lunes, 14 de noviembre de 2022

¿Los Padres contra el Papado? Respondiendo objeciones ortodoxas a argumentos católicos a favor del Primacía del Papa

 

Los argumentos ortodoxos los saco de aquí:

https://en.m.wikipedia.org/wiki/Eastern_Orthodox_opposition_to_papal_supremacy

La verdad, que son unos argumentos pésimos. Pensé que los ortodoxos tenían algo mejor para dar de sí.

  

Argumento católico

Respuesta Ortodoxa

Respuesta Católica

Roma es llamada “Trono Apostólico” [1]

Roma es UN trono Apostólico, no EL trono [2]

 

Para San Agustín, la sede apostólica Romana tenía una supremacía [3]

Para Agustín no hay solo una sede apostólica, sino mucha [4]

Agustín aceptó sin ninguna reserva las cartas de Inocencio I, en las que este dice:

 

“es decretado por una sentencia divina y no humana, que cualquier cosa que sea echa, aun en provincias distantes, no debe finalizar sin haber sido dado a conocer a esta Sede. Que es por su autoridad que todos los pronunciamientos justos deben ser fortalecidos”

Y:

“ustedes consultan los secretos del oficio apostólico ese oficio, me refiero, a la que corresponde, así como las cosas de afuera, el cuidado de todas las Iglesias”

 

Como se dice: quien calla, otorga.

Y San Agustín calla, no denunciando nunca esto.

Para San Ignacio, Roma tiene una primacía al presidir en la caridad.

Para San Ignacio solo existen los obispos y no hay evidencia de que aceptara la existencia de la superioridad de un obispo sobre los demás.

Además, no está claro a qué se refiere cuando habla de “presidir”; bien podría ser el presidir solo a Italia.

Que Ignacio hable de obispos y no del primado de Roma, no significa que tal noción no existiera en él, en Roma o en alguna otra Iglesia.

Ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.

 

Además, la respuesta ortodoxa implícitamente está reconociendo que “presidir” puede indicar algún liderazgo que se extiende más allá de Roma. Por lo que la idea de una superioridad de algún tipo de un obispo sobre otros ya está presente en San Ignacio. Lo que esto viene a contradecir la primera parte de la respuesta ortodoxa que dice que eso no está presente en Ignacio.

En la Bula de San León al concilio de Éfeso se reconoce Pedro vive y habla por boca de León. 

Se dice que no solo León enseña lo mismo que Pedro, sino que también Cirilo lo hace.

La expresión “Pedro ha hablado por boca de…” solo quiere expresar la concordancia de los Padres con la enseñanza de León, y no un reconocimiento de alguna infalibilidad especial del Papa de Roma o primacía que no tuvieran los demás obispos.

En realidad, se dice que Pedro habla por León porque se reconoce en Roma una inmunidad al error el virtud de ser Pedro el fundamento de la Iglesia, y ser Roma la sede con la que hay que estar en unidad puesto que es fiel a la fe.

San Juan Crisóstomo buscó ayuda en el Papa.

a) Crisóstomo apeló a dos obispos más en igual de condiciones que al Papa.

b) Crisóstomo tomó sus votos de un obispo que no estaba en comunión con Roma, y aceptó Flavio como su obispo, que tampoco estaba en comunión con el Papa.

Crisóstomo aceptaba explícitamente la Primacía de San Pedro como vocero, gobernante y jefe de sus hermanos Apóstoles.

Crisóstomo dice que a Pedro se le confirió autoridad sobre sus hermanos, y se le hizo maestro del mundo y no de una sede.

Crisóstomo también llama maestro del mundo a San Pablo, y lo considera en pie de igualdad con Pedro.

Una cosa es ser maestro en cuanto al ministerio de la predicación (San Pablo); otra cosa es ser maestro por la jurisdicción episcopal. A San Pedro se le consideraba maestro del mundo por su jurisdicción y no meramente por su labor misionera.

A Pedro se lo llama Corifeo del coro.

Basilio también llama corifeo a San Atanasio; y llama Corifeo al Papa Dámaso, pero solo de los occidentales y no de oriente.

Crisóstomo también llama corifeo Santiago y Juan y no solo a Pedro [14].

Nada impide que se llame corifeo a distinta personas dependiendo del contexto, pudiendo haber yuxtaposiciones entre distintas aplicaciones.

a) Crisóstomo llama corifeos a las columnas con respecto a los demás Apóstoles; pero incluso en el triunvirato de los corifeos  Pedro es la cabeza y el corifeo de todos. Las columnas son corifeos de los Apóstoles. Y Pedro es corifeo de los corifeos. 

b) Además, es evidente que el sentido en el que se le dice corifeo a Pedro es distinto al sentido al que se lo dicen a las columnas. A las columnas se las llama así por su preeminencia y cercanía al Señor; pero a Pedro se le llama corifeo por su autoridad.

El obispo de Roma tiene la primacía por ser sucesor de San Pedro, que tenía la primacía.

Pedro no fue el primer obispo de Roma, sino que fue fundada conjuntamente por Pedro y Pablo.

Organizaron la Iglesia y pusieron de obispo a Lino mientras éste vivía [16].

Una cosa es la organización o fundación, otra cosa es el episcopado. Pedro y Pablo pudieron organizar juntos la Iglesia (podrían haberla organizado multitud de personas más) pero solo podía haber un solo obispo de la diócesis; y este fue Pedro.

Y que pusieran a Lino cuando Pedro vivía lo único que pude significar es que Lino fuera obispo auxiliar, no titular. Lo cierto es que todos consideraban a Pedro el primer obispo y a Lino el segundo. Lino no aparece en ningún Padre como el primer obispo de Roma.

Y más aún; en ningún lado aparece San Pablo como obispo de Roma tampoco.

 

Para Tertuliano, Crisóstomo y Cirilo de Alejandría, todos los Apóstoles eran iguales estando investidos del mismo poder, no teniendo Pedro ningún poder especial [17] 

Falacia de evidencia incompleta, porque ignora a todos los Padres para quienes Pedro sí tenía un poder especial; e ignora las citas de esos padres alegados que también lo sostiene.

Además de que las citas alegadas no demuestran lo que pretenden.

Crisóstomo habla del mismo poder de los apóstoles referido al poder sacerdotal de perdonar pecados explicando Juan 20,23.

Pedro es considerado la roca sobre la que se edifica la Iglesia [18].

Todos estamos llamados a ser rocas; y la roca no solo es Pedro sino también los demás Apóstoles. Multitud de Padres llaman a otras personas “roca” además de a Pedro [19].

Lo mismo que lo de corifeo:

Nada impide que se llame roca a distinta personas dependiendo del contexto, pudiendo haber yuxtaposiciones entre distintas aplicaciones.

 

La respuesta ortodoxa tendría sentido si los católicos argumentáramos “Solo a Pedro se le puede llamar roca”. Lo cual no es el caso. Sino que el argumento es que a Pedro se le llama roca en un sentido especial y distinto al que se llama a otros.

A Pedro se lo llama Príncipe de los Apóstoles [20].

 

Si tal título significaba un carisma especial, entonces no era exclusivo de Roma, porque Gregorio Magno  en la misma carta dice que hay otras sedes que también son sedes de Pedro [21].

Lo mismo hace Teodoreto.

Aquí se comete una falacia de arenque rojo.

 

Porque no se habla sobre la primacía del sucesor de San Pedro en sede de Pedro, sino que se argumenta que el título de Príncipe de los Apóstoles indica una superioridad de Pedro. Y eso es algo que aparece no solo en esa carta de Gregorio, sino en el discurso de Felipe al concilio de Éfeso y en “Contra Nestorio” de San Juan Casiano.

 

Si los ortodoxos aún van a aceptar la superioridad de Pedro, eso igualmente está en contra de su postura, que indica que los obispos solo tienen una primacía de honor y que todos los obispos eran iguales.

 

Si quieren decir que para San Gregorio dos sedes más (Antioquia y Alejandría) tenían la misma autoridad que la de Roma por ser sedes de Pedro, Príncipe de los Apóstoles; igualmente San Gregorio está en contra de la posición ortodoxa que dice que todos los obispos son iguales entre sí.

Porque textualmente dice San Gregorio que “aunque hay muchos apóstoles , sin embargo, con respecto al principado mismo, la Sede del Príncipe de los apóstoles solo se ha fortalecido en autoridad, que en tres lugares es la Sede de uno”.

Cuando mucho, la objeción ortodoxa solo nos muestra que San Gregorio parece cree en una triarquía universal; pero no que sostenía la postura ortodoxa.

 

Algún ortodoxo dirá: “¡Pero está reconociendo que los papistas están errados!¡San Gregorio no cree en el Primado de Roma!”
Pero la cuestión es que el ortodoxo no solo debe refutar la postura católica romana, sino que al refutarla debe a su vez sostener la ortodoxia. Y al admitir que los Padres creían que Pedro era Príncipe de los Apóstoles por tener autoridad de jurisdicción y no solo de honor, eso tira por el caño la doctrina ortodoxa, aunque tire también la doctrina católica de la primacía única de Roma.

De hecho, nos quedaríamos con que los católicos están más cerca de la verdad.

 

Pero incluso la argumentación ortodoxa falla.

Porque Gregorio está escribiendo una carta al obispo de Alejandría, el cual escribió una carta a Gregorio que la tituló: “Carta de la cátedra de San Pedro, Príncipe de los apóstoles”.

El obispo de Alejandría sostiene un principio doctrinal en el que reconoce a Roma como cátedra de San Pedro de un modo especial y distinto a como lo es Alejandría.

Y es ahí que San Gregorio, en agradecimiento y a modo de humildad, para alabar a los demás tronos apostólicos, les llama también “sedes de Pedro” y todo lo bueno que ellos le atribuyen a él, él se los atribuye a ellos.

 

Gregorio los hace sedes de Pedro porque en Antioquia Pedro presidió 7 años, y a Alejandría porque allí envió a Marcos.

Sin embargo, Roma es sede de Pedro (de un modo especial, distinguido y particular) en la que se sientan sus sucesores, como reconoce el mismo obispo de Alejandría.

Además, el obispo de Alejandría le da al obispo de Roma la bendición de San Marcos; mientras que Gregorio le da a Alejandría la bendición de San Pedro.

Lo cual indica claramente que era distinta la forma en que uno y otro se consideraban sedes de Pedro.

 

Eso como primer punto. Como segundo punto, la interpretación ortodoxa está errada porque Gregorio sí acepta ser superior a los demás obispos:

“Es algo manifiesto que la Sede Apostólica, por disposición de Dios, es puesta sobre todas las Iglesias”

(Ep XXX a Juan, subdiácono).

Y también:

“…por la voz del Señor el cuidado de toda la Iglesia le fue confiado al santo Apóstol y Príncipe de todos los Apóstoles, Pedro”

(Ep XX a Mauricio)

 

Y por último: El ortodoxo, si reconoce la primacía de Pedro por ser Príncipe, debe reconocer que esta primacía no puede repartirse en tres sedes. Ni puede alegarse que Pedro fundó varias sedes.

Porque es perfectamente posible que Pedro fundara varias sedes y que, sin embargo, legara el Primado solo a un sucesor y no a muchos, pues evidentemente la supremacía solo puede ser una (en caso contrario, tendríamos un triunvirato).

Por eso Roma siempre alegó una primacía que nunca alegaron para sí Alejandría o Antioquia, reconociendo así implícitamente este punto. Como de igual manera reconocen los ortodoxos diciendo que Roma tenía el primer puesto, aunque necesiten alegar por necesidad que esto era de honor (cosa que no aparece en ningún Padre y que es una auto-justificación de la separación de la Iglesia Ortodoxa).

Cipriano dice explícitamente que San Pedro tenía una primacía sobre el resto de los Apóstoles.

Para Cipriano la primacía de San Pedro es honorífica, puesto que todos los Apóstoles son iguales en poder y son todos igualmente pastores.

Y para Cipriano todos los obispos son iguales entre sí e independientes los unos de los otros [23].

No es eso lo que dice Cipriano, sino una acomodación de los ortodoxos. Para Cipriano San Pedro era el sello de la unidad que tenía su cátedra.

Por lo que claramente hay algo particular en Pedro que no tiene el resto de los Apóstoles, y que no se resuelve simplemente diciendo que es un “Primado de honor”. ¿Qué significa “honor”, cuando tal primado no depende de un honor (mero título o primacía ceremonial) conferido por la Iglesia, sino de un reconocimiento de superioridad jerárquica y un atributo especial de Pedro por el cual hay que estar unido a él indefectiblemente por disposición divina?

¿Y qué es estar en comunión con Pedro si no es profesar la misma fe y reconocer su jurisdicción?

Pero en ese caso: ¿Por qué hay que estar específicamente en unión con Pedro y no con cualquier otro obispo?

Pedro es el garante de la unidad porque es la cabeza, como implícitamente reconocen los ortodoxos al hablar de un primus inter pares o una primacía de honor. Pero no puede ser meramente de honor aquello que se establece por disposición divina y no por disposición eclesiástica.

Si Pedro y sus sucesores son cabezas visibles de la Iglesia a las que hay que estar unidos, significa que la Sede Apostólica tiene primacía por lo menos en cuestiones de Fe y Costumbres, aunque no las tenga en otros asuntos como el gobierno de la Iglesia o la disciplina o la liturgia.

 

Gregorio Magno señala (Epístola 20 a Mauricio, libro V) que otorgó honor a Pedro y la Iglesia de Roma en virtud del concilio de Calcedonia. Y también rechaza que a un obispo se lo llame “obispo universal”.

 

 

Falso. Gregorio dice explícitamente que la primacía de Roma se fundamenta en la disposición divina del primado otorgado primeramente a Pedro que continúa en sus sucesores en la Cátedra de Roma:

 

“Es algo manifiesto que la Sede Apostólica, por disposición de Dios, es puesta sobre todas las Iglesias”

(Ep XXX a Juan, subdiácono).

 

Y también, en la misma Epístola alegada por los ortodoxos:

“…por la voz del Señor el cuidado de toda la Iglesia le fue confiado al santo Apóstol y Príncipe de todos los Apóstoles, Pedro”

(Ep 20 a Mauricio)

 

 

Por otro lado, Gregorio en la Epístola no rechaza la idea de que existe un obispo con jurisdicción universal, sino que rechaza que el obispo Juan se llame a sí mismo “obispo universal” cuando resulta que ni siquiera San Pedro, que tuvo el cuidado de la Iglesia universal, se tituló así.

Por lo que Gregorio no está negando el  papado, sino justamente reafirmándolo. Está diciendo: Si Pedro, que tenía autoridad universal, fue humilde y no se atribuyó ese título, ¿por qué Juan, que no tiene esa autoridad universal, sí se atribuye ese título?
Así dice Gregorio:

“He aquí, recibió las llaves del reino celestial, y se le da poder para atar y desatar, se le confía el cuidado y el principado de toda la Iglesia, y sin embargo, no se le llama el apóstol universal; mientras que el santísimo hombre, mi compañero en el sacerdocio Juan, intenta ser llamado obispo universal. Me veo obligado a gritar y decir: ¡Oh tempora, oh mores!

 

He aquí, todas las cosas en las regiones de Europa se entregan al poder de los bárbaros, las ciudades son destruidas, los campamentos derribados, las provincias despobladas, ningún cultivador habita la tierra, los adoradores de ídolos se enfurecen y dominan diariamente para la matanza de los fieles, y sin embargo los sacerdotes, que deberían yacer llorando en tierra y en cenizas, buscan para sí nombres de vanidad y gloria en títulos nuevos y profanos”.

 

 

Y lo que dirá Gregorio es que el título de “Obispo Universal” fue ofrecido por Calcedonia a Roma a título honorífico; pero no que le fue ofrecido una autoridad, que de suyo se origina en la potestad dada por Cristo a San Pedro y transmitida por sucesión:

“Ciertamente, en honor de Pedro, Príncipe de los apóstoles, fue ofrecida por el venerable sínodo de Calcedonia al Romano Pontífice. Pero ninguno de ellos ha consentido nunca en usar este nombre de singularidad, no sea que, dado algo peculiar a uno, los sacerdotes en general se vean privados del honor que se les debe. ¿Cómo, pues, no buscamos la gloria de este título aun cuando se ofrece, y otro se atreve a apoderarse de él aunque no se le ofrezca?”

 

Por tanto, los ortodoxos que alegan esto cometen una terrible falacia.

 

 

El Papa Zósimo no condenó el pelagianismo y fue él mismo condenado por el resto de las Iglesias.

Pensar que eso niega que las demás Iglesias reconocían la autoridad del Papado es como pensar que la FSSPX niega la primacía de Pedro por criticar el Vaticano II y los Papas post-conciliares.

La realidad es que para tiempos del Papa Zósimo está bien establecido que la propia Roma pretendía tener una autoridad sobre toda la Iglesia y consideraba tener la última palabra en temas doctrinales.

 

San Cipriano no se sometió a Roma y le llevó la contraria en cuestión de doctrina.

No procede.

Porque eso cuando mucho demostraría que Cipriano era un proto-galicano, pero no un oriental; porque él reconoce a San Pedro una primacía que no es meramente honorífica.

 

Para San Agustín, Cipriano estaba en su derecho porque un Concilio ecuménico no había resuelto la cuestión.

Y además, un Concilio ecuménico tiene la última palabra y puede invalidar a una iglesia local, incluida la de Roma.

Y también decía que la adhesión a Roma no era necesaria para la unidad.

San Agustín aceptó sin reserva alguna las cartas de Inocencio I en donde éste habla de su primado sobre toda la Iglesia.

 

 

San Vicente de Lérins, al hablar de la regla de la fe, no menciona la adhesión al obispo de Roma sino a lo que enseña toda la Iglesia.

Si nos adherimos a lo que enseña toda la Iglesia, deberíamos rechazar la idea oriental de un “Primado de honor” y aceptar, con los Padres, que el primado de Roma no era solo de honor.




Cuadro II

Verde: acepta infailibilidad

Naranja: llama a Pedro roca o dice que sobre él se fundó la Iglesia

Rojo oscuro: llama a Pedro corifeo o cabeza o portavoz o semejante

Subrayado: explícitamente habla del primado universal

 

Padres que aceptan fuera de toda duda razonable la superioridad de Pedro o de sus sucesores en la Cátedra de Roma.

Padres que parecen negar dicha superioridad, por distintas razones

-Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica 2:14; 6:25).

-Afraates (Homilia De Paenitentibus 7:15).

-Ambrosiaster (Comentario a Gálatas, PL 17:344).

-San Hilario (Sobre la Trinidad, 6:20).

-San Basilio (Hom. de poenitentia n.4).

-San Gregorio de Nisa (Panegyric on St. Stephen,3).

-San Ambrosio de Milán (Com. Sal,40:30; Exposit. in evang. Luc. X,175-176; De fide IV.56).

-San Juan Crisóstomo (Hom. Ioann. 21,1; Hom. 88 in Ioann. 1; De Eleemosyna, 3:4).

-Optato De Mileve (De schismate donatistarum II).

-Dámaso I (Decreto 3).

-San Jerónimo (Epist. 14; Epist. 16; Contra Jovinianus 1).

-San Agustín (Sobre los Salmos 55[56]:14; 69:4; Ep 43,3,7; Serm 76,3; Serm 295 2,75 9)

-Efrén el sirio (Homilias 4:1).

-Inocencio I Papa (Cartas 29,1; Ep 181; Ep 182).

-Asterio de Amasea (Hom. 8).

-Cirilo de Alejandría (In. Evang. Ioann. II, 1,42; Coment. Mt.; Catequesis 11,3).

-San Juan Casiano (Contra Nestorium,3:12).

-León Magno (Epístola a los obispos de Viena; Sermón III,2-3; Sermón III,3; Sermón 4,11).

-Concilio de Éfeso (Discurso de Felipe, Legado del Romano Pontífice, sesión III).

-Gelasio, Papa (Decreto de Gelasio).

-San Pedro Crisólogo (Epístola 25 de León por Pedro).

-Bonifacio, Papa (A Rufus Obispo de Tesalónica, Epistola 13).

-Omisdas Papa (Libellus professionis fidei)

-Gregorio Magno (Ep. XL; XXX a Juan, subdiácono; Ep a Columbo, XLVIII, Libro II; Ep XX a Mauricio).

-Isidoro de Sevilla (in PL:84)

-Agatón Papa (Al concilio de Constantinopla).

-Máximo el confesor (Opuscula theologica et polémica).

-

-Firmiliano de Cesarea (Epistle To Cyprian, Ep 75(74):17)

Padres que lo aceptan implícitamente, o puede deducirse que lo hacen.

 

-San Epifanio (In Ancorat , 9:6; Panarion, II-III).

-San Panciano de Barcelona (Epist. 3 ad Sempronium n.11)

-Teodoreto de Ciro (Ep. 3 a Ireneo; Ep. 86 a Flaviano).

-Basilio de Seleucia  (Oratio 25)

-Máximo de Turín (Homilía 63)

-Concilio de Calcedonia (Acts of the Council, session 3).

-San Próspero de Aquitania (The Call of All Nations,2:28)

 

 

Si los ortodoxos tienen Padres que niegen explícitamente la autoridad de Roma, estaría genial que los citen, y que no presenten meramente autores por la mitad ni citas torcidas de autores como Gregorio Magno que sí aceptan el Primado de Roma.

sábado, 12 de noviembre de 2022

Por qué no soy protestante

Definición de protestantismo: Conjunto de denominaciones cristianas surgidas en general a partir del siglo XVI y que tienen en común las doctrinas de la justificación solo por la fe, oponiéndose a la doctrina católica de la justificación, y la Sola Escritura, oponiéndose a la doctrina de la Tradición como depósito de la revelación y a la autoridad magisterial de la Iglesia.


  Esta definición es tan amplia que abarca incluso a luteranos y anglicanos.

Pero en realidad excluyendo a luteranos y anglicanos, que en realidad son una minoría, hay varias doctrinas que son comunes a las denominaciones protestantes (sin por eso negar que pueda haber protestantes en particular que no sostenga algunas de estas cosas):

-El rechazo a los deuterocanónicos como libros inspirados.

-El rechazo de la existencia de una Iglesia visible.

-Rechazo de la infailibilidad de la Iglesia.

-Rechazo de la existencia de una cabeza visible y su infalibilidad.

-Rechazo del episcopado monárquico vinculante.

-Rechazo de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.

-Rechazo de la Eucaristía como sacrificio propiatorio.

-Rechazo de la existencia de sacramentos.

-Rechazo de la necesidad del bautismo y sus efectos.

-Rechazo de la existencia del purgatorio o purificación del pecado en la otra vida.

-Rechazo de las oraciones o sufragio por los difuntos.

-Rechazo de la intercesión de los Santos.

-Rechazo del poder sacerdotal para absolver los pecados.


Definición de denominación cristiana: congregaciones que profesan las verdades esenciales de la fe cristiana, que consisten en la creencia de la Santísima Trinidad, que el Hijo de Dios se hizo hombre, nacido de una Virgen, para redimir al mundo del pecado por su muerte en Cruz como Mesías prometido, para resucitar al tercer día y ascender al cielo, en donde se sentó a la diestra del Padre para luego volver el último día y juzgar a todos los hombres según sus obras, siendo unos destinados a la vida eterna y otros a la condenación eterna.

Con esta definición se excluye a mormones, Testigos de Jehová, pentecostales unicitarios y cualquier otra secta semejante (“secta” no en un sentido peyorativo).


Aquí simplemente expongo las razones para no ser protestante; pero no aplica para ortodoxos, que coincidirán en todo lo aquí expuesto.

Con esto, pasemos a las razones.


Razón 1: Varias doctrinas protestantes son manifiestamente falsas a la luz de la Sagrada Escritura y la Tradición.


   En efecto, la Escritura enseña explícitamente doctrinas que muchísimos protestantes niegan. Y la que creo que es más clara y relevante de estas es la doctrina de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Esto por sí solo basta para rechazar gran parte de las denominaciones protestantes y quedarse solo entre las Iglesias anglicana y luterana. 

 Otra doctrina negada es la necesidad del bautismo para la salvación y los efectos que produce, donde para gran parte de los protestantes solo es una manifestación pública de la fe y no un sacramento.

 En esto también se incluye la doctrina de la Iglesia jerárquica, visible, infalible e indefectible. 


  Y eso que solo estoy hablando de doctrinas que son explícitamente enseñadas por la Escritura, no metiéndome con otras igual de relevantes.


Razón 2: Varias doctrinas que muchos protestantes impugnan como errores al Catolicismo, apelando solo a la Escritura son indemostrables que sean verdaderamente errores y doctrinas falsas.


  En efecto, muchos protestantes discrepan con la enseñanza católica en doctrinas tales como la veneración de los Santos, la intercesión de los Santos, el bautismo de infantes y la licitud del uso y veneración de imágenes. Pero hasta ahora no he podido encontrar protestantes que me demuestren racionalmente y con base a las Escrituras que tales doctrinas son falsas. E incluso hay protestantes que aceptan algunas de tales doctrinas, por lo que tampoco hay uniformidad en esto.

   Sin embargo, muchos protestantes apelan a estas doctrinas como motivos de sobrepeso como no ser católicos. Y dedican una gran cantidad de tiempo a tratar estas cuestiones que ni siquiera pueden demostrar que sean erróneas.

   Tomemos, por ejemplo, la intercesión de los Santos.

  Algunos protestantes iniciarán negando la posibilidad de la intercesión de los Santos en el hecho de que los difuntos no tienen consciencia. Pero en general un protestante dirá que no es posible que intercedan porque solo es Cristo es Mediador. Sin embargo, él mismo aceptará que los unos podemos interceder por los otros. A esto responderá el protestante que una cosa es interceder los unos por los otros aquí en la tierra, y otra es pedir intercesión a los Santos en el cielo. Sin embargo, cuando se le pida que diga en qué fundamenta esa distinción del poder pedir intercesión entre nosotros pero no pedir intercesión a los Santos o Ángeles, responderá que éstos no son omniscientes. Pero es evidente que la misma Escritura enseña que en el Cielo los ángeles tienen conocimiento de lo que sucede aquí en la Tierra; y que los difuntos recuerdan su vida en la Tierra. Esto ningún protestante me lo ha negado, y sin embargo no se entiende de dónde deduce que los Santos y Ángeles no pueden conocer las peticiones de los fieles.

   Por lo que resulta que, al final, para el protestante sí es teóricamente posible que los Santos y Ángeles intercedan y fundamenta todo su rechazo a tal doctrina en una imposibilidad cuasi absoluta del alma separada y de la sustancia espiritual de tener conocimiento contingente del mundo físico. Pero justamente tal imposibilidad no la puede derivar de la misma Escritura, siendo que la misma Escritura da esbozos de lo contrario.

Esto es solo un ejemplo.


Otro ejemplo es la idea de venerar a los Santos, o específicamente a la Virgen María (al parecer a veces ignoran que la veneración a María y los Santos es cualitativamente la misma: dulía).

  Lo primero que dirán es una de dos: O que la Biblia no muestra a los Apóstoles o Jesús mandando a venerar a María, o que los católicos cometemos idolatría y eso la Biblia lo condena. Sin embargo, esto se neutraliza fácilmente mostrando cómo la Escritura sí enseña que hay que rendir dulía a los Santos y, por ende, a María; y que esto no es equiparable a la latría.

   Esto lo aceptan a punto tal que ni siquiera se ponen luego a discutirlo, sino que simplemente luego pasan a criticar el modo en que los católicos rinden dulía y a tratar de justificar porqué los católicos en realidad están tributando latría a los Santos y no dulía.

   Y es allí que pasan a criticar prácticas como prender velas, tener imágenes, postrarse ante ellas; eso cuando están en lo correcto, porque cuando no es así saltan con disparates tales como que le rezamos a las imágenes (evidentemente no hacemos eso).

  Pero centrándonos en lo primero, cuando se les demuestra cómo en la misma Escritura signos como el postrarse no indican necesariamente latría sino también dulía y que lo mismo aplica para lo demás, queda entonces muy poco que discutir.


Lo mismo con la cuestión de las imágenes: rechazarán las imágenes apelando a toda la letanía de versículos en los que la Escritura condena la idolatría y los ídolos. Todo eso se desmorona cuando se parte de la distinción entre ídolo e ícono, y entre la dulía y latría relativa y absoluta; y mostrando cómo tales ideas son bíblicas y racionales, y que las aceptamos todo el tiempo (incluso los protestantes) y que no son meras distinciones abstractas sacadas de la manga.


Podríamos seguir mostrando todo esto con las demás doctrinas, pero se entiende el punto.


Por lo que: Si yo fuera un cristiano sin denominación pero quisiera tomar una postura, y analizara los argumentos a favor y en contra de cada doctrina, llegaría a la conclusión de que en realidad no está demostrado razonablemente que son falsas, que está demostrado en cambio que es más razonable pensar que son verdaderas y que, por tanto, son otro motivo más para ser católico.


Razón 3: El protestantismo es inconsistente al dogmatizar un Canon sin creer en el Magisterio y negar que la Tradición sea fuente de Revelación, sosteniendo así la Sola Escritura

 

   Para rechazar doctrinas católicas como la intercesión de los Santos, el purgatorio y la oración por los difuntos los protestantes suelen alegar que a tales doctrinas los católicos simplemente las fundamentamos en los libros deuterocanónicos (algo falso, pero es lo que he visto que dicen). Por lo que ellos negarán que los deuterocanónicos sean libros inspirados, con lo cual no se ven obligados con las enseñanzas de estos libros.


   Con esto los protestantes buscan dogmatizar el canon y decirle a los católicos que tienen un canon equivocado. Es decir, los protestantes pretenden que es demostrable que su canon es el correcto.

   Pero los argumentos por los cuales los protestantes quieren demostrar que su canon es el verdadero y por los cuales hay que desechar los deuterocanónicos son tremendamente débiles, y en general apelan a la Tradición, sea judía o sea cristiana.


   Además tal argumentación es fútil, porque es evidente que en el protestantismo, al no existir una autoridad infalible, no puede existir tampoco un canon definido que sea vinculante para todos los cristianos; y la doctrina de la Sola Escritura agrava aún más esto porque la misma Escritura no define cuáles son sus libros y cuáles no ni la Tradición sirve para resolver la cuestión de modo vinculante.

   Pero es tremendamente paradójico que los protestantes se vean obligados a apelar a la Tradición y confiar en ella para sostener que de ella nos viene el canon. Sin embargo, puesto que se rechaza por principio que algo como la Tradición sea vinculante, es evidente que absolutamente ningún cristiano estaría obligado a seguir a la Tradición en esto, puesto que la misma Tradición no es infalible.

   Además, muestra que son enormemente selectivos a la hora de apelar a la Tradición, puesto que aceptan esto del canon pero consideran que en gran cantidad de otros temas la Tradición está errada y la rechazan. 

   Por otro lado, incluso los libros del Nuevo Testamento no afirman en ningún lado ser inspirados, menos Apocalipsis. La idea de inspiración no aparece en Mateo, Marcos, Lucas, Juan o Hechos, y tampoco en las cartas de San Pablo.  Por lo que la propia idea de que los libros del Nuevo Testamento sean inspirados no se encuentra en el Nuevo Testamento; lo cual va en contra de la misma doctrina de la Sola Escritura.  

   Por lo que, siendo protestante, parecen consistentes con su propia doctrina aquellos que rechazan tal o cual libro como Judas, Santiago o Apocalipsis; y estarían en todo su derecho de hacerlo según los principios que acepta. Si alguien puede eso, nada impediría que alguien rechazara como apócrifas los llamado deuterocanónicos del Nuevo Testamento apelando a la crítica textual moderna.


En el Catolicismo nada de esto es un problema, porque tanto Biblia como Tradición son fuentes de revelación, y a su vez existe una autoridad infalible que puede determinar cuál es el canon.


Razón 4: El protestantismo destruye la indefectibilidad de la Iglesia

  Al separar al Cuerpo de Cristo de cualquier estructura eclesiástica jerárquica gubernamental, subsistiendo la Iglesia simplemente en la multitud de creyentes en Cristo separados en tiempo y en espacio, el protestantismo lleva a negar la indefectibilidad de la Iglesia visible.

De esto derivan su rechazo a la autoridad de la Iglesia Católica y su consideración de que ha caído en error o en apostasía.

  Sostienen que la Iglesia no está dotada de infalibilidad, lo que lleva necesariamente a que la jerarquía de la Iglesia primitiva post-apostólica podría enseñar doctrinas erróneas, y hacer Concilios con declaraciones de fe con doctrinas manifiestamente falsas. Eso sería perfectamente plausible, y los cristianos simplemente no tendrían ninguna obligación de asentir a tales declaraciones de fe erradas. Como la Iglesia son los creyentes y no un cuerpo jerárquico gubernamental no habría ningún problema con esto; los cristianos lo único que deberían hacer es no obedecer a los pastores con sus doctrinas erradas y, simplemente, formar sus propias congregaciones.

   Pero toda esta doctrina protestante es completamente falsa, por cuanto la misma Escritura enseña que la Iglesia de Cristo tiene pastores con autoridad que pueden enseñar de modo infalible determinando cuestiones de fe asistidos por el Espíritu Santo.

Negado esto la potestad de enseñar de la Iglesia queda reducida a la mera exhortación o recomendación, pero sin ser vinculante para los cristianos. Eso nos lleva al siguiente punto.


Razón 5: El protestantismo destruye la unidad de la Iglesia

   El protestantismo ha llevado necesariamente a multitud de divisiones entre los cristianos. Llegan a creer en una Iglesia invisible a la que pertenecen multitud de personas de diferentes denominaciones que incluso se tachan de heréticos entre sí. Además, por negar el episcopado monárquico ningún cristiano está obligado a sujetarse a su pastor, y ante cualquier discrepancia doctrinal o de disciplina moral cualquiera puede formar su propia congregación o pasarse a otra ya existente. Incluso es evidente que los pentecostales no reconocen ninguna autoridad a un obispo episcopal, anglicano, luterano, católico u ortodoxo; ni reconocen sus concilios.

   Sin embargo, esto es claramente un disparate y no tiene nada que ver con la Iglesia Apostólica, donde había una sola Fe y una comunión de todas las Iglesias, donde en cada Iglesia los fieles debían someterse a sus autoridades y donde desobedecerlas y separarse constituye cisma.

   En este protestantismo que acepta una Iglesia invisible a la que pertenecen todos los cristianos de todas las denominaciones no puede existir la idea de cisma.


Razón 6: El protestantismo es una innovación que sería considerada herética y cismática por todos los Padres y los mismos Apóstoles

  Es una realidad evidente que el protestantismo es innovador, por cuanto creencias como la negación de la Presencia Real, el carácter sacrificial de la Misa, la intercesión de los santos, la oración por los difuntos, la Virginidad de María y el episcopado monárquico son ideas rupturistas con la Iglesia precedente. Eso lo reconocen los mismos protestantes; y reconocen asimismo que se separan de la Iglesia Católica, y muchos ni siquiera reconocen a los católicos el carácter de cristianos.

  Esta actitud, evidentemente, habría sido considerada cismática y herética por los Padres de la Iglesia; aquellos a los que los mismos protestantes muchas veces apelan y citan. Por lo que no es coherente a la vez estar en comunión con los Padres y ser protestante; puesto que todos los Padres habrían lanzado el anatema contra ellos.

 Muchos protestantes, entonces, apelarán a que tal o cual Padre no sostenía lo que la Iglesia Católica enseña sobre tal o cual cuestión (v.gr. San Juan Crisóstomo no creía que María tuviera inmunidad al pecado actual; San Jerónimo no creía que los deuterocanónicos fueran inspirados). Pero la realidad es que en muchas cuestiones los Padres estaban de acuerdo con doctrinas que los protestantes niegan y consideraban herejes a los que los negaban (v.gr. San Jerónimo, San Efrén y San Agustín tachan de herejes a los que niegan la Virginidad perpetua de María); y aunque los Padres podían errar en cuestiones todavía no definidas sin embargo se habrían sometido a la enseñanza infalible de la Iglesia si ella se hubiese pronunciado, cosa que los protestantes no hacen. Justamente los protestantes se glorían de hacer lo contrario. 


Todas estas razones me impiden a mí ser protestante.


domingo, 6 de noviembre de 2022

Infiltración teológica del Vaticano II

 Encontré una publicación con ese título: https://www.facebook.com/TradCathPR/posts/pfbid0S5PvBLhpamBWNXq2d7EKUxUSAco57KAqunf951uhdfsoBrk9XH9UdiU627Ynr8hfl

Pero como dice cosas tendenciosas me vi obligado en responderlo. 


Que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica no quiere decir que la Iglesia de Cristo no es la Iglesia Católica, sino que quiere señalar que fuera de la Iglesia visible se encuentran elementos de santificación. Así lo explica la Congregación para la Doctrina de la Fe.

https://www.vatican.va/.../rc_con_cfaith_doc_20070629...


Que haya personas “fuera” de la Iglesia que puedan salvarse es algo que ya acepta Santo Tomás de Aquino, y San Agustín también.

De allí viene la distinción entre herejes materiales y herejes formales, y la distinción entre ignorancia vencible e ignorancia invencible. Los herejes materiales con ignorancia invencible pertenecen espiritualmente a la Iglesia por el votum Ecclesiae, y por ello conseguir la justificación. Eso lo dice Ludwig Ott.

Y la idea de que están unidos de alguna manera a la Iglesia se debe, justamente, a que solo por la Iglesia hay salvación. Es una reafirmación del Extra Ecclesia nulla salus.

Por lo que el Vaticano II, al expresarse así, simplemente busca expresar lo que la Iglesia ya aceptaba.


Y además, el mismo Vaticano II en la Unitatis Redintegratio, n.3, identifica al Cuerpo de Cristo con la Iglesia Católica como una misma cosa: “Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo (…) para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios”.


Lo mismo la Lumen Gentium:

“El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia (…) Cristo, en verdad, ama a la Iglesia (…) colma de bienes divinos a la Iglesia, que es su cuerpo y su plenitud (…)

Cristo, el único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia (…)Mas la sociedad provista de sus órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo (…)

Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica” (nn. 7-8).

Por lo que aquí no hay contradicción con la Mystici Corporis.


Por otro lado, no se entiende de qué manera la Iglesia no apela a la conversión sino a la conversación, cuando el mismo Vaticano II promulgó el decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, donde dice textualmente que la Iglesia pretende la conversión de los hombres que no están en ella:

“La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza” (n. 2).


“La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo” (n. 5).


“El fin propio de esta actividad misional es la evangelización e implantación de la Iglesia en los pueblos o grupos en que todavía no ha arraigado.

(…)

El medio principal de esta implantación es la predicación del Evangelio de Jesucristo” (n. 6).


“La razón de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios, que "quiere que todos los hombres sean salvos y vengas al conocimiento de la verdad” (…) Es, pues, necesario que todos se conviertan a El, una vez conocido por la predicación del Evangelio, y a El y a la Iglesia, que es su Cuerpo, se incorporen por el bautismo” (n. 7).


Incluso la Gaudium et Spes, n. 28 dice que el diálogo no implica atenuar el anuncio de la verdad: “Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad saludable”.


Luego, sobre las opiniones de Rahner de que la resurrección de Jesús no ocurrió en la Historia y que el mismo Cristo fue salvado, es irrelevante porque el Vaticano II no enseña eso.


Luego, sobre la Dignitatis Humanae, se dice:

“Pero la Dignitatis humanae parece sugerir que los católicos deberían esforzarse en buscar la libertad religiosa de todas las (falsas) religiones, equiparándolas al catolicismo”.

Y se afirma también que no existe derecho a creer en una falsa religión, porque no existe derecho a obrar mal.


Sobre lo de equiparar la Religión Católica con las demás religiones, la Dignitatis Humanae dice precisamente lo contrario:

“Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica (…) Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla (…) deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo” (n. 1).

Por tanto, no hay equiparación.


Después, una cosa es el derecho moral, pero otra cosa es el derecho civil. La Dignitatis no trata del derecho moral, sino de los límites del poder represivo del Estado para con actos que pueden ser malos moralmente hablando. Lo dice al inicio:

“la libertad religiosa que exigen los hombres (…) se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad civil” (Y por ello “deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres…”).


Todos reconocen que es contrario a la doctrina católica el forzar a los infieles a bautizarse, porque la fe es libre; y sin embargo, eso implicaría dejarles con la libertad de seguir en sus falsas religiones (por principio de tercero excluido: o los forzamos a la fe o tienen libertad, no hay tercera opción). Aunque pequen en su infidelidad, sin embargo no pueden ser obligados a la Fe. Y en esto que se dice que tienen derecho, en que no pueden ser obligados a la conversión; no en que pueden obrar mal sin cometer pecado.


Así León XIII:

“Es, por otra parte, costumbre de la Iglesia vigilar con mucho cuidado para que nadie sea forzado a abrazar la fe católica contra su voluntad, porque, como observa acertadamente San Agustín, «el hombre no puede creer más que de buena voluntad»” (Immortale Dei, n. 18).


También Santo Tomás de Aquino:

“Entre los infieles hay quienes nunca aceptaron la fe, como son los gentiles y los judíos. Estos, ciertamente, de ninguna manera deben ser forzados a creer, ya que creer es acto de la voluntad” (Suma Teológica, II-II, 10, 8).


Y también sobre los ritos de las falsas religiones (o sea, el culto público):

“El gobierno humano proviene del divino y debe imitarle. Pues bien, siendo Dios omnipotente y sumamente bueno, permite, sin embargo, que sucedan males (…) Así, pues, en el gobierno humano, quienes gobiernan toleran también razonablemente algunos males (…) Por consiguiente, aunque pequen en sus ritos, pueden ser tolerados los infieles, sea por algún bien que puede provenir de ello, sea por evitar algún mal” (Suma Teológica, II-II, 10, 11).

Eso debería ser claro en cuanto que la misma Dignitatis Humanae dice que deja intacta la doctrina sobre el deber moral de buscar la verdad.

La Historia de Bonifacio solo nos habla de cómo eliminó el culto público de los paganos, pero eso no hace que los paganos abandonen el error ni hubiese dado el derecho a San Bonifacio de forzar a los paganos a la conversión.


Y sobre la contraposición entre la antigua doctrina de la tolerancia y la del derecho a la libertad de la Dignitatis Humanae, hablando de los infieles esto solo nos habla del culto público. Porque evidentemente no puede haber simple tolerancia de la infidelidad interior, en la conciencia, como si dependiera de la voluntad de la autoridad civil el dejar de tolerarlo y obligar a los infieles a la conversión, porque es obvio que no tiene esa potestad.


Así dice León XIII:

“si bien la Iglesia juzga ilícito que las diversas clases de culto divino gocen del mismo derecho que tiene la religión verdadera, no por esto, sin embargo, condena a los gobernantes que para conseguir un bien importante o para evitar un grave mal toleran pacientemente en la práctica la existencia de dichos cultos en el Estado” (Immortale Dei, n. 18).


Se tolera para conseguir un bien o para evitar un mal, en razón del bien público o bien común.

Si la tolerancia es dañina al bien público, debe disminuirse; si le es favorable, es un bien (Libertas praestantisimum, n. 23).


Lo que viene a hacer la Dignitatis es a decir que la tolerancia permite conseguir un bien, que es la conversión. Además de otro bien, que es la paz.


El mismo Santo Tomás establece que una de las causas que permite tolerar los cultos de los infieles es justamente la conversión libre a la fe (además de la paz, puesto que evita la discordia):

“No hay, en cambio, razón alguna para tolerar los ritos de los infieles, que no nos aportan ni verdad ni utilidad, a no ser para evitar algún mal, como es el escándalo, o la discordia que ello pudiera originar, o la oposición a la salvación de aquellos que, poco a poco, tolerados de esa manera, se van convirtiendo a la fe” (Suma Teológica, II-II, 10, 11).


Pero el mismo Concilio dice que puede limitarse la libertad religiosa cuando es dañina:

“Además, puesto que la sociedad civil tiene derecho a protegerse contra los abusos que puedan darse bajo pretexto de libertad religiosa, corresponde principalmente a la autoridad civil prestar esta protección. Sin embargo, esto no debe hacerse de forma arbitraria, o favoreciendo injustamente a una parte, sino según normas jurídicas conformes con el orden moral objetivo. Normas que son requeridas por la tutela eficaz de estos derechos en favor de todos los ciudadanos y por la pacífica composición de tales derechos, por la adecuada promoción de esta honesta paz pública, que es la ordenada convivencia en la verdadera justicia, y por la debida custodia de la moralidad pública” (n. 7).


Por lo que aquí están los dos principios sobre la tolerancia: permitir cuando es útil, limitar/prohibir cuando es dañino.

Cuándo es útil: la doctrina tradicional dirá que solo cuando evita un mal como la discordia o el escándalo, y cuando permite un bien como la conversión. La Dignitatis dirá que es en general siempre útil, porque permite la conversión y trae la paz.


La verdadera innovación del Vaticano II simplemente es incluir a los herejes y cismáticos dentro de esa libertad religiosa, cuando antes se consideraba que sí podían ser forzados a la fe.


Sobre Nostra Aetate, con respecto a los hindúes y budistas, cualquiera que lea el documento y no solo las dos oraciones citadas en el texto puede ver que están queriendo concluir más de lo que el texto dice. Porque el mismo no está hablando de la veracidad o efectividad de tales doctrinas, sino describiendo lo que tales doctrinas enseñan.


Sobre el hinduismo, el texto no dice que “contemplan el misterio divino”, sino que escrutan (eso dice en latín: Ita in Hinduismo homines mysterium divinum scrutantur) o investigan (en su versión en español) el misterio divino; es decir, que lo observan o examinan con minuciosidad. Y por el contexto, se habla de la labor intelectual, de razón, por la cual se busca comprender el misterio divino, que luego lo expresan en mitos y filosofía.

Eso no nos habla sobre si con su observación o examen llegan a la verdad sobre Dios; y no tiene nada que ver con la oración de contemplación (de la que justamente habla el Catecismo, nn. 2709-2719).

Y sobre el budismo, se está describiendo su doctrina; no diciendo que tal doctrina es efectiva y que el camino que enseñan es correcto. Justamente en el párrafo siguiente el mismo documento dice que Cristo es el camino (Jn. 14,6).


Luego, sobre que los musulmanes adoren al mismo Dios que nosotros.

Tal cosa lo dice incluso San Justino sobre los judíos, que ciertamente no adoran a la Trinidad:

"Pero tampoco creemos nosotros que uno sea nuestro Dios y otro el de ustedes, sino el mismo que sacó a sus padres de la tierra de Egipto con mano poderosa y brazo excelso; ni en otro alguno hemos puesto nuestra confianza -pues tampoco le hay-, sino en el mismo que ustedes, en el Dios de Abrahán y de Isaac y de Jacob" (Diálogo con Trifón, 11.1).


Y también el Catecismo Mayor de San Pío X:

“227 ¿Quiénes son los infieles? - Infieles son los que no tienen el Bautismo ni creen en Jesucristo, o porque creen y adoran falsas divinidades, como los idólatras, o porque, aún admitiendo al único verdadero Dios, no creen en Cristo Mesías, ni como venido ya en la persona de Jesucristo ni como que ha de venir: tales son los mahometanos y otros semejantes”.


Y el mismo Catecismo Romano dice que había pueblos que adoraban a Dios, aún sin conocer la Trinidad:

“Sin embargo, hízose necesaria la explícita prohibición por la ignorancia religiosa de muchos pueblos antiguos que, ADORANDO AL VERDADERO DIOS (no conocían la Trinidad), pretendían al mismo tiempo mantener el culto de otras muchas falsas divinidades”.


Luego, sobre que los masones coincidirían sin reservas a todo lo dicho antes, es completamente falso.

Citan al Vaticano II por la mitad, ignorando lo que no les conviene para esa interpretación y encima dándole a lo que citan un sentido que no era el que le buscaba dar el Concilio. El Vaticano II en NINGÚN lado dice que las demás religiones BASTAN para iluminar a la humanidad. Explícitamente dice lo contrario, incluso en la misma Nostra Aetate:

“La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. (…) Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn., 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas”.


O Lumen Gentium:

“…esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. (…)no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perseverar en ella”.


El cual también dice textualmente, sobre los infieles:

“Pero con mucha frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se envilecieron con sus fantasías y trocaron la verdad de Dios en mentira, sirviendo a la criatura más bien que al Creador (cf. Rm 1,21 y 25), o, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, se exponen a la desesperación extrema”.


Esas son las cosas que debía aclarar.

¿Paganizaciones en la Iglesia? Respondiendo a Jonathan Murcia

 Jonathan Murcia ha hecho una publicación en su página de Facebook en que atribuye doctrinas católicas a influencias del paganismo.

Este es el link: https://www.facebook.com/photo/?fbid=651144056574133&set=a.574370927584780 


Transcribo la publicación y luego la respondo:

 

En la tarea honesta de buscar la verdad he estado encontrando:


El historiador H.G. Wells explica como era posible que los Romanos aceptaran tan rápido el cristianismo sin abandonar sus propios dioses; se había popularizado la idea de que los dioses de las naciones vecinas eran los mismos y los adoraban bajo nombres distintos, por eso les daba igual adorar al ser supremo bajo el nombre de Júpiter o Jehová, Zeus, Osiris, Serapis, Dios. [1]

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📜Entendían que toda la humanidad había recibido una revelación de Dios, un Dios trino y el nacimiento de un salvador, por corrupción esa revelación se corrompió y la gente rendía culto a un ser supremo, su esposa —la reina del cielo— y su hijo, el Salvador. La devoción mayor iba a "la reina del cielo", desde el norte de África hasta la China, bajo nombre como Astarte, Isis, Venus, Diana, Hariti y Kuan-Yin. [2]

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📜Frank Boyd traza el desarrollo de esta religión y muestra como llegó a ser la religión oficial en Roma y como sus costumbres penetraron la iglesia cristiana. Aunque los cristianos nunca oraron a María durante los primeros tres siglos del cristianismo, los muchos paganos en la nueva iglesia imperial empezaron a adorarla llamándola reina del cielo y pronto se comenzó a fomentar la adoración a María. [3]

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📜 En la adoración a Isis se encendían velas y se colocaban a su alrededor velas y figuritas llamadas "éx votos", estas representaban partes del cuerpo para suplicar socorro. Algunos romanistas hacían voto de celibato, se les rapaba la cabeza y se les vestía de lino. Esto llegó a ser costumbre en la iglesia católica romana. [4]

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📜La multiplicidad actual de vírgenes, santos y cristos en la iglesia católica romana es otro efecto de asimilación de creencias de otras religiones, incluso en la antigua romana cada dios tenía una especialidad, dios de la guerra, de la agricultura, del amor y así, según la necesidad. Además de dioses de primer orden tenía de segunda categoría que se interesaban por los humanos e intercedían por ellos ante Júpiter.

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📜En la asimilación de tales creencias y costumbres se les da a los santos un puesto similar como intercesores cuasidivinos. En algunos lugares se enciende una vela a San Antonio para que ayude al devoto a encontrar un objeto extraño, San Cristobal socorre a los viajeros, San Pedro la pesca y así. [5]

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🚨 Todo esto desvirtuando la imagen de Cristo. El único camino, la verdad y la vida. Dios NO se puede contradecir la única revelación especial de Dios con la tradición de hombres.


[1] [2] H.G. Wells. The outline of History. Pág. 305-308]

[3] Frank M. Boyd. Apocalipsis. Estudio Bíblico. Cap.17

[4] [5] Luisa M. Jetter. ¿Cuál camino? Pág 49-50 Ver menos

  

Aquí la publicación.
Mi respuesta:

"Aunque los cristianos nunca oraron a María durante los primeros tres siglos del cristianismo...."

No sé porqué hablan de la oración específica a María, cuando está bien atestiguada la intercesión de los Santos en general en los primeros tres siglos.
Así, aparece en:

-Hipólito, Contra Plato, 3
-Hipólito, Comentario a Daniel 2, 30
-Orígenes, La oración, X y XX
-Clemente, Stromata VII, 12
-Cipriano, Epístolas 37 y 56

Además de las incripciones en las catacumbas y cementarios de San Calixto y Domitila, donde los cristianos piden intercesión a los difuntos.
Y ya con el cristianismo legalizado en el siglo IV:

-Cirilo, Catequesis 23, 9
-Gregorio (Naciaceno), Oración 18
-Ambrosio, Respecto a las viudas
-Crisóstomo, Homilia 3 sobre 2 Timoteo; Homilia 26 sobre 2 Corintios; Oración 8, 8
-Jerónimo, Contra Vigilantus, 6
-Agustín, Contra Fausto, Libro XX

Ninguno de estos Padres y teólogos era pagano ni necesitaba paganizar el cristianismo. Ni necesitaba el paganismo porque ya para el judaísmo era teóricamente posible la intercesión de los Tzadikim y Ángeles, como se ve en:

2 Macabeos 15,11.13-14
Tobías 12,12
Talmud, Taanit 16a
Talmud, Taanit 23b
Talmud, Sotah 34b 
Talmud, Sanhedrin 44b
Oración Machnisai Rachamim

Por no mencionar las fuentes que, aunque no hablan de la intercesión de los Santos, evidencian que los judíos creen que los difuntos conocen lo que sucede aquí en la tierra:
Ket 103a
Ber 19a
Ber 18a
Yoreh De'ah 376,4
Ṭur Yoreh De'ah, 375 



Luego, dice que los paganos comenzaron a adorar a María llamándola "reina del cielo".
Completamente falso.

A María no se le llama "Reina del Cielo" hasta mucho después, por la oración Regina Coeli que se atribuye a San Gregorio (el cual no era pagano). Incialmente solo se la llama "Señora" o "Reina" a secas en virtud de su nombre. Como dice San Jerónimo: “Sépase que María en la lengua siriaca significa Señora”. O como dice San Pedro Crisólogo: “El nombre hebreo María se traduce Domina en latín”.
Ni San Jerónimo ni San Padro Crisólogo eran "paganos" que necesitaban paganizar el cristianismo.

La expresión "Reina del cielo" no aparece hasta San Gregorio. Antes no se le decía así. Si hacemos un recorrido cronológico se puede ver que tal expresión no aparece (los años a veces son aproximados):

720, San Juan Damasceno: "Reina, Dueña, Señora" Homilia I, (Sobre la Dormición de la S.V.M.); "Señora de todas las criaturas" (De fide orthodoxa 4, 14)

711, Gregorio II (Papa): "Señora de todos y verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos" (Acta Conciliar 4 del 7° Concilio Ecuménico).

680, San Andrés de Creta: "Reina del género humano" (Homilía II); "Reina de todos los hombres, porque, fiel de hecho al significado de su nombre, se encuentra por encima de todos, si sólo a Dios se exceptúa" (Homilía III).

660, San Ildefonso de Toledo: ¡Oh Señora mía!, ¡oh Dominadora mía!: tú mandas en mí, Madre de mi Señor..., Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas" (De virginitate perpetua B.M.V.).

680, San Agatón (Papa): "Señora nuestra"

650, Martín I (Papa): "nuestra Señora gloriosa" (Epístola 14)

570, San Germán: "Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que los reyes todos..." (In Praesentationem Sanctissimae Deiparae 1).

520, Epifanio de Constantinopla: "nuestra santa Señora, gloriosa Virgen" (Relatio Epiphani).

400, Prudencio: "[Madre se maravilló no solo] de haber engendrado a Dios como hombre sí, sinotambién como Sumo Rey" (Dittochaeum XXVII).

370, San Gregorio Nacianceno: "Madre del Rey de todo el universo"; "dio a luz al Rey de todo el mundo" (Poemata dogmatica XVIII).

350, San Efrén: "... el cielo fue tan sólo tu trono, pero no tu madre. ¡Cuánto más no habrá de honrarse y venerarse a la Madre del Rey que a su trono!"; "virgen augusta y dueña, Reina, Señora" (Hymni de B. María).

250, Orígenes (atribuido): "Tú eres mi señora" (Homilia VII sobre San Lucas).


En ninguno de estos aparece textuamente "Reina del Cielo".
Ni siquiera aparece en el Akáthistos, donde lo más parecido es: "¡Alégrate, Tú que eres el Trono del Rey!".
Y también: "Himno cantaré a la Madre Reina (...) has dado a la luz a Cristo Rey (...) Salve, Reina del mundo, salve, María, Señora de todos nosotros".
Pero "Reina del Cielo" no aparece. Y si alguien tiene una fuente de los siglos IV o V que la llame así a María, que la presente.

E igualmente habría que establecer cómo se relaciona eso con el paganismo; lo cual será completamente difícil de establecer porque el título ya puede desarrollarse simplemente por la teología cristiana sin recurrir a influencias externas.


Por otra parte, salir con que es una paganización el voto de celibato y el raparse la cabeza es algo completamente risible, siendo que en el mismo judaísmo existían los esenios y el voto de nazareno. Y el mismo Pablo, luego de hacer un voto, se rapó la cabeza (Hechos 18,18).
Y es irrelevante si en la adoración de Isis se encendían velas, como es irrelevante si usaan incienso o sacrificios.
Esas cosas son características a todos los cultos religiosos y no pertenecen a nadie en particular.
Los mismos judíos hacen uso de velas, y usaban de todas las demás cosas que tenían los cultos paganos.


Sobre la multiplicidad de "vírgenes, cristos y santos":
Ni siquiera pueden establecer con documentos en mano, que los Santos vinieran a reemplazar a cada dios pagano.
No hay "asimilación" de creencias paganas. Porque nada tienen que ver los Santos con los dioses paganos. Los únicos que creen eso son los que hacen publicaciones como éstas; ni los católicos ni los paganos lo creían.
Decir que hay una "asimilación de creencias" porque X práctica o creencia católica se parece a X práctica o creencia pagana, es tan falaz como decir lo mismo sobre el judaísmo en la antigua alianza.


Además, eso de que había paganos que se hacían cristianos aún manteniendo la creencia en sus dioses paganos hay que demostrarlo. Porque antes de admitirlos como cristianos eran instruidos en la Fe mediante la catequesis; y luego de ver que comprendían la fe eran bautizados y admitidos en la comunión.
Los que terminaban teniendo creencias "paganas" resultaban cayendo en sectas, pero no contaminando la Iglesia hasta el punto de que todos los Padres de la Iglesia les siguieran en el error. Ahí están los gnósticos, en el que sus influencias extra-cristianas son completamente claras y evidentes; y fueron denunciadas además por todos los cristianos.


Ponen como referencia a H.G. Wells.
Sin embargo, el mismo Wells en dicha obra minimiza la historicidad de los Evangelios y considera que el dogma se desarrolla:

"Quizá los comienzos de los evangelios sean añadiduras de la misma naturaleza. Las milagrosas circunstancias del nacimiento de Jesús; la gran estrella que condujo a unos sabios de Oriente hasta la cuna de un pesebre, para adorarla: la matanza de los hijos varones en toda la región de Belén, ordenada por Herodes como consecuencia de tales portentos, y la huida a Egipto, todo ello es, en suposición de muchas autoridades, materia añadida" (pag. 461).

"Lo cierto es que todo el cuerpo de afirmación teológica que constítuve el Cristianismo encuentra escaso apoyo en los evangelios (...) Es difícil fijar palabras pronunciadas efectivamente por Jesús en las que se afirme como Mesías judaico (traducido ai griego por Jo palabra “Cristo") o como parte de la divinidad, o palabras en que haya explicado la doctrina de la expiación o impuesto sacramento ninguno" (pág. 462).

"No hay prueba evidente de que los discípulos de Jesús, oyesen hablar de la Trinidad" (pág. 462).

"Lo'que está claro para todo el que lea sus diversas epístolas (las de Pablo), juntamente con los Evangelios, es que su pensamiento estaba saturado por una idea que no suele aparecer con mucho relieve en los dichos y enseñanzas de Jesús que se recuerdan: la idea de un ser ofrecido en sacrificio n Dios como redención de! pecado (...) Pablo se acercó a los nazarenos con fuerza irresistible, porque les llevaba una explicación completamente satisfactoria del desastre de la crucifixión" (pág. 473).

"Del primero (el mitraismo), parece que los cristianos adoptaron el domingo como principal día de cultos, en vez del sábado judaico; el empleo abundante de cirios en las ceremonias religiosas; la leyenda de la adoración de los pastores y probablemente, además, ideas y frases, tan distintivas aún hoy, de dsterminadas sectas, como la de estar “bañados en la sangre” de Cristo, y la de que Cristo es sacrificio cruento" (pág. 474).

https://archive.org/.../EsquemaDeLaHis.../page/n264/mode/1up
Así que no confiaría en Wells en un tema como este.


Por lo visto hasta aquí, la publicación de Jonathan Murcia está completamente infundada.

Respondiendo argumentos en contra de la inspiración de los Deuterocanónicos

 

Respondo a este artículo de Veritas Fidei:

https://veritasfidei.org/apocrifos/?fbclid=IwAR0Zu1OiB3ZCG1PBlVMf2xcee4S2mq2M83OLAONDH94wnTyblWQPz9TZiGw


  Esta respuesta no busca ser una respuesta "católica", sino que está pensada como una respuesta que pueda tener también un cristiano no denominacional que no tiene esta cuestión definida, que busca analizar el peso de los argumentos en contra de la canonicidad de los deuterocanónicos, y que considera que en caso de no existir una autoridad infalible que defina el tema la cuestión del canon deba quedar entonces como un tema libre de opinión entre los cristianos, porque es muy débil la evidencia para concluir una opinión desfavorable contra los deuterocanónicos y que dicha opinión no se desprende de la Escritura como sí se reflejan o derivan otras doctrinas explícitas como la Trinidad o la Resurrección.

 Por lo que una opinión conjetural no puede ser vinculante para los cristianos.



Razón # 1: Los judíos nunca aceptaron los apócrifos como Escritura ni los consideraron a la par con otros libros canónicos del Antiguo Testamento.


Respuesta:

Los judíos no tienen ninguna autoridad para determinar qué libros son inspirados.

Entre los mismo judíos había grupos como los saduceos (y samaritanos, además) que no aceptaban a los profetas y básicamente cualquier otro libro que no fuera la Torá. Y otros como los Beta Israel, los judíos etíopes (que siguen existiendo en la actualidad), que aceptan la Septuaginta en bloque (contrario a los católicos, que no aceptan todos los libros de la Septuaginta). Además, entre los mismos judíos a fines del siglo I todavía se dudaba de la canonicidad de libros que los protestantes SÍ aceptan, como Ester, Eclesiatés y Cantar de los Cantares (Mishna, Yadaim, III,5; Talmud Babilonio, Megilla, fol. 7); mientras que al mismo tiempo el propio Talmud, Baba Kamma 92ª, considera a Eclesiástico como parte de los Ketubim o Escritos. Y según Jeff Morrow y Michael Barber, otros como los esenios consideraban canónicos Tobías y Eclesiástico y no consideraban tal a Ester.

Y el mismo hecho de la existencia de la Septuaginta muestra que hubo judíos qué sí llegaron a considerar canónicos dichos libros; pues si no fuera el caso no habría motivos para añadirlos en primer lugar.

Y sobre la cita de Josefo: es natural que él dijera eso, siendo como era fariseo y no saduceo, samaritano, esenio, beta Israel o judío helenizado en la diáspora.

Por lo que aquí estamos simplemente ante una cuestión no definida doctrinalmente por los judíos en dicho momento y que era de libre opinión; siendo los más los que consideraban como Escritura solo el canon palestino, pero habiendo otras posturas también.


Razón # 2: Es sencillo erguir un argumento que consiste en que ni Jesús, ni los apóstoles, ni los escritores del Nuevo Testamento aceptaron a los apócrifos como inspirados.


Respuesta:

Eso sería relevante si, por Tradición Apostólica, los Apóstoles hubiesen transmitido la determinación de los libros del canon que coincidieran con los del canon palestino. Cosa que no es el caso. Porque ya San Justino dice que los judíos han rechazado libros del Antiguo Testamento, Atenágogas usa a Baruc como libro canónico y en la Iglesia se ha utilizado las Escrituras griegas con los deuterocanónicos tanto en Occidente como en Oriente. Además de que San Judas (Judas 14) cita el libro de Enoc como profético, y claramente no es canónico.

Por lo que es claro: Los Apóstoles nada determinaron sobre el Canon.

Ergo: toca a la Iglesia, investida de autoridad, determinar el Canon.

Y en cuanto a la declaración de Jesús sobre la muerte de Zacarías; eso es un argumento implícito, pero que no sirve para afirmar con seguridad la doctrina porque el Señor en ningún momento está tratando o disputando sobre cuáles libros son sagrados. Primero, tenemos que asumir que es el Zacarías de Crónicas; si no se parte de eso entonces el argumento se cae. En segundo lugar, el Señor está hablando de las muertes de los profetas, por lo que es natural que empiece con Abel (el primero muerto violentamente) y termine con Zacarías, por ser el último muerto violentamente; pero no es ciertamente el último profeta, sino el último profeta que tuvo una muerte violenta registrada en las Escrituras, en 2 Crónicas; sin determinarnos por eso si los libros siguientes a Crónicas son inspirados o no, sobretodo porque ni siquiera aparecen profetas siendo muertos en dichos libros. De ello no se deduce que quienes escribieron scribieron dichos libros no lo hicieran bajo inspiración. Aquí claramente hay un non sequitur. En tercer lugar, Jesús al disputar con sus oponentes parte desde un punto común. Así, al disputar con los saduceos sobre la resurrección, les aduce Éxodo 3,6 (“Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”) cuando tranquilamente podría haber citado cualquier versículo del resto de la Escritura (Daniel 12,1-3; 1 Samuel 28; Salmo 16,9-10); cosa que no hace porque evidentemente los saduceos no creen en esos libros. Por tanto, Jesús cita aquellos que estos aceptan para demostrar su punto, sin entrar en cuestión del canon. Lo mismo hace cuando habla de la muerte de Zacarías en 2 Crónicas 24. Por lo que este argumento no sirve para demostrar que Jesús o los Apóstoles creían que los deuterocanónicos no eran inspirados.

Y por otro lado, si alguien no acepta que el Zacarías al que se refiere Jesús es el 2 Crónicas 24, el argumento carece de importancia. Alguien, siguiendo al Protoevangelio de Santiago, podría decir que es el padre de Juan el Bautista.



Razón # 3: Jerónimo, traductor de la Vulgata latina, también rechazó a los apócrifos como Escritura inspirada.


Respuesta:

Y aquí entra la máxima de Santo Tomás:

“La costumbre de la Iglesia constituye una autoridad de gran peso y se la debe seguir siempre y en todo. Porque hasta la enseñanza misma de los grandes doctores de la Iglesia recibe de ella su peso de autoridad, y por esa razón hemos de atenernos más a la autoridad de la Iglesia que a la de San Agustín, San Jerónimo o de cualquier otro doctor” (Suma Teológica, II-II, 10, 12).


La postura de Jerónimo no era la de todos, porque Bernabé, Irineo, el fragmento Muratori, Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría, Julio Africano, Cipriano, Eusebio, Atanasio, Cirilo y Agustín citan como Escritura a algún u otro libros deuterocanónicos. Lo mismo el concilio de Éfeso, que cita como Escritura inspirada Eclesiástico 32,19. Por no ignorar los concilios locales de Roma, Laodicea, Hipona y Cartago.

http://shamelesspopery.com/why-not-66-answering-brian-edwards-arguments-for-the-protestant-canon-pt-ii/ 


Razón # 4: La práctica general de la Iglesia occidental, hasta el momento de la Reforma, fue la de seguir el juicio de Jerónimo al rechazar los apócrifos como Escritura inspirada.


Respuesta: Falso.

Aunque sí es cierto que los concilios de Hipona y Cartago eran locales y que no se definió dogmáticamente el canon hasta el concilio de Trento (o hasta el Concilio de Florencia podría decirse), la realidad es que se usaban constantemente los deuterocanónicos como inspirados. Cualquiera que lea la Suma Teológica puede darse cuenta cómo la usa Santo Tomás. Y eso a pesar de que el mismo Tomás cita a su vez constantemente la Glossa.

Además, los mismos concilios de Hipona y Cartago muestran que la idea más antigua de Occidente era considerar un canon con los deuterocanónicos, y que es con la influencia de San Jerónimo que se empieza a dudar de la canonicidad de estos.

Por lo que citar a autores como Jerónimo, Cayetano, San Gregorio o San Hugo no nos dice nada, porque hablaban en un contexto en donde había hasta ese momento libertad de opinión por no estar definida por la Iglesia la doctrina. Por eso San Dámaso, San Inocencio I, San Agustín, San Isidoro, Santo Tomás, Nicolás de Lira los aceptaban. Lo mismo el Concilio de Florencia, de 1442.

Por lo que, como dice Santo Tomás (hablando sobre otro tema, no sobre el canon):

“En ese sentido parece que se han dado disensiones entre algunos doctores, o sobre aspectos que de una manera u otra no afectan a la fe, o también sobre aspectos que concernían a la fe, pero que aún no estaban definidos por la Iglesia. Pero, una vez que quedaran definidos por la autoridad de la Iglesia universal, si alguien impugnara con pertinacia esa ordenación, sería tenido por hereje” (Suma Teológica, II-II, 11, 4).

Además, Cayetano no solo considera no inspirados los deuterocanónicos, sino también Hebreos, Santiago, 2 y 3 Juan y Judas.



Razón # 5: La Iglesia Católica Romana no canonizó oficial e infaliblemente a los Apócrifos sino hasta el 1546 en el Concilio de Trento.


Respuesta:

Eso más que una razón para rechazar los deuterocanónicos es una razón para aceptarlos, pues justamente la Iglesia tiene autoridad para definir el canon.

Pero sacando eso, el motivo #5 no sirve para determinar si los deuterocanónicos son inspirados o no. Como máximo nos muestra que antes existía libertad de opinión sobre este asunto (cosa que nadie niega). Pero no nos demuestra que debamos decidirnos por la opción de excluir a los deuterocanónicos y no por la contraria.



Razón # 6: Los apócrifos no pasan la prueba profética y, por lo tanto, no deben considerarse como Escritura.


Respuesta:

Los libros deuterocanónicos no son libros proféticos, sino sapiensales e históricos. Por lo que ese argumento no viene al caso.

Una cosa es que dejara de haber profetas que anunciaran públicamente oráculos explícitos de Dios; otra cosa es que Dios no volviera a inspirar a autores para escribir libros sagrados. 

Los que escriben libros sagrados ni siquiera necesitan ser conscientes de que son inspirados para serlo realmente. 

Como dice Santo Tomás:

“La mente del profeta es ilustrada por Dios de un doble modo: mediante una revelación expresa y mediante cierto instinto, que, a veces, recibe la mente humana sin saberlo, tal como dice San Agustín en II Super Gen. ad litt.. Por consiguiente, el profeta posee máxima certeza sobre cosas que conoce expresamente por el espíritu profético y está seguro de las que ha recibido por revelación divina (…) En cuanto a las cosas que conoce por instinto, a veces es incapaz de distinguir adecuadamente si las ha pensado por instinto divino o por su propio espíritu, puesto que no todo lo que conocemos por espíritu divino se nos manifiesta con certeza profética, porque ese instinto es algo imperfecto en el orden de la profecía” (Suma Teológica, II-II, 71, 5).

Además, la propia idea de que dejó de haber profetas o inspiración durante 400 años ni siquiera es bíblica, sino que se apoya en la tradición. Un poco paradójico viniendo de quienes quieren deducir toda la doctrina solo de la Escritura.

Al contrario, lo que enseña la Escritura es que Simeón y Ana eran profetas (Lucas 2,25-32.36), y la misma Virgen María también profetizó. Y a Zacarías también se le dio una revelación sobre el nacimiento de Juan (Lucas 1,13-17).

No solo eso, sino que Juan el Bautista también es parte de los profetas (Y en ningún momento se dice que entre Malaquías y el regreso de Elías no habría profetas) e incluso Juan Evangelista hace profetizar a Caifás por ser Sumo Sacerdote (Juan 11,51).

Y en Hebreos 1,1-2 (“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo”) no se dice que Dios cesó la profecía por un tiempo. Tampoco en Mateo 11,23.


Por otro lado, 1 Macabeos 4,46; 9,27 y 14,41 no demuestran que dejó de haber profetas. Justamente 4,46 y 14,41 presupone que pueden surgir profetas a los que hay que esperar (lo mismo en Esdras 2, 63 y Nehemías 7, 65).

No solo eso, sino que en el mismo 2 Macabeos 15,11-15 el propio Judas Macabeos, aunque no tiene una revelación profética, sí tiene una visión.

Además de que en otros libros del Antiguo Testamento se evidencia falta de profecía momentánea, pero no durante casi medio milenio:


Ezequiel 7,26: “Vendrá desastre tras desastre, noticia tras noticia: en vano se pedirá al profeta una visión, le faltará al sacerdote la ley, el consejo a los ancianos”.

 

Lamentaciones 2,9: “Sus puertas en tierra se han hundido, él ha deshecho y roto sus cerrojos; su rey y sus príncipes están entre las gentes; ya no hay ley, y tampoco sus profetas logran visiones del Señor”.

 

Proverbios 29,18: “Cuando no hay profetas el pueblo se relaja, dichoso el que guarda la ley”.

 

Salmos 74,7-9:

“Prendieron fuego a tu santuario, por tierra profanaron la mansión de tu nombre.

Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!» Quemaron en la tierra todo lugar de santa reunión.


No vemos nuestras enseñas, no existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo”.

1 Samuel 3,1: “Servía el niño Samuel a Yahveh a las órdenes de Elí; en aquel tiempo era rara la palabra del Señor, y no eran corrientes las visiones”.


Por lo que 1 Macabeos 9,27 no sirve como evidencia para unos 400 años de silencio de Dios hasta Juan el Bautista.

Además, los mismos protestantes que buscan apelar a las enseñanzas de los judíos sobre ciertos temas (porque este silencio de 400 años solo se desprende solamente de las enseñanzas judías extra-bíblicas) luego ignoran las enseñanzas de los judíos en las cosas que no les conviene. Así con respecto al mismo sufragio por los difuntos que se rechazan en esta publicación, los actos de caridad para borrar el pecado o la intercesión de los Santos.

Por no decir, además, que para los judíos el cese de la profecía se extiende a la actualidad, por lo que es permanente, y no de 400 años. La realidad es que no hay cese hasta la muerte del último Apóstol (y otra vez, esto tampoco se apoya en la misma Escritura sino en la tradición). Y si no es así, sería interesante que nos presentaran el testimonio de alguno de los Padres de la Iglesia que creyera en los 400 años del silencio de Dios.


Luego se citan las razones de Geisler y MacKenzie por las cuales los deuterocanónicos no pasan la prueba profética: 

“Primero, ningún libro apócrifo afirma haber sido escrito por un profeta”. 


Respuesta: Irrelevante, porque los libros sapiensales no suelen afirman eso. Tampoco los libros históricos como Samuel, Crónicas o Reyes. 

Los libros del Nuevo Testamento como los Evangelios, Hechos o las cartas católicas tampoco lo afirman.

Por lo que ese criterio no nos lleva a ningún lado.


“Segundo, no hay confirmación divina de ninguno de los escritores de libros apócrifos, como lo hay para los profetas que escribieron libros canónicos”.


¿Cómo demuestran que todos los libros de la Biblia que ustedes aceptan tienen confirmación divina, y los deuterocanónicos no?


“Tercero, no existe ni una sola profecía predictiva en los libros apócrifos como las que tenemos en los libros canónicos (por ejemplo, Isa. 53; Dan. 9; Mic. 5:2) lo que constituye una clara indicación de su autenticidad profética”


Otra vez confundiendo un libro profético con un libro sapiensal. De los únicos libros sapiensales de donde se sacan generalmente profecías en el N.T. es de Salmos, pero no los encontrará en Eclesiastés, Proverbios o Job. Ni siquiera en libros históricos como Josué, Jueces, Rut o Crónicas.

Pero ya que estamos, en Sabiduría 2 se dice que se va a matar al justo por haber afirmado ser Hijo de Dios, teniendo paralelo con Mateo 27,41-44.


“Cuarto, no hay ninguna afirmación mesiánica nueva en los apócrifos. Por lo tanto, no agrega nada a las verdades mesiánicas del Antiguo Testamento”. 


Si vamos con esas: ¿Qué nueva afirmación mesiánica agregan Eclesiastés, Proverbios, Job, Esdras, Nehemías? Y si no me falla la memoria, ninguna recuerdo de Josué, Jueces, Reyes y Crónicas.


“Quinto, incluso la comunidad judía reconoció que los dones proféticos habían cesado en Israel antes de que se escribieran los apócrifos”.


Incluso la comunidad judía helenística agregó libros a la Biblia, con la Septuaginta. Así que ese no es el pensamiento unánime de los judíos, como ya se dijo.

Por lo que: una cuestión no determinada por los judíos no se nos puede presentar como un dogma de fe.

Y además: por lo visto anteriormente es falso (o por lo menos: completamente especulativo) el que los dones proféticos habían cesado.


“En sexto lugar, los libros apócrifos nunca se incluyeron en la Biblia judía junto con los “Profetas” ni en ninguna otra sección. Ningún libro profético, posterior a los apócrifos, los cita”.


Con respecto a la primera oración: La Septuaginta en realidad muestra lo contrario.

Siguiendo la división tripartita de Ley, Profetas y Escritos, los libros sapiensales o históricos en general no pertenecen a los “Profetas”, sino a los “Escritos”. Y el mismo Talmud, Baba Kamma 92ª, pone a Eclesiástico como parte de los Ketubim o Escritos.

Con respecto a la segunda: ¿De qué manera va a haber libros proféticos posteriores a los apócrifos, si se está afirmando previamente que no existen libros proféticos posteriores a los apócrifos?




Razón # 7: Los apócrifos contienen errores históricos y doctrinales.


Respuesta:

Hablar de “errores doctrinales” es tomar la cola por la cabeza; porque ese argumento no sirve para nadie que no acepte previamente las doctrinas protestantes.

Para un cristiano con examen libre, que busca analizar cada doctrina individualmente y tomar las que considera verdaderas sin adherirse a ninguna denominación, puede creer en el purgatorio y la oración por los difuntos, y ni siquiera ser católico. Hasta podría ser anglicano. Por lo que ese argumento no le dice nada a menos que previamente rechace tales doctrinas.

Y además, tales doctrinas se pueden fundamentar en la Escritura igualmente excluyendo tales libros, porque en lo que enseñan no contradicen al resto de la Escritura.

Además, aunque antes hubiera quienes dudaran de la inspiración de los deuterocanónicos, sin embargo no dudaban de su ortodoxia. Por lo que ni siquiera personas como Jerónimo o Crisóstomo o Cayetano aceptarían este argumento para sostener su punto.



Concluye:

“Las siete razones anteriores forman un caso acumulado convincente….”



De hecho, no.

La razón 7 no es un motivo de peso. De hecho, no es una razón en absoluto para quien no niegue las doctrinas que le llama “erróneas”. La 5 tampoco es una razón de peso; lo mismo la 4 y 3.

Por lo que solo quedan las razones más o menos razonables de 1, 2 y 6.

Pero con la 2 de por sí es falso o es una media verdad.

La 1 alguien podría alegar que no le es vinculante la opinión de la mayoría de judíos sobre un asunto no definido doctrinalmente.

La 6 no se fundamenta en una doctrina vinculante, sino en la mera opinión de los judíos que se puede poner perfectamente en duda. Por lo que no es vinculante tampoco.


Por lo que resulta que al final nos termina quedando muy poco.