como que un protestante me demuestre la ortodoxia de la Confesión de Augsburgo…”

Lamento decirlo, pero otra vez eso es una falacia de falsa analogía.

Tampoco sirve querer excusar tal ejemplo trayendo el del Palmar de Troya. Porque uno y otro son escisiones de la Iglesia. Mientras que la elección de Juan XXIII, Pablo VI y demás no son escisiones, sino continuidades y aceptadas por la Iglesia Universal.

Después, no sirve el ejemplo de Alejandro V de Pisa porque éste fue electo cuando ya había Papa y ni siquiera fue electo por todos los cardenales, además de que ni fue aceptado por la Iglesia Universal.

“El punto es el siguiente: no importa que un concilio tenga obispos católicos…”

Y nadie dice que solo por eso el concilio es válido.


5. Ya conozco el párrafo 7 de la Dignitatis.

Ahí mismo al inicio te dice que, como la libertad religiosa se ejerce en sociedad, ha de ser regulado con normas. ¿Con miras al qué? Al bien común.

“En el uso de todas las libertades hay que observar el principio moral de responsabilidad personal y SOCIAL: en el ejercicio de los derechos, cada uno de los hombres y grupos sociales ESTÁ OBLIGADO por la ley moral a TENER EN CUENTA LOS DERECHOS DE LOS OTROS”.

¿Por qué se prohibía el culto público de las falsas religiones? Porque atentaban contra los derechos de los otros, causando escándalo y arrastrándolos al error. En definitiva, estamos en la misma.

“Además, puesto que la sociedad civil tiene el DERECHO A PROTEGERSE CONTRA LOS ABUSOS que puedan darse bajo el pretexto de libertad religiosa”.

No sirve que me vuelvas a apelar “excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos". Porque el hecho de que diga que hay “justos límites” IMPLICA NECESARIAMENTE QUE SE PUEDEN DIRIGIR O IMPEDIR.

Entonces, o tenemos contradicción en el texto o no la tenemos. Ambos aceptamos que el texto no se está contradiciendo. Discrepamos en cuál es el sentido. Para ti el sentido es que nunca se pueden impedir actos religiosos. Para mí el sentido es que los actos religiosos sí se pueden impedir. Pero sabemos que tu interpretación no es la correcta, porque tú mismo aceptaste que se pueden limitar los actos religiosos cuando hablaste del ejemplo del culto en medio de una autopista en hora pico.

Entonces, ¿Cuál es el límite de la libertad religiosa? El bien común. Ergo, estamos en lo mismo de siempre.

Ahí te dice cómo regular la libertad religiosa:

-Tutela eficaz de los derechos de los ciudadanos.

-Pacífica composición de tales derechos.

-Adecuada promoción de la honesta paz pública.

-Ordenada convivencia en la verdadera justicia.

-Debida custodia de la moralidad pública.

Si una religión hace procesiones con todos en pelotas, ¿atenta o no contra la moralidad pública? Sí.

Entonces está claro que sí pueden limitarse las prácticas públicas de la religión.

Y de hecho, cuando citaste a Clemente IV, él se basó -para limitar la libertad de culto de los musulmanes- en la moralidad pública: Los musulmanes causaban escándalo a los fieles.

Ahora, tus puntos para objetar, para señalar las diferencias entre la doctrina tradicional y el Vaticano II, son:

a)Antes se hablaba de “tolerancia” (marcando que se “tolera el mal”), pero ahora se habla de “derecho”.

R: Bueno, esa cuestión de que antes se hablaba de tolerancia y en la Dignitatis de “derecho” ya la señalaba Julio Meinvielle: “Fácil es advertir que en la doctrina tradicional no se habla de derecho sino únicamente para la verdad y el bien. Respecto de la falsedad y del mal se habla de tolerancia (…) La Declaración conciliar sobre Libertad Religiosa habla, en cambio, de derecho de la persona humana…”

Pero como explica él mismo, la declaración conciliar se coloca en el plano civil de los derechos, y no en el plano de la conciencia ante Dios.

Como explica (y cito): “Per se, de suyo, no puede existir sino derecho a la verdad. Este es un derecho primario y absoluto. Pero como la libertad a la verdad se hace muy riesgosa e imposible, en materia religiosa que de suyo pertenece al foro interno de la conciencia, si no se le otorga también derecho al error, hay que reconocer en la persona humana, per accidens, es a saber, por una razón circunstancial y derivada, un derecho al error. Este derecho es, por consiguiente, secundario, derivado y condicionado.”

Por eso el Catecismo ya explica que la libertad religiosa NO implica un derecho para adherirse al error, ni es un derecho al error, sino “derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, EN LOS JUSTOS LÍMITES”.

Precisamente, porque es un derecho “secundario, derivado y condicionado” es que el Catecismo dice que tiene “justos límites”.

De ahí que, dice Meinvielle:

“Sostenía asimismo (la doctrina tradicional) como un deber del Poder Público esta tolerancia de los cultos falsos. Esta obligación —relativa— del Poder público, determinada por razones de prudencia política, creaba, en cierto modo, un derecho también relativo en los ciudadanos para practicar cualquier culto, verdadero o falso. Un derecho puramente civil, vale decir, con vigencia en la esfera de la civilidad, pero no en la de la moralidad.”

b)Antes se toleraba para evitar el escándalo o la discordia, pero el Vaticano II habla de “tener en cuenta los derechos de los otros”.

R: Como ya expliqué arriba, una cosa y la otra se basan en el bien común.

La concepción liberal y masónica de la libertad enarbola la libertad como fin y no como medio, además de anular la obligación de buscar la verdad y profesarla. Por lo que no es lo mismo. Como dice Julio Meinvielle:

“De todo esto hemos de concluir que la Libertad Religiosa, que nos propone la Iglesia en la Declaración conciliar, tiene un sentido diametralmente opuesto al que pregonan hasta aquí los enemigos seculares de la Iglesia. En éstos, la libertad religiosa es un fin en sí mismo que sirve para alejarnos de la Verdad. En la Declaración conciliar, en cambio, la libertad es un simple medio, de especial significación en el estado de salud del hombre actual, que debe ser adoptado en vista del fin, que es llevar al hombre a la salud, que sólo se encuentra en la Verdad católica.”

Por otro lado, dices que: “es falso, es herético y masónico., pues no es solo cuando se perturba el orden público cuando el gobierno puede impedir el ejercicio público de una falsa religión”.

Pues siempre que se aceptó la limitación del ejercicio público de una falsa religión se basó en el bien común: evitar que propaguen sus errores y que causen escándalo.

Y sobre la segunda posibilidad, dices: “Decir que hay que interpretar el #3 acorde al #7, que es probablemente lo que pretendas tú, tratando de ocultar la herejía más abierta del #3”

Pero como ya dije: o el texto se contradice o no. Y no se contradicen, sino que ambos dicen que se tiene como límite el bien común.

Más aún, como el número 3 dice que toca a la autoridad pública contribuir al bien común temporal reconociendo y favoreciendo la vida religiosa, de eso se puede deducir que la misma lógica, en sentido contrario, la autoridad pública puede no favorecer las expresiones que atenten contra la vida religiosa de los ciudadanos. Y como el proselitismo de las sectas o cultos como el satanismo atentan contra la vida religiosa de los ciudadanos, limitar tales prácticas o prohibirlas. Por lo que aun basándome solo en el número 3 me basta para defender mi punto.


6. Como ya dije e insistí: el Estado reprime la expresión pública de las falsas religiones en pos del bien común, como ha enseñado siempre la Iglesia.

Tú mismo estás diciendo porqué el Estado puede suprimir la celebración de oficios religiosos de judíos y musulmanes: “ya que escandalizan a los demás y pueden causar que otros se unan a esas falsas religiones.”

O sea, en pos del bien común, que es lo mismo que dice el Vaticano II. Y de hecho, la Iglesia ha aceptado cosas que pueden conducir a la condenación eterna de los demás. ¿Cómo? Cuando Santo Tomás de Aquino dice que no se puede bautizar a la fuerza a los hijos de los infieles, aunque los mismos se condenen. Porque el deber de cuidar que no se condenen pertenece primeramente a los padres, aunque sean estos infieles.

De hecho, la prostitución o la usura pueden causar igual o más riesgo de condenación, y sin embargo eran aceptadas.

Coincido en que el Estado tiene la obligación de promover en ellos la fe, enviándoles sacerdotes católicos (cosa que acepta el Vaticano II al decir que la autoridad civil debe promover la religiosidad de los ciudadanos).

7. Es irrelevante si un protestante o un judío ortodoxo coinciden y pueden decir lo mismo.

Tampoco es exclusivo de los católicos el creer que la propia religión es la verdadera, ¿a qué se supone que quieres llegar con el hecho de que los judíos y protestantes coincidan con nosotros en un principio?

“No es patrimonio único del catolicismo, luego tenerlo no te hace católico por ese solo hecho.”

Me parece que no se está entendiendo para nada el motivo de la cita que puse.

El motivo de la cita fue mostrar que la Iglesia SIGUE enseñando que hay que promover las virtudes y reprimir los vicios, todo con miras al bien común. Ese es el principio doctrinal. Y con base a ese principio se ha limitado la libertad religiosa.

Así que si la libertad religiosa pública es nociva en algún sentido o causa más mal que bien, según el principio aceptado por el Catecismo –que nos dice cómo hemos de creer-, podría limitarse la libertad religiosa en pos del bien común. Y lo dice ahí mismo en el número 1888 (reformar las instituciones y condiciones de vida si inducen a pecado), y también el número 2109 cuando dice que la libertad religiosa no es ilimitada sino que tiene como límite el bien común.

ESA es la doctrina católica.

“¿Tu catecismo tiene la doctrina católica tradicional relativa a la libertad de la conciencia diferente a la libertad de conciencia?”

A pesar de tu respuesta negativa, la verdad es que sí la tiene.

Le recuerdo la definición que dio usted mismo respecto a la “libertad de conciencia”:

“la libertad de conciencia masónica supone FALSAMENTE, que TODAS las opiniones (verdaderas y falsas) tienen el mismo derecho a iluminar nuestras conciencias, y que por tanto, queda al arbitrio puro y subjetivo de nuestra conciencia el decir qué cosa es Verdad y qué cosa es mentira"

Entonces, su definición dice que la libertad de conciencia implica:

1.Tanto la verdad como la mentira tienen derecho a iluminar nuestra conciencia.

1.1.Porque no hay diferencia entre verdad y mentira. No hay obligación de buscar la verdad.

2.Decidir qué es verdad y mentira es un asunto puramente subjetivo que queda al arbitrio de nuestra conciencia.

2.1.De esto se desprende que no se acepta la autoridad divina respecto a la revelación, y que no hay obligación de aceptar esa revelación.

Pero cualquiera que lea el Catecismo puede ver que tales cosas no se enseñan sino que, incluso, se rechazan.

Te cito el Catecismo:

2104 “Todos los hombres [...] están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla” (DH 1).

2105 El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es “la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo” (DH 1).

2108 El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (cf León XIII, Carta enc. Libertas praestantissimum), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso 6 diciembre 1953).

Entonces está claro que no se acepta el punto 1, ni el 1.1, ni el 2 ni el 2.1.

Por otro lado, debo decir que mi interpretación no es aislada. Otros la han dado, como el padre Julio Meinvielle o más recientemente, Dante Urbina o Javier Olivera Ravasi. Eso por hablar solo de la lengua hispana, no sé en otros idiomas. Pero hasta Miguel Ayuso, tradicionalista y carlista, dice que el problema del concilio no es la letra, que puede interpretarse ortodoxamente; sino la intención, convocación, desarrollo y aplicación.

Incluso Julio Meinvielle tienen en cuenta todo lo que tú dices. Cito al padre Meinvielle:

“Es fácil exhibir casi un centenar de documentos eclesiásticos que, unánimemente (…) establecen la doctrina tradicional que niega el derecho a la profesión pública de los cultos falsos y que acuerda al Estado la obligación y el derecho de reprimirlos. Este es precisamente el punto donde se hace más sensible la discrepancia entre esa doctrina tradicional y la ahora enunciada por la Declaración conciliar (…) Estamos pues, aparentemente al menos, ante dos enseñanzas que discrepan.”

¿Y cómo lo resuelve Meinvielle?

Así: “Por de pronto, no hay cambio de doctrina aunque lo puede haber en su formulación. Una misma doctrina recibe dos formulaciones diferentes para dos situaciones históricas también diferentes.”

Y luego argumentará todo lo que yo estoy diciendo. Pero él como sacerdote obviamente argumenta mucho mejor que yo.


8. Pero a mí no me sirve lo que dice Ratzinger, sino la enseñanza de la Iglesia. Y la misma ya fue expuesta.

Después, no puedo coincidir en “seamos honestos: Ratzinger coincide conmigo”, por el simple hecho de que no tengo la obra de Ratzinger como para opinar y saber todo el contexto del capítulo en que escribe. Y seguramente usted tampoco porque la cita la ha sacado de alguna página sedevacantista (¿sededelasabiduria.es?).

Y por otro lado, tengo motivo para dudar del sentido en que habla Ratzinger puesto que ya se vio cómo sacó de contexto la Unitatis Redintegratio y la Mortalis Animos. Y además –me adelanto- se habló de Juan XXIII sin tener en cuenta para nada su magisterio.

Después, los tradicionalistas no son mis enemigos.

“Interpretar el sentido del Concilio con las afirmaciones del Catecismo es volver al método de los parches de ortodoxia”.

No, es el método que cualquier católico se supone que debería hacer: basarse en el Catecismo, que nos dice qué creer.

“Los textos del concilio son en sí mismos magisteriales”.

Nadie lo niega, y el sentido es claro, pues con la misma Dignitatis se puede mostrar mi punto. Pero como tal cosa no se está entendiendo, es necesario recurrir al Catecismo para que él nos diga cuál es el sentido del texto. Como dice Julio Meinvielle:

“Es claro también que la interpretación auténtica de la Declaración conciliar ha de darla el magisterio de la Cátedra romana, al cual debemos todos los cristianos acatamiento pleno.”

No sirve volver a apelar a Pío IX, Syllabus, 78.

Luego, dices que el favorecer la vida religiosa no es contrario al indiferentismo sino al ateísmo, y que al concilio se lo acusa de fomentar el indiferentismo. Pero tal cosa no tiene sentido, porque al mismo inicio de la Dignitatis se dice que se deja intacta la doctrina católica tradicional del deber de la sociedad para con la verdadera religión, la católica (cosa con la que no estaría de acuerdo ningún protestante, musulmán o judío). Por tanto, está claro que cuando se dice que se ha de favorecer la vida religiosa está claro que se habla de la vida religiosa de la verdadera religión, y no simplemente de la vida religiosa a secas.

Nunca dije que para León XIII el indiferentismo solo va unido al ateísmo. Ni el Vaticano II dice que todas las religiones tienen los mismos derechos y son igual de dignas. Por eso al inicio de la Dignitatis se reconoce un deber individual y social para con la verdadera religión –la católica- que no se reconoce para con las demás.

Después, nadie niega que las opiniones falsas y los vicios puedan ser reprimidos. El hecho de que haya que reformarse instituciones cuando inducen a pecado, ya te están diciendo que eso se puede hacer.

Después, con la segunda parte de la cita (“Hay derecho de propagar en la sociedad...”), nadie niega que hay derecho de propagar lo verdadero y honesto y que las opiniones falsas y los vicios corruptores deben y pueden ser reprimidos.

Hay una parte que dices: “Indíqueme en el Catecismo o en el Vaticano II donde se dice formal y explícitamente eso. Algo así como «no hay derecho al error».”

Pero no sé si con “Indíqueme” te refieres a la oración anterior (“… eso”) o te refieres a la oración que sigue (“Algo así...). Si es el segundo caso, ahí está el número 2109 del Catecismo.

Dices que cuando León XIII dice que el Estado puede limitar la libertad religiosa no “se fundamenta en el bien común”, sino “que se basa en evitar el escándalo y la seducción en el error”.

¿Y qué es eso? ¡El bien común! Limitar las religiones falsas porque atentan contra el bien común causando escándalo y seduciendo al error.

El Vaticano II dice que la libertad religiosa tiene límites, el bien común.

Yo no fuerzo las cosas, yo digo las cosas tal cual están escritas en el texto.


9. Precisamente, lo que enseña Ludwig Ott no es novedad. Pero ese es el punto. Si puede haber herejes materiales “fuera de la Iglesia” que se pueden salvar, precisamente entonces no es nada erróneo decir que puede haber mártires y santos fuera de la Iglesia.

Afirmar una cosa y negar la otra es estar afirmando y negando a la vez la misma cosa.

Y si lo que dice Ludwig Ott no contradice en nada lo que dicen Pelagio II y el Cocnilio de Florencia, entonces en nada tampoco lo contradicen el decir que hay mártires y santos fuera de la Iglesia.

Podrás alegar que “Ni el Vaticano II ni Juan Pablo II hacen esa distinción vital y esencial”.

En realidad sí lo hacen, al decir que existe la obligación de buscar la verdad y, una vez conocida, abrazarla y profesarla. Y lo dicen al afirmar que nadie fuera de la Iglesia Católica puede salvarse.

Entonces, ¿cuál es la conclusión más lógica -teniendo esas dos afirmaciones- cuando dice que hay mártires y santos fuera de la Iglesia? La conclusión más lógica es que se esté refiriendo a lo mismo que Ludwig Ott. Por Votum Ecclesiae pueden salvarse.

Si no quieres entenderlo así, entonces simplemente se está buscando la quinta pata al gato y no hay intención siquiera de hacer un mínimo esfuerzo para darle un sentido católico al texto.

De hecho, si aplicáramos esa misma lógica a la Escritura y fuéramos a leerla no como católicos sino como ateos, podríamos encontrar multitud de aberraciones.

Dices que el título de mártir solo pertenece a aquél que ha derramado su sangre por odio a la fe verdadera. Sin embargo, aceptas que tales personas pueden tener fe –porque aceptas que pueden salvarse-. ¿Entonces en qué quedamos? ¿Puede tener fe sobrenatural pero no muere por dicha fe sino por la fe herética?

Si tiene fe sobrenatural, se sigue que tiene también fe verdadera, en virtud de la cual se salva y por la cual muere. Ese es el sentido en que se dice que son “mártires”, y entendido así no es nada herético.

El hereje no muere solo por las herejías (¿El ortodoxo a manos de musulmanes muere por no sostener el Filioque y la infalibilidad pontificia, o muere principalmente por creer en la Santísima Trinidad, la Encarnación, Muerte y Resurrección de NSJ?); ante los no-cristianos muere también por la parte ortodoxa de la fe en la que coincide con nosotros los católicos. Las partes en las que no coincide con nosotros no le interesa al no-cristiano. Podría el hereje material sostener cualquier otra herejía aparte de las que sostiene, y aun así ser muerto a causa de la fe cristiana a la cual se niega a renunciar.

El Vaticano II no dice que se es mártir por defender las ideas propias de uno, sean católicas o no. Sino que se es mártir por dar testimonio de Cristo. Para negar esto tendrías que negar que todos los que, fuera de la Iglesia, fueron muertos a causa de la fe cristiana por no cristianos, no estaban en gracia y murieron todos por la herejía. Algo indemostrable.

10.

Sí, conozco lo que dice Pío XI a continuación: “Otros en cambio aún avanzan…” Precisamente, respondí porque leí lo que dice el texto completo.

No tiene nada que ver que “Pío XI está hablando de otros herejes, que no son los mismos que del primer fragmento”.

Acá el punto es que Pío XI está hablando de cómo debe ser la unidad entre los cristianos, y menciona que hay algunos que piensan que la unión entre las distintas iglesias debe hacerse considerando a todas las Iglesias como iguales, NEGANDO ASÍ EL PRIMADO DE JURISDICCIÓN DEL PAPA.

De eso se está tratando en el texto. En eso que algunos dicen que aceptan un primado de honor, otros que no aceptan ningún primado ni siquiera de honor pero que pretenden la unidad. Ambos pretenden una unión con Roma pero de igual a igual.

Pero eso no tiene nada que ver con el “Igual a igual” de la que habla la Unitatis Redintegratio. Porque el número 9 del documento no habla sobre cómo ha de ser la unidad de los cristianos, sino que habla de las reuniones destinadas a tratar temas teológicos.

Entonces, simplemente sacaste de contexto el número 9 de la Unitatis para hacerlo pretender que dice algo que no dice, y basándote solo en la similitud de una frase: “igual a igual”, cuando ambos textos se refieren a cosas distintas.

Acá la cuestión no es cómo enseña que debe ser la unidad la Iglesia, sino que la cuestión era qué dice el número 9 de la Unitatis, y que tú pensaste que se refería a una forma de concebir la unión que condenó Pío XI.

Por otro lado, si la cuestión es discutir cómo interpreta la Iglesia el ecumenismo, okey, pero eso ya es otra cuestión.

Veo que citas a Juan XXIII. Y debo decir que ya conozco las herejías de las que le acusan. Usas las mismas acusaciones que vaticanocatolico.com. Es exactamente la misma, y ya la conozco. Pero tal acusación denota un desconocimiento sobre el magisterio de Juan XXIII, porque se desconoce completamente lo que enseña en su Ad Petri Cathedram, Donde específicamente dice que la Iglesia Católica es una sola y los que no están unidos a la Sede Apostólica deben unirse a ella. Y por cierto, la unidad que menciona implica también la unidad doctrinal, no solo moral.

Afirmas: “Esta afirmación herética y blasfema significa que la única verdadera Iglesia no ha sido aún establecida”.

Una sola cita de Ad Petri Cathedram basta para responder eso:

“Todos saben que nuestro divino Redentor fundó una sociedad, que habrá de conservar su unidad hasta el fin de los siglos”

Y más adelante también, para dar otra cita:

"Indudablemente, nuestro divino Redentor fundó su Iglesia con el fundamento y la nota de una solidísima unidad, y si —por un absurdo— no la hubiera hecho así, habría fundado una cosa caduca y contraria a sí misma”



Tercera respuesta:

 1.Responderé primero lo ESENCIAL y luego lo secundario.

Lo esencial es tu respuesta de que “Con el tema del bien común y las limitaciones de la libertad religiosa incurres en un sofisma terrible…”

Tu argumento es:

“Bien común” y “evitar el peligro de seducción del error” no son equivalentes.

¿Cuál es el fundamento? El hecho de que hay cosas que atentan contra el bien común pero no implican peligro de seducción al error; y viceversa, hay cosas que permiten o facilitan el peligro de seducción del error, pero no contra el bien común.


Ese contra-argumento es insuficiente, porque nadie acá está diciendo que son equivalentes a secas. Acá no es cuestión de si “bien común” y “evitar el peligro de seducción al error” son siempre equivalentes, nadie está diciendo eso. Por lo que se está cometiendo una falacia del hombre de paja: respondiendo algo que nadie está planteando.

Aceptando plenamente tal cosa que mencionas –de que no son equivalentes-, es irrelevante para mi punto.

¿Por qué?

Como dice Santo Tomás de Aquino: A veces se tolera o se permite algo y a veces no se permite, todo ajustándose según convenga o no en determinadas circunstancias históricas.

El bien común a veces nos lleva a prohibir las manifestaciones públicas de las demás religiones para que no seduzcan al error, y otras nos llegan a permitirlo. ¿Todo en base a qué? ¡Al bien común!

Lo dice León XIII en libertas praestantissimum, n. 23:

“… al ser la tolerancia del mal un postulado propio de la prudencia política, debe quedar estrictamente circunscrita a los límites requeridos por la razón de esa tolerancia, esto es, el bien público. Por este motivo, si la tolerancia daña al bien público o causa al Estado mayores males, la consecuencia es su ilicitud, porque en tales circunstancias la tolerancia deja de ser un bien.”


Las cosas se toleran o se prohíben según el bien común/bien público. Y como tal depende de la “prudencia política”.

Antes la prudencia política exigía prohibir los cultos de las falsas religiones (no solo públicos, sino también privados) en virtud de que no hacerlo causaría mal a la sociedad. 

O sea: ¿por qué se prohibían las demás religiones? En pos del bien común. ¿Y cuál era el argumento esgrimido para decir que atentaban contra el bien común? Decir que seducían al error. Entonces, para evitar eso y resguardar un bien –la unidad de la fe, fundamento además de la sociedad- se necesitaba eliminar tal peligro.

Por lo que no se demuestra en nada tu punto.

El Vaticano II no cambia en nada la doctrina, solo dice que en las nuevas circunstancias históricas el bien común exigiría más amplia tolerancia religiosa.

Una libertad secundaria y subordinada como la libertad religiosa y pública, pasaría ahora a poder manifestarse.


Después, no sirve contraponer el bien común a las razones religiosas. Porque precisamente la verdad religiosa también es parte del bien común. No sé quién acá pretendió separar una cosa de la otra. Yo no hice eso.

Pero simple: también hay peligro de fornicación –en realidad, SEGURIDAD de que ocurrirá- si se permite la prostitución, y quizá algunos  se condenen por ello. Sin embargo, era aceptado en pos del bien común: el evitar males mayores.

¿Significa eso que cuando hablaran de “bien común” se desligaran de razones religiosas?  No, porque al hablar del bien común también a de tenerse en cuenta las razones religiosas, como dice el Catecismo n. 2108: no se puede reducir el orden público a una concepción naturalista.

Pues aquí, con la libertad religiosa, se está aplicando la misma lógica.




Paso ahora a responder lo secundario:

2.Tú no tomas citas de argumentos sedevacantistas. Tú copias y pegas sin más como si el texto fuera redacción tuya cuando es copy&paste, cosa que yo no hice. Nadie habla de pretender originalidad. Pero una cosa es citar o usar el argumento de alguien más y otra cosa es copiar y pegar sin más como si uno fuera el autor de lo redactado.

En el segundo comentario no hay argumento, así que paso de ahí.


3.No, señor, yo no soy el que “tapa herejías de Roncali”. Usted se puso a citar a Roncali sin siquiera saber qué es lo que él creía. Y lo hizo basándose solo en una cita sacada de Vaticanocatólico, el cual no dice nada de lo que yo le mostré de Ad Petri Cathedram.

Eso en primer lugar.

En segundo lugar lo que dice Roncali en su cita tampoco es suficiente para acusarlo de herejía, porque en Ad Petri Cathedram dice también las mismas cosas que en la cita puesta por usted y sin embargo dice las cosas que yo señalé. Así que no hay ningún cambio de doctrina. Solamente que usted tomó lo que le convenía basándose en la cita de una página sedevacantista, ignorando todo lo demás. Y pretender que hay herejía sería querer buscar el pelo al huevo, porque no se acerca al texto con buena intención: como ve que Roncali no sostenía lo que usted pretende, entonces solo le queda inferir que en los 1920’ Roncali no sostenía lo mismo que en los 1960’.

Y en tercer lugar, es falso que con la Cum Ex Apostolato de Pablo IV Roncali no sería Papa. Eso ya fue refutado y por eso en mi comentario dije que, con base al Código de Derecho Canónico de 1917, aún así Roncali –suponiendo que era hereje- no dejaba de ser electo válidamente. En esto me puedo extender pero ya sería salirnos ampliamente de la cuestión.

Y aunque el Código de Derecho Canónico de 1917 cite la Cum Ex Apostolato de Pablo IV, de eso no se sigue que tome todo lo que diga. Por lo que tampoco eso sirve. 

Y por otro lado, dices que la deposición ipso facto es la “tanto la opinión común de los teólogos”. Aún suponiendo que lo fuera, no deja de ser una pura opinión que se opone a lo que nos dice el Código de Derecho Canónico del 17, y que se opone a la opinión de otros teólogos. Por algo simple: NO BASTA LA HEREJÍA PARA PERDER UN CARGO.

Y en los 11 argumentos que respondes al final: ignoras esta cuestión y das por sentado que un hereje no puede ser papa y que puede ser depuesto, a pesar de estar completamente en contra de lo que dice el CIC del 17. Y de lo que dicen los teólogos


4.Yo no hago ningún malabarismo. Eres tú mismo quien acepta que los herejes materiales fuera de la Iglesia se pueden salvar y, sin embargo, de forma inconsistente consideras que no pueden ser mártires.

Yo no hago malabares, yo soy coherente con las premisas aceptadas.

Dices: “…es falso que si acepto que se pueden salvar fuera del cuerpo de la Iglesia, debería aceptar que pueda decirse que existen santos fuera de la Iglesia Católica.  ”

¿Y qué cosa son los que se salvan? ¿Acaso hay salvados que no son santos?

Yo no caigo en “falsa analogía”. La palabra puede usarse en varios sentidos y el texto dice cuál es el sentido (lo cito): “…aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia…”

En ningún momento habla de los que están unidos a la Iglesia visible porque claramente se está refiriendo ¡a los que no están unidos a la Iglesia visible! Como inicia la misma oración donde los llama “santos”: “La comunión aún no plena de nuestras comunidades…”


 Tú mismo estás dando pie a una interpretación ortodoxa, simplemente que no te interesa interpretarlo así y prefieres interpretarlo de la forma menos ortodoxa posible porque sirve a tu postura sedevacantista. O sea, para reafirmar tu punto antes que para demostrarlo.


5.Es curioso que hables de “¿Se imaginan a San Pablo hablando de los santos gentiles? ¿…de los santos hindúes?”

Porque específicamente el número 84 de la Ut Unum Sint habla de santos y mártires entre los bautizados, no entre los paganos. Pero bueno, con eso muestra que no le interesa lo que dicen los textos que usted critica, sino solo criticarlos.

Y aún así, si entendemos el “ser santo” como el “sentido lato es sinónimo de "salvado"…” (como usted dice), que es el único sentido al que se refirió la Ut Unum Sint, usted mismo ya ha aceptado esa posición, por lo que no sé porqué quiere que le cite a un doctor o teólogo o le parece algo descabellado. 


6.No me sirve que digas que Ratzinger dijo esa frase, porque ya has citado tres casos donde has desvirtuado el contexto de las citas:

-Juan XXIII, pretendiéndolo hacer decir que la Iglesia no existe.

-Unitatis Redintegratio, contraponiéndola a Mortalium Animus.

-Y la recién mencionada Ut Unum Sint, contraponiéndola a Pelagio II y el Concilio de Florencia.

Entonces a mí esas referencias sin contexto no me sirven para nada.

Y aún así si es como dices me resulta completamente irrelevante. Te centras en lo que interpreta Benedicto cuando a mí sinceramente me importa un rábano porque no afecta en nada todo lo que he dicho.

Aún aunque Ratzinger lo interpretara así me resulta completamente indiferente. El punto era que yo no puedo saber si él lo interpretaba así porque no tengo acceso al contexto del capítulo.

Y no sirve que el “libro sea famoso” porque 100% seguro de que tú tampoco lo leíste. Simplemente copiaste y pegaste las citas sacadas de una páginas sedevacantista.


6.No es deshonesto mencionar a Ayuso porque solo lo usé para tratar un punto, no para tratar todo lo que piensa Ayuso. Así que no hay ninguna “deshonestidad”.

Ayuso puede pensar lo que quiera, el punto era que hay otros igual que yo que dicen que el texto del concilio puede interpretarse ortodoxamente.

Que luego opine X o Z sobre otro tema, es otro asunto.

Y disculpe, pero considero que es más deshonesto poner copias y pegas a secas sacados de páginas. Porque ni una coma cambiaste.


7.Respecto de “quienes deben proceder a la elección papal.”

Te concedo de que, en caso de no haber Papa y tampoco cardenales legítimos, es razonable que lo elijan los obispos. Por lo que me retracto.


Porque según el Código de Derecho Canónico de 1917, NINGÚN CARDENAL queda excluido de ser elector por el hecho de ser hereje. Solo quedan excluidos los excomulgados vitandos. Y para eso se necesita primero juicio de la Iglesia.

Por lo que muy bonita la teorización, pero no se basa en la realidad de la Iglesia.


8.Es accidental al debate el hecho de que hubiera Papas cuando había anti-Papas si suponemos tu punto inicial de que puede dejar de haber Papas y electores y entonces la elección queda a manos de los obispos.

Simplemente que tu argumento es completamente irrelevante para demostrar el sedevacantismo, porque igualmente estás comparando situaciones diferentes. Por lo que hay una clara falacia de falsa analogía.


martes, 8 de junio de 2021

"¿Existió Jesús?" de Bart Erhman (traducción).

 Introducción.

DURANTE LOS ÚLTIMOS VARIOS años he estado planeando escribir un libro sobre cómo Jesús se convirtió en Dios. ¿Cómo es posible que un predicador itinerante poco conocido de los remansos rurales de una parte remota del imperio, un profeta judío que predijo que el fin del mundo como lo conocemos pronto llegaría, que enfureció a los poderosos líderes religiosos y cívicos de Judea y como resultado fue crucificado por sedición contra el estado- Cómo es que dentro de un siglo de su muerte, la gente llamaba a este poco conocido Dios campesino judío? ¿Decir de hecho que era un ser divino que existía antes de que comenzara el mundo, que había creado el universo y que era igual al mismo Dios Todopoderoso? ¿Cómo llegó Jesús a ser deificado, adorado como el Señor y Creador de todo?
Debo admitir que estoy ansioso por escribir el libro, ya que estas se encuentran entre las preguntas más urgentes en toda la historia de la religión. Pero continuamente me he visto obligado a posponer el libro ya que otros proyectos de escritura han tenido prioridad. Sin embargo, será mi próximo libro. Mientras tanto, ha surgido algo más urgente, una pregunta previa que debo abordar primero. Este libro trata de esa pregunta anterior.

Cada semana recibo dos o tres correos electrónicos preguntándome si Jesús existió como ser humano. Cuando comencé a recibir estos correos electrónicos, hace algunos años, pensé que la pregunta era bastante peculiar y no la tomé en serio. Por supuesto que Jesús existió. Todo el mundo sabe que existió. ¿No es así?

Pero las preguntas siguieron llegando, y pronto comencé a preguntarme: ¿Por qué tanta gente pregunta? Mi asombro no hizo más que aumentar cuando supe que en algunos círculos se estaba citando a mí mismo, más bien mal citado, diciendo que Jesús nunca existió. Decidí investigar el asunto. Descubrí, para mi sorpresa, todo un cuerpo de literatura dedicado a la cuestión de si alguna vez hubo o no un hombre real, Jesús. 

Me sorprendió porque me formé como estudioso del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo, y durante treinta años he escrito extensamente sobre el Jesús histórico, los Evangelios, el movimiento cristiano primitivo y la historia de los primeros trescientos años de la iglesia. Como todos los eruditos del Nuevo Testamento, he leído miles de libros y artículos en inglés y otros idiomas europeos sobre Jesús, el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo. Pero yo ignoraba casi por completo, como la mayoría de mis colegas en el campo, este cuerpo de literatura escéptica.

Debo decir desde el principio que ninguna de esta literatura está escrita por eruditos capacitados en el Nuevo Testamento o en los primeros estudios cristianos que enseñan en los seminarios teológicos, escuelas de teología, universidades o colegios universitarios acreditados mayores, o incluso menores, de América del Norte o Europa ( o en cualquier otro lugar del mundo). De los miles de eruditos del cristianismo primitivo que enseñan en esas escuelas, ninguno de ellos, que yo sepa, tiene ninguna duda de que Jesús existió. Pero todo un cuerpo de literatura, parte de ella muy inteligente y bien informada, lo respalda.

Estos libros y artículos diversos (sin mencionar los sitios web) son de calidad variable. Algunos de ellos rivalizan con El Código Da Vinci en su pasión por la conspiración y la superficialidad de su conocimiento histórico, no solo del Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo, sino de las religiones antiguas en general y, aún más ampliamente, del mundo antiguo. Pero un par de eruditos auténticos, no profesores que imparten estudios religiosos en universidades, pero sí eruditos, y al menos uno de ellos con un doctorado. en el campo del Nuevo Testamento — he tomado esta posición y he escrito sobre ella. Es posible que sus libros no sean conocidos por la mayoría del público en general interesado en cuestiones relacionadas con Jesús, los Evangelios o la iglesia cristiana primitiva, pero ocupan un nicho digno de mención como una (muy) pequeña pero (a menudo) voz minoritaria. Una vez que sintoniza esta voz, rápidamente aprende cuán persistente y vociferante puede ser.

Y la voz se escucha fuerte y clara en algunos lugares. Incluso una búsqueda rápida en Internet revela cuán influyente ha sido este escepticismo radical en el pasado y cuán rápidamente se está extendiendo incluso ahora. Durante décadas fue la visión dominante en países como la Unión Soviética. Aún más sorprendente, parece ser la opinión mayoritaria en algunas regiones de Occidente en la actualidad, incluidas algunas partes de Escandinavia. 

Los autores de esta literatura escéptica se consideran “míticos”, es decir, aquellos que creen que Jesús es un mito. Rara vez los míticos definen lo que quieren decir con el término mito, un fracaso que a los verdaderos eruditos de la religión les parece tan desafortunado como altamente problemático, ya que en la erudición técnica el término ha llegado a significar muchas cosas a lo largo de los años. Cuando los mitistas usan el término, a menudo parecen referirse simplemente a una historia que no tiene base histórica, una narrativa similar a la historia que de hecho no sucedió. En este sentido, Jesús es un mito porque aunque se cuentan muchas historias antiguas sobre él, no son históricas. Su vida y sus enseñanzas fueron inventadas por los primeros narradores. En realidad, nunca vivió.

Aquellos que no creen que Jesús existió con frecuencia son militantes en sus puntos de vista y notablemente expertos en contrarrestar la evidencia de que para el resto del mundo civilizado parece convincente e incluso incontestable. Pero estos escritores tienen respuestas, y los más inteligentes entre ellos deben ser tomados en serio, aunque solo sea para mostrar por qué no pueden tener razón sobre su principal argumento. La realidad es que cualquier otra cosa que puedas pensar sobre Jesús, ciertamente existió. Eso es lo que este libro se propone demostrar.

No necesito enfatizar lo que ya he insinuado: la opinión de que Jesús existió es sostenida por prácticamente todos los expertos del planeta. Eso en sí mismo no es una prueba, por supuesto. La opinión de los expertos es, al fin y al cabo, una opinión. Pero, ¿por qué no querrías saber qué tienen que decir los expertos? Cuando haces una cita con el dentista, ¿quieres que tu dentista sea un experto o no? Si construye una casa, ¿quiere que un arquitecto profesional o su vecino de al lado elabore los planos? Uno podría tener la tentación de decir que en el caso del Jesús histórico es diferente ya que, después de todo, solo estamos hablando de historia; los expertos no tienen más acceso al pasado que cualquier otra persona. Eso, sin embargo, simplemente no es cierto. Puede darse el caso de que algunos de mis estudiantes reciban la mayor parte de su conocimiento de la Edad Media de Monty Python y el Santo Grial, pero ¿es ese realmente el mejor lugar para acudir? Así también millones de personas han adquirido su “conocimiento” sobre el cristianismo primitivo — acerca de Jesús, María Magdalena, el emperador Constantino, el Concilio de Nicea — de Dan Brown, autor del mencionado Código Da Vinci. Pero al final del día, ¿es esa una elección tan sabia? 

Los historiadores serios del movimiento cristiano primitivo, todos ellos, han pasado muchos años preparándose para ser expertos en su campo. Solo para leer las fuentes antiguas se requiere experiencia en una variedad de idiomas antiguos: griego, hebreo, latín y, a menudo, arameo, siríaco y copto, sin mencionar los idiomas modernos de erudición (por ejemplo, alemán y francés). Y eso es solo para empezar. La experiencia requiere años de examen paciente de textos antiguos y una base sólida en la historia y la cultura de la antigüedad griega y romana, las religiones del antiguo mundo mediterráneo, tanto paganas como judías, el conocimiento de la historia de la iglesia cristiana y el desarrollo de su entorno social. vida y teología y, bueno, muchas otras cosas. Llama la atención que prácticamente todos los que han pasado todos los años necesarios para alcanzar estas calificaciones estén convencidos de que Jesús de Nazaret fue una figura histórica real. Una vez más, esto no es una prueba, pero al menos, debería dar una pausa. En el campo de la biología, la evolución puede ser “solo” una teoría (como señalan dolorosamente algunos políticos), pero es la teoría suscrita, con razón, por todos los científicos reales en todas las universidades establecidas en el mundo occidental.

Aún así, como se desprende de la avalancha de publicaciones a veces indignadas en todos los sitios de Internet relevantes, simplemente no hay forma de convencer a los teóricos de la conspiración de que la evidencia de su posición es demasiado débil para ser convincente y que la evidencia de una visión tradicional es completamente persuasivo. Cualquiera que elija creer algo contrario a la evidencia que una abrumadora mayoría de personas encuentra abrumadoramente convincente, ya sea que se trate del hecho del Holocausto, el aterrizaje en la luna, el asesinato de presidentes o incluso el lugar de nacimiento de un presidente, no será convencido. Simplemente no se convencerá. 

Y así, con este libro, no espero convencer a nadie en ese barco. Lo que sí espero es convencer a los buscadores genuinos que realmente quieran saber cómo sabemos que Jesús existió, como prácticamente todos los eruditos de la antigüedad, de los estudios bíblicos, de los clásicos y de los orígenes cristianos en este país y, de hecho, en el mundo. El mundo occidental está de acuerdo. Muchos de estos académicos no tienen ningún interés personal en el asunto. Resulta que yo tampoco. No soy cristiano y no tengo ningún interés en promover una causa cristiana o una agenda cristiana. Soy un agnóstico con inclinaciones ateas, y mi vida y mi visión del mundo serían aproximadamente las mismas, existiera o no Jesús. Mis creencias variarían poco. La respuesta a la pregunta sobre la existencia histórica de Jesús no me hará más o menos feliz, contento, esperanzado, agradable, rico, famoso o inmortal.

 Pero como historiador, creo que la evidencia es importante. Y el pasado importa. Y para cualquiera a quien le importen tanto la evidencia como el pasado, una consideración desapasionada del caso lo deja bastante claro: Jesús existió. Puede que no haya sido el Jesús en el que cree su madre o el Jesús de la vidriera de colores o el Jesús de su televangelista menos favorito o el Jesús proclamado por el Vaticano, la Convención Bautista del Sur, la megaiglesia local o el gnóstico de California. Pero existió, y podemos decir algunas cosas, con relativa certeza, sobre él.

En cualquier caso, debo admitir que escribo este libro con algo de miedo e inquietud. Sé que algunos lectores que apoyan causas agnósticas, ateas o humanistas y que típicamente aprecian mis otros escritos serán vocales y vociferantes al rechazar mis afirmaciones históricas. Al mismo tiempo, ciertos lectores que han encontrado algunos de mis otros escritos peligrosos o amenazadores se sorprenderán, posiblemente incluso complacerán, de ver que aquí hago causa común con ellos. Posiblemente muchos lectores se preguntarán por qué es necesario un libro que explique que Jesús debe haber existido. A ellos les diría que toda persona, acontecimiento o fenómeno histórico necesita ser establecido. El historiador no puede dar nada por sentado. Y hay varias voces fuertes, ya sea que las sintonice o no, que están declarando que Jesús es un mito. Esta posición mítica es interesante histórica y fenomenológicamente, como parte de un escepticismo más amplio que se ha infiltrado en partes del mundo del pensamiento y que merece un análisis sociológico lúcido por derecho propio. No tengo las habilidades ni la experiencia para proporcionar ese análisis más amplio, aunque haré algunas breves observaciones sobre el fenómeno mítico en general en mi conclusión. Mientras tanto, como historiador puedo mostrar por qué al menos un conjunto de afirmaciones escépticas sobre la historia pasada de nuestra civilización es casi seguro que está equivocado, aunque estas afirmaciones se están filtrando en la conciencia popular a un ritmo alarmante. Jesús existió, y las personas vocales que lo niegan no lo hacen porque hayan considerado la evidencia con la mirada desapasionada del historiador, sino porque tienen alguna otra agenda a la que sirve esta negación. Desde un punto de vista desapasionado, había un Jesús de Nazaret.


PARTE I: Evidencia del Jesús histórico 

Capítulo I: Introducción a la visión mítica de Jesús 


LOS ESTUDIANTES MODERNOS DEL Nuevo Testamento son famosos —o infames— por hacer afirmaciones acerca de Jesús que contradicen lo que la mayoría de la gente, especialmente los cristianos, cree sobre él. Algunos eruditos han sostenido que Jesús fue un revolucionario político que quería incitar a las masas en Israel a un levantamiento violento contra sus señores romanos. Otros han afirmado que era como un antiguo filósofo cínico que no tenía un interés real en Israel como pueblo de Dios o incluso en la Biblia hebrea (las escrituras judías), pero estaba preocupado por enseñar a la gente cómo vivir simplemente alejado de las trampas materiales de esta vida. Otros han insistido en que Jesús estaba principalmente interesado en la difícil situación económica de su pueblo oprimido e instó a la reforma socioeconómica, como una especie de protomarxista. Sin embargo, otros han afirmado que estaba principalmente preocupado por la opresión de las mujeres y era un protofeminista. Algunos han dicho que estaba interesado principalmente en temas religiosos pero que era un fariseo, otros que era miembro de la comunidad de los Rollos del Mar Muerto, un esenio. Algunos han dicho que enseñó una ética completamente burguesa y que estaba casado y tenía hijos. Sin embargo, otros han sugerido que era gay. Y estas son solo algunas de las propuestas más serias.

A pesar de esta enorme variedad de opiniones, hay varios puntos en los que prácticamente todos los estudiosos de la antigüedad están de acuerdo. Jesús era un hombre judío, conocido por ser un predicador y maestro, que fue crucificado (una forma romana de ejecución) en Jerusalén durante el reinado del emperador romano Tiberio, cuando Poncio Pilato era el gobernador de Judea. Aunque esta es la opinión de casi todos los eruditos capacitados del planeta, no es la opinión de un grupo de escritores a los que generalmente se les etiqueta, y a menudo se etiquetan a sí mismos, como míticos.

En una reciente y exhaustiva elaboración de la posición, uno de los principales defensores del mítico de Jesús, Earl Doherty, define el punto de vista de la siguiente manera: es “la teoría de que no existió ningún Jesús histórico digno de ese nombre, que el cristianismo comenzó con la creencia en un figura espiritual y mítica, que los Evangelios son esencialmente alegoría y ficción, y que ninguna persona identificable está en la raíz de la tradición de predicación galilea ”. 1 En términos más simples, el Jesús histórico no existió. O si lo hizo, no tuvo prácticamente nada que ver con la fundación del cristianismo.
Para dar un toque de erudito a su punto de vista, los míticos a veces citan un pasaje de una de las obras más importantes dedicadas al estudio del Jesús histórico en los tiempos modernos, la justamente famosa Búsqueda del Jesús histórico, escrita por un erudito, teólogo y filósofo del Nuevo Testamento. , organista de conciertos, médico, humanitario y ganador del Premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer: 

No hay nada más negativo que el resultado del estudio crítico de la vida de Jesús. El Jesús de Nazaret que se presentó públicamente como el Mesías, que predicó la ética del Reino de Dios, que fundó el Reino de los cielos sobre la tierra y murió para dar a su obra su consagración final, nunca tuvo existencia. Esta imagen no ha sido destruida desde fuera, ha caído en pedazos, hendida y desintegrada por los problemas históricos concretos que van aflorando uno tras otro2.

Sacadas de contexto, estas palabras pueden parecer indicar que el gran Schweitzer mismo no suscribió la existencia del Jesús histórico. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Para Schweitzer, el mito era la visión liberal de Jesús tan prominente en su época, como se representa en los diversos libros que resumió de manera incisiva y desacreditó ingeniosamente en The Quest. El mismo Schweitzer sabía muy bien que Jesús realmente existía; en su segunda edición escribió una crítica devastadora de los míticos de su propio tiempo, y hacia el final de su libro mostró quién era realmente Jesús, según su propio juicio meditado. Para Schweitzer, Jesús fue un profeta apocalíptico que anticipó el inminente fin de la historia tal como la conocemos. Jesús pensó que él mismo jugaría un papel clave en el futuro acto de Dios, en el que las fuerzas del mal que controlan este mundo serían derrocadas y aparecería un nuevo reino. Para Schweitzer, Jesús estaba muy equivocado en esta comprensión de sí mismo y del curso futuro de los acontecimientos. Después de todo, el fin nunca llegó, y Jesús fue crucificado por sus esfuerzos. Pero era una persona muy real, un predicador judío de quien se podía saber mucho mediante un examen cuidadoso de los Evangelios.

El problema con el Jesús histórico para Schweitzer era que, de hecho, era demasiado histórico. Es decir, Jesús estaba tan firmemente arraigado en su propio tiempo y lugar como judío palestino del primer siglo, con una antigua comprensión judía del mundo, Dios y la existencia humana, que no se traduce fácilmente a un idioma moderno. El Jesús proclamado por predicadores y teólogos hoy no existía. Ese Jesús en particular es (o esos Jesús en particular son) un mito. Pero hubo un Jesús histórico, que fue en gran medida un hombre de su tiempo. Y podemos saber cómo era. 

Resulta que la visión de Schweitzer del Jesús histórico también es la mía, al menos en líneas generales. Estoy de acuerdo con Schweitzer y prácticamente con todos los eruditos en el campo desde la época en que Jesús existió, que era ineludiblemente judío, que hay información histórica sobre él en los Evangelios y que, por lo tanto, podemos saber algunas cosas sobre lo que dijo e hizo. Además, estoy de acuerdo con la opinión general de Schweitzer de que Jesús se entiende mejor como un profeta judío que anticipó una ruptura cataclísmica en la historia en un futuro muy cercano, cuando Dios destruiría las fuerzas del mal para traer su propio reino aquí en la tierra. Explicaré al final de este libro por qué tantos eruditos que han dedicado sus vidas a explorar nuestras fuentes antiguas para el Jesús histórico han encontrado esta comprensión tan persuasiva. Por ahora quiero enfatizar el punto más fundamental de todos: aunque algunas opiniones de Jesús podrían ser etiquetadas libremente como mitos (en el sentido en que los míticos usan el término: estas opiniones no son historia sino creación imaginativa), Jesús mismo no era un mito. . Realmente existió.

Antes de dar evidencia de este consenso académico, prepararé el escenario trazando, muy brevemente, una historia de aquellos que adoptan la visión alternativa de que nunca hubo un Jesús histórico. 


Una breve historia del miticismo.

NO HAY NECESIDAD de que dé una historia completa de la afirmación de que Jesús nunca existió. Simplemente diré algunas palabras sobre algunos de los representantes más importantes del punto de vista hasta la época de Schweitzer a principios del siglo XX y luego comentaré sobre algunos de los representantes contemporáneos más influyentes que han revitalizado el punto de vista en los últimos años.

El primer autor en negar la existencia de Jesús parece haber sido el francés del siglo XVIII Constantin François Volney, miembro de la Asamblea Constituyente durante la Revolución Francesa.3 En 1791 Volney publicó un ensayo (en francés) titulado “Ruinas del Imperio”. " En él, argumentó que todas las religiones en el fondo son iguales, una opinión que sigue siendo tremendamente popular entre las personas de habla inglesa que no son eruditos en religión, especialmente como lo articuló Joseph Campbell en la segunda mitad del siglo XX. También el cristianismo, para Volney, era simplemente una variante de la única religión universal. Esta variación particular del tema fue inventada por los primeros cristianos que crearon al salvador Jesús como una especie de dios sol. Derivaron el epíteto más común de Jesús, "Cristo", del nombre que suena similar del dios indio Krishna.

Varios años más tarde, otro francés, Charles-François Dupuis, quien fue secretario de la Convención Nacional revolucionaria, publicó un libro mucho más sustancial e influyente. El origen de todas las religiones (1795) fue una obra enorme, de 2.017 páginas. El objetivo final de Dupuis era descubrir la naturaleza de la "deidad original" que se encuentra detrás de todas las religiones. En una larga sección del estudio, Dupuis prestó especial atención a las llamadas religiones misteriosas de la antigüedad. Estas diversas religiones se denominan misterios porque sus devotos debían mantener en secreto las enseñanzas y los rituales exactos. Lo que sí sabemos es que estas diversas religiones secretas eran populares en todo el Imperio Romano, tanto en las regiones del este como del oeste. Dupuis sometió la información fragmentaria que sobrevivió hasta su día a un escrutinio cuidadoso, ya que argumentó que dioses como Osiris, Adonis (o Tammuz), Baco, Attis y Mitra eran todos manifestaciones de la deidad solar. Dupuis estuvo de acuerdo con su compatriota Volney: Jesús también fue inventado originalmente como otra encarnación del dios sol.

El primer erudito genuino de la Biblia que afirmó que Jesús nunca existió fue un teólogo alemán llamado Bruno Bauer, generalmente considerado entre los eruditos del Nuevo Testamento como muy inteligente y altamente idiosincrásico.4 Prácticamente no tenía seguidores en el mundo académico. A lo largo de casi cuatro décadas, Bauer produjo varios libros, entre ellos Crítica de la historia del Evangelio de Juan (1840); Crítica de los evangelios (2 vols., 1850-1852); y El origen del cristianismo desde la civilización grecorromana (1877). Cuando comenzó como erudito, Bauer coincidió con todos los demás en el campo en que había material históricamente confiable en los primeros tres evangelios del Nuevo Testamento, conocidos como los "evangelios sinópticos" (Mateo, Marcos y Lucas; se llaman "Sinópticos" porque son tan parecidos en las historias que cuentan que puedes colocarlos en columnas paralelas una al lado de la otra para que puedan "verse juntos", a diferencia del Evangelio de Juan, que en su mayor parte cuenta una diferencia conjunto de historias). Sin embargo, a medida que avanzaba en su investigación y sometía los relatos de los evangelios a una evaluación cuidadosa, detallada e hipercrítica, Bauer comenzó a pensar que Jesús era una invención literaria de los escritores de los evangelios. El cristianismo, concluyó, era una fusión del judaísmo con la filosofía romana del estoicismo. Obviamente, esta fue una visión extrema y radical para un profesor de teología en la Universidad Alemana de Bonn, financiada por el estado. Terminó costándole su trabajo. 

La visión mítica fue retomada algunas décadas más tarde en los círculos de habla inglesa por J. M. Robertson, a veces considerado el principal racionalista británico de principios del siglo XX. Su libro principal apareció en 1900, titulado Christianity and Mythology.5 Robertson argumentó que había sorprendentes similitudes entre lo que los Evangelios afirman sobre Jesús y lo que los pueblos anteriores creían sobre los dioses paganos de la fertilidad, quienes, como Jesús, se dice que murieron y fueron resucitado de entre los muertos. Estos dioses de la fertilidad, creían Robertson y muchos otros, se basaban en los ciclos de la naturaleza: así como las cosechas mueren al comienzo del invierno pero luego reaparecen en la primavera, también lo hacen los dioses con los que se identifican. Mueren y resucitan. La muerte y resurrección de Jesús se basó, entonces, en esta creencia primitiva, transpuesta a términos judíos. Más específicamente, aunque una vez pudo haber existido un hombre llamado Jesús, no se parecía en nada al Cristo adorado por los cristianos, que era una figura mítica basada en un antiguo culto de Josué, un dios vegetativo moribundo que era sacrificado y comido ritualmente. Solo más tarde fue este divino Josué transpuesto por sus devotos en una figura histórica, el supuesto fundador del cristianismo.

Muchos de estos puntos de vista llegaron a ser popularizados por un erudito alemán de principios del siglo XX llamado Arthur Drews, cuyo trabajo, El mito de Cristo (1909), fue posiblemente el libro mítico más influyente jamás producido porque tuvo un gran impacto en un lector en particular.6 Convenció a Vladimir Ilich Lenin de que Jesús no era una figura histórica real. Esto, en gran medida, llevó a la popularidad de la teoría del mito en la emergente Unión Soviética.

Después de una pausa relativa, la visión mítica ha resurgido en los últimos años. En los capítulos 6 y 7 reviso los principales argumentos a favor de esta posición, pero aquí quiero decir algo sobre los propios autores, un conjunto valiente y colorido. Ya he mencionado a Earl Doherty, considerado por muchos como el principal representante del punto de vista en el período moderno. Por su propia admisión, Doherty no tiene ningún título avanzado en estudios bíblicos ni en ningún campo relacionado. Pero tiene una licenciatura en clásicos, y sus libros demuestran que ha leído mucho y tiene una gran cantidad de conocimientos a su disposición, bastante admirable para alguien que, en su opinión, es un aficionado en el campo. Su declaración ahora clásica es El rompecabezas de Jesús: ¿Comenzó el cristianismo con un Cristo mítico? Esto se ha ampliado recientemente en una segunda edición, publicada no como una revisión (que es) sino como su propio libro, Jesús: Ni Dios ni el hombre: el caso de un Cristo mítico. Las tesis generales son en su mayor parte las mismas entre los dos libros. 

Por el contrario, Robert Price está altamente capacitado en los campos académicos relevantes. Price comenzó como un cristiano evangélico conservador incondicional, con una maestría del Seminario Teológico evangélico conservador Gordon-Conwell. Luego hizo un doctorado. en teología sistemática en Drew University y luego un segundo Ph.D. en estudios del Nuevo Testamento, también en Drew. Él es el único erudito capacitado y certificado del Nuevo Testamento que conozco y que ocupa una posición mítica. Al igual que con otros evangélicos conservadores que han caído de la fe, Price se enamoró duramente. Su primer libro significativo, The Incredible Shrinking Son of Man: How Reliable Is the Gospel Tradition ?, responde a la pregunta del subtítulo sin sombra de ambigüedad. La tradición del Evangelio sobre Jesús no es en absoluto confiable. Price expone su caso a través de una exploración detallada de todas las tradiciones del Evangelio, argumentando enérgicamente e inteligentemente. Price ha escrito otros trabajos, el más significativo para mis propósitos actuales es La teoría del mito de Cristo y sus problemas, que se publicará (mientras escribo) en unas pocas semanas. Agradezco a Robert y al editor de Atheist Press por ponerlo a mi disposición.

Ese editor es Frank Zindler, otro representante franco de la visión mítica. Zindler también es académico, pero no tiene credenciales en estudios bíblicos ni en ningún campo de la antigüedad. Es un científico, formado en biología y geología. Enseñó en el sistema de colegios comunitarios de la Universidad Estatal de Nueva York durante veinte años antes, por su propia cuenta, de ser expulsado por apoyar a Madalyn Murray O’Hair y su intento de eliminar "In God We Trust" de la moneda estadounidense. Extremadamente prolífico, Zindler escribe en varios campos. Muchas de sus publicaciones se han reunido en una obra masiva de cuatro volúmenes llamada Through Atheist Eyes: Scenes from a World That Won’t Reason. El primer volumen de esta obra magna se llama Religiones y Escrituras y contiene una serie de ensayos relacionados directa y tangencialmente con puntos de vista míticos de Jesús, escritos a nivel popular.8 

Un tipo diferente de apoyo a una posición mítica se encuentra en el trabajo de Thomas L. Thompson, The Messiah Myth: The Near Eastern Roots of Jesus and David. Thompson está capacitado en estudios bíblicos, pero no tiene títulos en el Nuevo Testamento ni en el cristianismo primitivo. En cambio, es un estudioso de la Biblia hebrea que enseña en la Universidad de Copenhague en Dinamarca. En su propio campo de especialización, está convencido de que figuras de la Biblia hebrea como Abraham, Moisés y David nunca existieron. Él transfiere estos puntos de vista al Nuevo Testamento y argumenta que Jesús tampoco existió, sino que fue inventado por cristianos que querían crear una figura salvadora a partir de historias que se encuentran en las escrituras judías.9

Algunos de los otros míticos que mencionaré a lo largo del estudio incluyen a Richard Carrier, quien junto con Price es el único mítico que conozco con formación de posgrado en un campo relevante (doctorado en clásicos de la Universidad de Columbia); Tom Harpur, un conocido periodista religioso en Canadá, que enseñó estudios del Nuevo Testamento en Toronto antes de dedicarse al periodismo y la publicación de libros comerciales; y una gran cantidad de divulgadores sensacionalistas que no son, ni se consideran a sí mismos, eruditos en ningún sentido reconocible de la Palabra.

Otros escritores que a menudo se colocan en el campo mítico presentan una visión ligeramente diferente, a saber, que efectivamente hubo un Jesús histórico, pero que no fue el fundador del cristianismo, una religión enraizada en la figura mítica de Cristo inventada por sus seguidores originales. Este punto de vista fue representado a mediados de siglo por Archibald Robinson, quien pensó que aunque había un Jesús, "no sabemos casi nada acerca de este Jesús". 10

El mítico más conocido de los tiempos modernos, al menos entre los eruditos del Nuevo Testamento que conocen algún mítico, es George A. Wells, que adopta una posición similar. Wells es profesor emérito de alemán en la Universidad de Londres y experto en historia intelectual alemana moderna. A lo largo de los años ha escrito muchos libros y artículos defendiendo una posición mítica, ninguno más incisivo que su libro de 1975, Did Jesus Exist? 11 Wells es sin duda alguien que hace el arduo trabajo de campo necesario para defender su caso: aunque es un extraño a los estudios del Nuevo Testamento, habla la jerga del campo y ha leído profundamente en su erudición. Aunque la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento no considerarán (o no) su trabajo convincente o particularmente bien argumentado, fue de lejos el mejor trabajo mítico disponible antes de los estudios de Price. 


Sobre tomarse en serio a los miticistas

ES JUSTO decir que la gran mayoría de los eruditos en los campos del Nuevo Testamento, el cristianismo primitivo, la historia antigua y la teología no toman en serio a los míticos como grupo y como individuos. Esto es ampliamente reconocido, para su disgusto, por los propios míticos. Archibald Robertson, en una de las obras clásicas en el campo, dice con razón: “El mítico ... no recibe juego limpio de los teólogos profesionales. O lo reciben con una conspiración de silencio o, si eso es imposible, lo tratan como a un aficionado cuya falta de estatus académico ... le quita valor a su opinión. Este tratamiento, naturalmente, hace que el mítico sea belicoso ". 12

No ha cambiado mucho en los sesenta y cinco años desde que apareció el breve volumen de Robertson. Los eruditos establecidos continúan siendo desdeñosos, y los míticos, por regla general, expresan sus objeciones. Como se mencionó, el único mítico dentro de la visión de muchos eruditos del Nuevo Testamento es G. A. Wells. En el estudio masivo y justamente aclamado de cuatro volúmenes del Jesús histórico realizado por uno de los principales eruditos en el campo, John Meier, Wells y sus puntos de vista son perentoriamente descartados en una sola oración: “El libro de Wells, que basa sus argumentos en estos y afirmaciones similares sin fundamento, se puede permitir que se presente como un representante de todo el tipo de libro popular de Jesús que no me molesto en considerar en detalle ". 13
Incluso los libros que uno podría esperar que aborden el tema de la existencia de Jesús simplemente lo dejan en paz. Un ejemplo de ello es el volumen Creo en el Jesús histórico del especialista británico en el Nuevo Testamento I. Howard Marshall. El título da a uno un rayo de esperanza de que al menos se prestará atención a si realmente hubo un Jesús histórico, pero el libro presenta solo las opiniones teológicamente conservadoras de Marshall sobre el Jesús histórico. Marshall menciona solo a un mítico, Wells, y se deshace de él en un solo párrafo con la afirmación de que ningún erudito en el campo encuentra sus puntos de vista persuasivos ya que las abundantes fuentes del Evangelio, basadas en una variedad de tradiciones orales, muestran que Jesús debe haber existido.

Como indicaré con más detalle más adelante, creo que Wells, y Price, y varios otros míticos, merecen ser tomados en serio, incluso si sus afirmaciones son finalmente descartadas.15 Sin embargo, varios otros míticos no ofrecen nada. parecerse a la erudición en apoyo de su punto de vista y, en cambio, presentar al público lector desprevenido con afirmaciones sensacionalistas que son tan extravagantes, tan equivocadas y tan mal fundamentadas que no es de extrañar que los académicos no las tomen en serio. Estos libros sensacionalistas pueden tener un público lector. Después de todo, están escritos para ser leídos. Pero si los eruditos toman nota de ellos, es simplemente por asombro que publicaciones tan inexactas y pobremente investigadas puedan ver la luz del día. Aquí puedo dar dos ejemplos. 


La conspiración de Cristo

EN 1999, BAJO EL nom de plume Acharya S, DM Murdock publicó el sueño del conspirador sin aliento: La conspiración de Cristo: la historia más grande jamás vendida. Jesús, el dios sol, que fue inventado por un grupo de judíos en el siglo II d.C.

Los míticos de este tipo no deberían sorprenderse de que sus opiniones no sean tomadas en serio por verdaderos eruditos, que sus libros no sean revisados ​​en revistas académicas, mencionados por expertos en el campo, o incluso leídos por ellos. El libro está lleno de tantos errores fácticos y afirmaciones extravagantes que es difícil creer que el autor sea serio. Si habla en serio, es difícil creer que alguna vez se haya encontrado con algo parecido a la erudición histórica. Su “investigación” parece haber involucrado leer varios libros no académicos que dicen lo mismo que ella está a punto de decir y luego citarlos. Se busca en vano la cita de una fuente antigua primaria, y las citas de verdaderos expertos (Elaine Pagels, principalmente) se arrancan de su contexto y se malinterpretan. Aún así, en oposición a los eruditos que toman posiciones alternativas, como que Jesús existió (ella los llama "historizadores"), Acharya afirma: "Si asumimos que el desprecio de los historizadores hacia estos eruditos [es decir, los miticistas] es deliberado, sólo podemos concluir que se debe a que los argumentos de los míticos han sido demasiado inteligentes y afilados como para eliminarlos ". 17 Uno no puede evitar preguntarse si todo esto es una parodia hecha de buen humor.

El argumento básico del libro es que Jesús es el dios sol: “Así que el hijo de Dios es el sol de Dios” (¿entiendes, hijo, sol?). Las historias sobre Jesús están “en realidad basadas en los movimientos del sol a través de los cielos. En otras palabras, Jesucristo y los demás sobre los que se basa son personificaciones del sol, y la fábula del evangelio es simplemente una repetición de la fórmula mitológica que gira en torno a los movimientos del sol a través de los cielos ". 18

El cristianismo, en opinión de Acharya, comenzó como una religión astroteológica en la que este dios-sol Jesús fue transformado en un judío histórico por un grupo de judíos gnósticos siro-samaritanos hijos de Zadok, que también eran gnósticos y therapeutae (un grupo sectario de judíos). ) en Alejandría, Egipto, después de la fallida revuelta de los judíos contra Roma en 135 EC. Los judíos no habían logrado establecerse como un estado independiente en la Tierra Prometida y, naturalmente, estaban profundamente decepcionados. Ellos inventaron a este Jesús para traer la salvación a aquellos que fueron destrozados por el colapso de sus sueños nacionalistas. La Biblia en sí misma es un texto astroteológico con significados ocultos que deben desentrañarse al comprender su simbolismo astrológico.

Más adelante veremos que todos los puntos principales de Acharya están de hecho mal. Jesús no fue inventado en Alejandría, Egipto, a mediados del segundo siglo cristiano. Ya era conocido en los años 30 del siglo I, en los círculos judíos de Palestina. Él no era originalmente un dios del sol (¡como si eso fuera igual a SonGod!); de hecho, en las tradiciones más antiguas que tenemos sobre él, no se le conocía en absoluto como un ser divino. Se entendió que era un profeta y mesías judío. No hay fenómenos astrológicos asociados con Jesús en ninguna de nuestras tradiciones más antiguas. Estas tradiciones están atestiguadas en múltiples fuentes que se originaron al menos un siglo antes de la supuesta creación astrológica de Acharya a manos de personas que vivían en una parte diferente del mundo del Jesús histórico y que ni siquiera hablaban su idioma.

Solo para dar una idea del nivel de erudición en este tomo sensacionalista, enumero algunos de los aulladores que uno encuentra en el camino, en el orden en que los encontré. Acharya afirma que: 

> El padre de la iglesia del siglo II, Justino, nunca cita ni menciona ninguno de los Evangelios (25). [Esto simplemente no es cierto: menciona los Evangelios en numerosas ocasiones; normalmente los llama "Memorias de los apóstoles" y los cita, especialmente de Mateo, Marcos y Lucas.]
> Los Evangelios se forjaron cientos de años después de los hechos que narran (26). [De hecho, los Evangelios se escribieron a fines del siglo I, alrededor de treinta y cinco a sesenta y cinco años después de la muerte de Jesús, y tenemos pruebas físicas: un fragmento de un manuscrito del Evangelio data de principios del siglo II. ¿Cómo pudo haber sido forjado siglos después de eso?]
> No tenemos ningún manuscrito del Nuevo Testamento que sea anterior al siglo IV (26). [Esto es simplemente incorrecto: tenemos numerosos manuscritos fragmentarios que datan de los siglos II y III].
> Los autógrafos “fueron destruidos después del Concilio de Nicea” (26). [De hecho, no tenemos conocimiento de lo que sucedió con las copias originales del Nuevo Testamento; probablemente simplemente se usaron tanto que se desgastaron. No hay ni una pizca de evidencia que sugiera que sobrevivieron hasta Nicea o que fueron destruidos después; muchas pruebas contrarias indican que no sobrevivieron hasta Nicea.]

> “Se necesitaron más de mil años para canonizar el Nuevo Testamento”, y se necesitaron “muchos concilios” para diferenciar los libros inspirados de los espurios (31). [En realidad, el primer autor en enumerar nuestro canon del Nuevo Testamento fue el padre de la iglesia Atanasio en el año 367; el comentario sobre "muchos consejos" es simplemente inventado.]

> Pablo nunca cita un dicho de Jesús (33). [Acharya evidentemente nunca ha leído los escritos de Pablo. Como veremos, sí cita dichos de Jesús.]
> Los Hechos de Pilatos, un relato legendario del juicio y la ejecución de Jesús, alguna vez se consideró canónico (44). [Ninguna de nuestras escasas referencias a los Hechos de Pilato indica, ni siquiera sugiere, tal cosa].

> El “verdadero significado de la palabra evangelio es 'Hechizo de Dios', como en magia, hipnosis e ilusión” (45). [No, la palabra evangelio nos viene del término en inglés antiguo god spel, que significa “buenas noticias”, una traducción bastante precisa de la palabra griega euaggelion. No tiene nada que ver con la magia.]

> El padre de la iglesia “Ireneo era gnóstico” (60). [De hecho, fue uno de los oponentes más virulentos de los gnósticos en la iglesia primitiva].

> Agustín fue “originalmente un mandeo, es decir, un gnóstico, hasta después del Concilio de Nicea” (60). [Agustín ni siquiera nació hasta diecinueve años después del Concilio de Nicea, y ciertamente no era gnóstico].

>"'Peter' no es solo 'la roca', sino también 'el gallo' o pene, como la palabra se usa como jerga hasta el día de hoy". Aquí Acharya muestra (¿el suyo?) Dibujo a mano de un hombre con cabeza de gallo pero con un gran pene erecto en lugar de nariz, con esta descripción: "Escultura de bronce escondida en el tesoro del Vaticano del Gallo, símbolo de San Pedro". (295). [No hay una estatua con nariz de pene de Pedro el gallo en el Vaticano ni en ningún otro lugar excepto en libros como este, a los que les encanta inventar cosas].

En resumen, si hay alguna conspiración aquí, no es por parte de los cristianos antiguos que inventaron a Jesús, sino por parte de autores modernos que inventan historias sobre los cristianos antiguos y lo que creían sobre Jesús. 


Los misterios de Jesús

TAMBIÉN Apareció en 1999 el (previsto) trabajo de gran éxito de taquilla de Timothy Freke y Peter Gandy, Los misterios de Jesús: ¿Era el “Jesús original” un Dios pagano? Freke y Gandy han colaborado en varios libros en los últimos años, la mayoría de ellos descubriendo los secretos conspiradores de nuestro pasado compartido. Al igual que Acharya S, sorprendentemente, argumentan que Jesús fue inventado por un grupo de judíos que se parecían a los Therapeutae en Alejandría, Egipto, lo que llevó a la invención de una nueva religión misteriosa (los Misterios de Jesús), que floreció a principios del siglo III. . Sin embargo, en su opinión, Jesús no era un dios del sol. Fue una creación basada en las mitologías generalizadas de dioses moribundos y resucitados conocidos en todo el mundo pagano. Y así su tesis principal: “La historia de Jesús no es la biografía de un Mesías histórico, sino un mito basado en perennes historias paganas. El cristianismo no fue una revelación nueva y única, sino en realidad una adaptación judía de la antigua religión pagana del misterio ". 19

En el corazón de todos los misterios paganos, Freke y Gandy afirman, estaba el mito de un hombre dios que murió y resucitó de entre los muertos. Esta figura divina recibió varios nombres en los misterios paganos: Osiris, Dionisio, Atis, Adonis, Baccus, Mitra. Pero “fundamentalmente todos estos hombres-dios son el mismo ser mítico” (4). La razón por la que Freke y Gandy piensan así es que supuestamente todas estas figuras comparten la misma mitología: su padre era Dios; su madre era una virgen mortal; cada uno nació en una cueva el 25 de diciembre ante tres pastores y sabios; entre sus milagros convirtieron el agua en vino; todos llegaron a la ciudad en un burro; todos fueron crucificados en la Pascua como sacrificio por los pecados del mundo; descendieron al infierno; y al tercer día resucitaron. Dado que estas mismas cosas se dicen también de Jesús, es obvio que las historias que creen los cristianos son todas simplemente imitaciones de las religiones paganas.

Los verdaderos historiadores de la antigüedad están escandalizados por tales afirmaciones, o lo estarían si se molestaran en leer el libro de Freke y Gandy. Los autores no proporcionan evidencia de sus afirmaciones sobre la mitología estándar de los hombres dios. No citan fuentes del mundo antiguo que puedan comprobarse. No es que hayan proporcionado una interpretación alternativa de la evidencia disponible. Ni siquiera han citado la evidencia disponible. Y por una buena razón. No existe tal evidencia.

¿Cuál es, por ejemplo, la prueba de que Osiris nació el 25 de diciembre antes que tres pastores? ¿O que fue crucificado? ¿Y que su muerte trajo expiación por el pecado? ¿O que volvió a la vida en la tierra al ser levantado de entre los muertos? De hecho, ninguna fuente antigua dice tal cosa sobre Osiris (o sobre los otros dioses). Pero Freke y Gandy afirman que esto es de conocimiento común. Y lo “prueban” citando a otros escritores de los siglos XIX y XX que así lo dijeron. Pero estos escritores tampoco citan ninguna evidencia histórica. Todo esto se basa en una afirmación, en la que Freke y Gandy creen simplemente porque lo leyeron en alguna parte. Esta no es una erudición histórica seria. Es una escritura sensacionalista impulsada por el deseo de vender libros.

En cualquier caso, mientras Freke y Gandy elaboran su plan, el "Cristo" original era un hombre-dios como todos los demás hombres-dios paganos. Solo en una segunda etapa fue tomado por judíos y convertido en un mesías judío que fue imaginado como una figura histórica, creando así el Jesús de la historia. El apóstol Pablo, en esta reconstrucción, no sabía nada acerca de este Jesús histórico, y tampoco nadie más en la iglesia primitiva. Adoraban al Cristo pagano que había sido judaizado antes de que nadie pensara en convertirlo en una persona real que realmente vivió y murió en Judea. El Evangelio de Marcos fue fundamental para hacer que esta persona real cobrara vida; fue él quien historizó el mito por el bien de los judíos que no necesitaban una divinidad sino una figura histórica real para salvarlos. Freke y Gandy sostienen que muchos cristianos de la parte oriental del Imperio Romano, que, como Pablo, eran gnósticos, comprendieron que la versión historizada del mito no era una verdad literal sino una especie de extensión del mito. Solo los cristianos del imperio occidental no se dieron cuenta de esto. Su centro de actividad fue Roma. Y así surgió la Iglesia Católica Romana, que tomó literalmente la visión historizada de una figura salvadora y llegó a suprimir las opiniones mitológicas originales de los gnósticos. Esto llevó al cristianismo tradicional, con una figura histórica de Jesús en sus inicios. Pero en realidad no existía. Fue un invento inspirado en los dioses de las religiones de misterio paganas. 

Los problemas con esta tesis abundan, como se verá claramente en capítulos posteriores. Por ahora basta con decir que lo que sabemos sobre Jesús —el Jesús histórico— no viene de Egipto hacia fines del siglo I, en círculos fuertemente influenciados por religiones de misterio paganas, sino de Palestina, entre judíos comprometidos con su decididamente religión judía antipagana, de los años 30.

Aparte de los enormes problemas con los principales argumentos del libro, es difícil tomarlo en serio. Tanto en su detalle como en su tesis general, el libro a menudo se lee como una tesis de pregrado, lleno de información e inconsistencias evidentemente falsas. Cuando los autores citan fuentes “académicas”, casi siempre se trata de una erudición extremadamente fechada, de 1925, 1899, etc. Es fácil ver por qué. Las opiniones que afirman pueden haber sido creíbles hace más de un siglo, pero ningún erudito las sostiene hoy. Como ejemplo de inconsistencia, considere estas dos declaraciones hechas con dos páginas una de otra. Primero:

¡Los cristianos de Jerusalén siempre habían sido gnósticos, porque en el primer siglo la comunidad cristiana estaba compuesta enteramente por diferentes tipos de gnosticismo! (174)

Y luego, una página después: cuanto más mirábamos la evidencia que habíamos descubierto, más parecía que aplicar los términos “gnóstico” y “literalista” al cristianismo del primer siglo en realidad no tenía sentido. (175)

Entonces, ¿cuál es? ¿Eran gnósticos los cristianos de Jerusalén del primer siglo? ¿O el término gnóstico no tiene sentido con respecto al siglo primero? Es difícil tener las dos cosas. Además, como en el caso de Acharya, también aquí abundan los errores de hecho a un ritmo vergonzoso. Como algunos ejemplos, en el orden en que se encuentran (esta no es una lista exhaustiva):

Constantino hizo del cristianismo la religión estatal del imperio (11). [No, no lo hizo. La convirtió en una religión legal. No se convirtió en religión estatal hasta finales del siglo IV bajo Teodosio.]
Los misterios de Eleusis se centraron en el hombre dios Dioniso (18, 22). [No es verdad. Estos misterios no eran sobre Dioniso sino sobre la diosa Deméter.]

“Las descripciones de los autores cristianos del bautismo cristiano son indistinguibles de las descripciones paganas del bautismo misterioso” (36). [¿Cómo podríamos saber esto? No tenemos una sola descripción en ninguna fuente de ningún tipo de bautismo en las religiones de misterio.]

Los "escritores de los evangelios" "deliberadamente construyeron" el nombre griego Jesús a partir de "una transliteración artificial y forzada del nombre hebreo Josué" para "asegurarse de que expresa" el "número simbólicamente significativo" de 888 (116). [En realidad, los escritores de los evangelios no “construyeron” el nombre griego Jesús en absoluto. Es el nombre griego del arameo Yeshua, hebreo Joshua. Se encuentra en el Antiguo Testamento griego, por ejemplo, mucho antes de que vivieran los escritores de los Evangelios y es un nombre común en los escritos del historiador judío Josefo.]

Los romanos eran "famosos por llevar un registro cuidadoso de todas sus actividades, especialmente de sus procedimientos legales", por lo que es sorprendente que "no haya constancia de que Jesús haya sido juzgado o ejecutado por Poncio Pilato" (133). [Si los romanos mantuvieran registros cuidadosos, es extraño que no tengamos registros, no solo de Jesús sino de casi todos los que vivieron en el primer siglo. Simplemente no tenemos avisos de nacimiento, registros de juicios, certificados de defunción u otros tipos de registros estándar que uno tiene hoy. Freke y Gandy, por supuesto, no citan un solo ejemplo de la sentencia de muerte de otra persona del primer siglo.]

Muchos cristianos primitivos rechazaron el Evangelio de Marcos por considerarlo no canónico (146). [En realidad, Mark fue aceptado en todas partes como canónico; de hecho, todo documento cristiano sobreviviente que se refiere a él acepta su canonicidad.]

Pablo nunca menciona a Jesús en sus enseñanzas éticas (152). [Como veremos, esto es simplemente incorrecto; véase 1 Corintios 7: 10-11; 9:14; 11: 22-24.] 

La versión original de Marcos “no incluía la resurrección en absoluto” (156). [No es verdad. La versión original de Marcos no tiene un episodio en el que Jesús se les aparece a sus discípulos después de la resurrección, pero el texto es completamente inequívoco en cuanto a que Jesús ha resucitado de entre los muertos. Véase, por ejemplo, Marcos 16: 6, que era una parte original del Evangelio].

Los cristianos antiguos "de todas las creencias", incluido incluso el famoso historiador de la iglesia Eusebio, no aceptaron las cartas de 1 y 2 Timoteo y Tito como parte de su canon de las Escrituras (161). [De hecho, prácticamente todos los que mencionan estas cartas las aceptan como canónicas, incluido Eusebio, que las cita repetidamente en sus escritos].

La palabra para dones espirituales, charismata, se toma del “término Misterio makarismos, que se refiere a la naturaleza bienaventurada de quien ha visto los Misterios” (162). [Se lo inventaron. Las dos palabras no están relacionadas etimológicamente. Charismata proviene de la palabra griega carisma, que significa "regalo". No está relacionado con las religiones misteriosas.]

Los romanos “destruyeron completamente el estado de Judea en 112 EC” (178). [Esta es una afirmación extraña. Ni siquiera hubo una guerra entre Roma y Judea en 112 EC; hubo guerras en 66-70 y 132-35 EC.]

Si bien es útil proporcionar una muestra de las afirmaciones sensacionalistas que se pueden encontrar en esta literatura, no creo que los autores serios que han seguido una agenda mítica (por ejemplo, GA Wells, Robert Price y ahora Richard Carrier) puedan ser manchado con el mismo pincel o ser condenado a la culpa por asociación. Su trabajo tiene que sostenerse o caer por sí solo, independientemente de las debilidades y defectos de los sensacionalistas. Aquellos que han investigado, de hecho, argumentan que Jesús no existió. Aunque usan algunos de los mismos argumentos, no usan el paquete total como los que acabo de mencionar. Me ocuparé de estos argumentos con mayor detalle más adelante. Primero, sin embargo, quiero mostrar la evidencia positiva que convence a todos, excepto a los míticos, de que Jesús existió. Pero para darle sentido a esa evidencia, necesito al menos dar una idea aproximada de por qué algunos de los escritores más inteligentes y mejor informados han dicho que él no existía. 



La posición del mítico básico

EL CASO QUE LA MAYORÍA de los míticos han presentado contra la existencia histórica de Jesús involucra argumentos tanto negativos como positivos, y muchos más de los primeros.20

En el lado negativo, los míticos suelen enfatizar que no hay referencias confiables a la existencia de Jesús en ninguna fuente no cristiana del primer siglo. Jesús supuestamente vivió hasta aproximadamente el año 30 EC. Pero ningún autor griego o romano (o cualquier otro autor no cristiano, para el caso) lo menciona durante más de ochenta años después de eso. Si Jesús fuera una figura tan importante, o incluso si no fuera tan importante, ¿no habría una referencia a él en algunas de nuestras muchas fuentes supervivientes del primer siglo? Tenemos los escritos de historiadores, políticos, filósofos, eruditos religiosos, poetas y científicos; tenemos inscripciones colocadas en edificios y cartas personales escritas por personas comunes. En ninguno de estos escritos no cristianos del primer siglo se menciona a Jesús, ni siquiera una vez.

Los que sostienen la existencia histórica de Jesús suelen argumentar que, de hecho, lo menciona un autor: el historiador judío Josefo, que escribió varios libros que se conservan cerca del final del siglo primero. Los míticos, sin embargo, afirman que las dos referencias a Jesús en el libro de Josefo Antigüedades judías (estas son las únicas dos menciones de Jesús en todos los abundantes escritos de Josefo) no fueron escritas originalmente por Josefo sino que fueron insertadas en sus escritos por escribas cristianos posteriores. Si tienen razón, esto significaría que no tenemos una sola referencia a Jesús en los textos no cristianos anteriores a los escritos de Plinio, un gobernador romano de una provincia en lo que ahora es Turquía, en el año 112 EC y en los escritos de los historiadores romanos Tácito y Suetonio unos años más tarde. Algunos míticos afirman que estas referencias también se insertaron en estos escritos, que no son originales. Pronto veremos todas estas referencias; por ahora es suficiente notar que los míticos argumentan que es difícil creer que los escritores de su época o décadas posteriores no hablarían, discutirían, comentarían o incluso mencionarían sobre Jesús, si realmente existió.

Además, típicamente afirman que el Jesús histórico no aparece de manera prominente incluso en los primeros escritos cristianos aparte de los evangelios del Nuevo Testamento. En particular, sostienen que el apóstol Pablo apenas dice nada sobre el Jesús histórico o que no dice nada en absoluto. Esto puede sorprender a la mayoría de los lectores del Nuevo Testamento, pero una lectura cuidadosa de las cartas de Pablo muestra los problemas. Pablo tiene mucho que decir sobre la muerte y resurrección de Jesús, especialmente la resurrección, y claramente lo adora como su Señor. Pero él dice muy poco sobre todo lo que Jesús dijo e hizo mientras estaba vivo. ¿Por qué sería eso, si Jesús fue de hecho una persona histórica? ¿Por qué Pablo no cita las palabras de Jesús, como el Sermón del Monte? ¿Por qué nunca se refiere a ninguna de las parábolas de Jesús? ¿Por qué no indica lo que hizo Jesús? ¿Por qué no mencionar ninguno de sus milagros? ¿Sus exorcismos? ¿Sus controversias? ¿Su viaje a Jerusalén? ¿Su juicio ante Poncio Pilato? Y así sucesivamente.

Aquí nuevamente los defensores de la historicidad de Jesús señalan que Pablo en varias ocasiones parece citar a Jesús (por ejemplo, 1 Corintios 11: 22-24). Algunos míticos argumentan que estas citas, como las de Josefo, no estaban originalmente en los escritos de Pablo, sino que fueron insertadas por escribas posteriores. Otros míticos argumentan que Pablo no está citando las palabras del Jesús histórico, sino las palabras que el "Jesús" celestial ha hablado a través de los profetas cristianos en las comunidades de Pablo. Para ambos tipos de míticos, Pablo no conocía ni pensaba en un personaje histórico Jesús. Para él, Cristo era un ser celestial de proporciones míticas. ¿Cómo, podría preguntarse, puede morir una persona no histórica? Los miticistas también tienen una explicación para eso, como veremos. Por ahora basta con saber que generalmente insisten en que Pablo no se refirió al Jesús histórico, y señalan que sería muy extraño si de hecho supiera que existió. Lo mismo puede decirse de los otros escritos del Nuevo Testamento, fuera de los Evangelios. 

Esto significa que Mateo, Marcos, Lucas y Juan son nuestras únicas fuentes reales para conocer al Jesús histórico, y los míticos encuentran estas cuatro fuentes altamente problemáticas como documentos históricos. Por un lado, fueron escritos cerca del final del primer siglo en el mejor de los casos, cuatro o cinco décadas o más después de que supuestamente vivió Jesús. Si realmente viviera, ¿no tendríamos algunas fuentes anteriores? ¿Y cómo podemos confiar en tales rumores de tantos años después?

Además, los míticos suelen señalar que no se puede confiar en los evangelios en lo que dicen. Sus muchos relatos de lo que Jesús dijo e hizo están repletos de contradicciones y discrepancias, por lo que son completamente poco confiables. Los evangelios están completamente sesgados hacia su tema y, por lo tanto, no presentan nada parecido a la historia desinteresada "como realmente fue". Se puede demostrar que han modificado las historias que relatan y, en algunos lugares, obviamente se han inventado historias sobre Jesús. De hecho, es posible que prácticamente todas, o incluso todas, las historias hayan sido inventadas. Este es especialmente el caso de los llamados milagros de Jesús, narrados por los escritores de los Evangelios para convencer a otros de que crean en él, pero increíbles hasta el punto de que, bueno, son literalmente increíbles, no para creerlos.

Además, muchos míticos insisten en que los cuatro evangelios, en última instancia, se remontan a uno solo de los evangelios, Marcos, en el que se basaron los otros tres. Esto significa que de todos los muchos escritores —paganos, judíos y cristianos— que tenemos del primer siglo (asumiendo que Marcos fue escrito ya en el primer siglo), solo tenemos uno que describe o incluso menciona la vida de la historia. Jesús. ¿Cuán plausible es eso, si Jesús realmente vivió?

Dados todos estos problemas, algunos míticos insisten en que la carga de la prueba recae en cualquiera que quiera afirmar que Jesús realmente existió. A estos argumentos negativos se suma uno positivo muy importante, que las historias acerca de Jesús, muchas de ellas increíbles, todas ellas basadas en testigos tardíos y poco confiables, tienen un paralelo una y otra vez en los mitos sobre dioses paganos y otros hombres divinos discutidos en el mundo antiguo. Y así, los míticos suelen apelar a los relatos de otros dioses o semidioses, como Heracles, Osiris, Mitra, Attis, Adonis y Dionisio, que se dice que nacieron el 25 de diciembre de una madre virgen, por haber realizado hechos milagrosos para la humanidad. por el bien de los demás, haber muerto (a menudo por el bien de los demás), haber sido resucitado de entre los muertos y luego haber partido para vivir en el reino divino.

Ya he dicho algunas palabras sobre tales afirmaciones y las examinaremos con mayor detalle en un momento posterior. Por ahora es suficiente enfatizar que los míticos hacen un argumento doble: dado el argumento negativo, que no tenemos un testigo confiable que siquiera mencione a un Jesús histórico, y el positivo, que su historia parece haber sido inspirada en los relatos. hablado de otras divinidades, es más simple creer que nunca existió sino que fue inventado como otro ser sobrenatural. En esta lectura de la evidencia, el cristianismo se basa en un mito.

Antes de contrarrestar las afirmaciones de los míticos, expondré la evidencia que ha persuadido a todos los demás, tanto a los eruditos aficionados como a los profesionales, de que Jesús realmente existió. Ese será el tema de los próximos capítulos.